A Orlando Ortega le fallaba un factor en la ecuación «Mens sana in corpore sano». El cuerpo sí, pero la cabeza… Sobre todo después de que en el Europeo en pista cubierta el pasado invierno, cuando parecía que podía ganar el oro en los 110 metros vallas, quedó cuarto. Y dijo: «Quiero desaparecer de este planeta». Entró en esa fase de frustración en el que por la mente llega a pasar eso de «lo dejo, se acabó». Y necesitaba reciclarse y por eso se marchó a Chipre para entrenar al lado del hombre que le había vencido, el chipriota Milan Trajkovic. Fue un empezar de nuevo, para que el cuerpo y la mente fueran a una en este Mundial que se está disputando en Doha. Ayer le tocó entrar en acción en las series de su prueba, que superó sin problemas y con el mejor tiempo de todos los que mañana disputarán las semifinales, y la final.

Impecable técnicamente, como siempre, no derribó ni un obstáculo e incluso pareció guardar algo de fuerzas cuando vio que se iba a clasificar sin muchos problemas. Todo en él son gestos de confianza y motivación. La cara antes del comienzo, la mano arriba al pasar la última línea, el saludo a los compañeros, el «vamos, vamos» mientras se dirigía a la zona en la que atiende a la prensa, y sus palabras. «Me he sentido muy bien. He notado que es una pista bastante rápida. Salí a dar lo mejor de mí, a aprovechar esta primera carrera para saber cómo estaba, porque estaba un poco ansioso de empezar a competir. Necesitaba ese disparo de salida», comentó después en los micrófonos de Teledeporte. Sólo ha hecho la primera parte de un trabajo dividido en tres en una carrera con muchos rivales buenos y que no suele perdonar el más mínimo fallo. El estadounidense Daniel Roberts, uno de sus grandes rivales y el atleta que llegaba con la segunda mejor marca del año, fue descalificado por tocar la valla de un rival. «Estoy seguro de que para ganar el oro habrá que bajar de los trece segundos», prevé Ortega. Ya lo ha logrado cuando competía con Cuba, como español nunca. Pero su mente limpia en estos momentos puede ayudar a su cuerpo a lograrlo.




Fuente: La Razón

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