Yannick Jadot (Clacy-et-Thierret, Francia, 1967) es el único vencedor real en las elecciones europeas en Francia, si por vencer se entiende superar las expectativas y escalar posiciones respecto a comicios anteriores. Con estos criterios, este antiguo dirigente de la organización ecopacifista Greenpeace y eurodiputado desde hace diez años ganó el 26 de mayo con holgura. La lista que él encabezaba, Europea Ecología-Los Verdes (EELV), obtuvo un 13,5% de votos, casi el doble de lo que le auguraban los sondeos, y quedó en tercera posición, sólo por detrás de Renacimiento —la candidatura del presidente Emmanuel Macron— y el Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen.

El sorprendente éxito de Jadot, un activista veterano y un político experimentado, se explica por varios factores. Uno es el contexto internacional: una ola de concienciación ecológica, acompañada de una sensación de alarma, que en Francia y otros países ha situado el medioambiente en lo alto de la agenda política. En Francia no era EELV la única lista que llevaba la bandera medioambiental. Desde la izquierda populista de La Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon a Renacimiento, pasando por los comunistas y los socialistas, todos incluían en sus programas la lucha contra el cambio climático y otras medias de protección del medioambiente. Incluso el RN —nueva marca del viejo partido de extrema derecha Frente Nacional— postulaba su propia forma de ecologismo: el llamado localismo.

El factor Jadot puede haber tenido un papel en el resultado de los ecologistas franceses. Haber sido dirigente de la ONG Greenpeace le otorga credibilidad. Y su trayectoria como eurodiputado le permite exhibir un balance y hablar de los asuntos europeos con un conocimiento de causa del que otros candidatos carecían.

El éxito de Jadot tiene otra explicación. Hay un votante de izquierdas que se siente desorientado. Con los socialistas en un papel residual, este votante encontraba a Mélenchon demasiado radical —por antisistema y por euroescéptico— y a Macron —opción de muchos votantes de centroizquierda en las elecciones presidenciales de 2017— demasiado escorado al centroderecha liberal. Jadot, a la vez europeísta y crítico con los excesos del capitalismo, capaz de lanzar guiños al centroderecha y con indiscutibles credenciales ecologistas, apareció como la opción más práctica. El voto de EELV es generacional: en estas elecciones, el partido más votado entre los menores de 35 años, según datos el instituto Ipsos.

La ideología de Jadot es difícil de encasillar en los esquemas clásicos. En su libro Aujourd’hui tout commence! (¡Hoy todo empieza!), se atribuye la fórmula, que ha hecho fortuna con los chalecos amarillos, según la cual es posible “reconciliar a los que temen el fin del mundo y los que temen el fin de mes”. Es decir, lo ecológico y lo social. La crisis de los chalecos amarillos estalló como una revuelta contra el impuesto ecológico sobre el gasóleo que gravaba a las personas con menos ingresos.

A veces el líder verde parece sugerir que la idea de izquierda está superada, celebra la economía de libre mercado y carga contra los populistas. Y, al mismo tiempo, sentencia que “el tiempo de la resignación liberal ya ha durado demasiado”. “Jadot y los ecologistas políticos actuales se sitúan a la izquierda, pero rechazan el término porque quieren imponer la ecología como la fuerza alternativa”, dice Hervé Kempf, redactor jefe de Reporterre. El diario de la ecología.

A la izquierda

Jadot, un hijo de maestros cuya conciencia política nació repartiendo en los años setenta propaganda para el socialista François Mitterrand y después en las manifestaciones estudiantiles de 1986, es el último eslabón en una historia que empezó en 1974. Ese año, por primera vez, un candidato ecologista, el agrónomo René Dumont, se presentó a las elecciones presidenciales.

El periodista Arthur Nazaret, autor de Une histoire de l’écologie politique (Una historia de la ecología política), explica que buena parte de los años ochenta fueron los de un ecologismo ni-ni: ni de izquierdas ni de derechas. En los noventa, Los Verdes se convirtieron en partido de gobierno, al incorporarse como socio menor de la “izquierda plural” del primer ministro socialista Lionel Jospin. En 2009 llegó su mayor éxito en las urnas, aún no igualado: un 16,3% en las elecciones europeas. Varios integrantes de la candidatura se encuentran ahora en la órbita del macronismo, como el veterano de Mayo del 68, y buen amigo de Jadot, Daniel Cohn-Bendit.

“La apuesta para Yannick Jadot es conseguir inscribirse en el tiempo”, dice Nazaret. Es decir, evitar lo que ha ocurrido en otras ocasiones: que, después de un éxito en las europeas, ha caído en las siguientes elecciones. “La otra novedad es que, por primera vez, en un perímetro que va del PS a la izquierda radical de Mélenchon, EELV son los primeros”.

Jadot y su partido son la única fuerza que se mantiene en pie, y prospera, en el devastado espacio de la izquierda en Francia, aunque él recele de esa palabra. La alternativa, según este argumento, ya no es la izquierda. Es la ecología, la única nota disonante en un paisaje dominado por la batalla entre Macron y Le Pen.




Fuente: El Pais

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