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Xavier Roig aporta luz al desconocimiento occidental de Rusia

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Algo que no me había pasado nunca es que llegara a un país y que fuera distinto de como me esperaba. Cuando llegué a Rusia, lo único que coincidió con mis expectativas fue el clima, pero la gente y el comportamiento general del país me sorprendieron mucho. Contrastándolo con otros expatriados que vivían allí, coincidimos en que cuando cuentas que es tan diferente a las expectativas, nadie se lo cree. Eso es lo que me motivó a escribir este libro”. Xavier Roig se refiere a su ensayo L’enigma rus
( La Campana).

Roig (Barcelona, 1957) ha centrado su actividad profesional en el ámbito de las nuevas tecnologías y ha trabajado por todo el mundo como director de empresas multinacionales. Ahora presenta este ensayo de estilo personal sobre su visión de Rusia, un país desconocido para el mundo occidental y que él intenta explicar porque cree que el acercamiento entre la Unión Europea y Rusia sería beneficioso para todas las partes.





El autor no niega que siente una cierta admiración por Rusia: “Una admiración que no tenía. Creo que es importante tratar este desconocimiento, y eso es lo que intento con este libro”. La tesis de L’enigma rus es que, si mirásemos a Rusia con otros ojos, las cosas podrían ir mejor para todos: “Es un poco lo que dice el politólogo Andréi Grachov en el prólogo: Si Europa prescinde de Rusia, pierde algo de su alma. Desde que llegó Pedro el Grande, en los siglos XVII y XVIII, Rusia ha vivido mirando a Europa, y ellos son europeos”. En cambio, en Occidente tienen mala imagen: “Los que vienen aquí son los oligarcas y la gente rica, pero la clase media rusa estaría encantada de ser euro­pea. Ganaríamos todos, porque Asia ve a Rusia como la puerta asiática en Europa, y al revés”.


“A Rusia le interesa más un mundo multipolar que bipolar, porque sabe que a dos no gana”

Como no deja de ser un gigante, da la sensación de que, si entrara en la Unión Europea, provocaría un desequilibrio: “Esta idea proviene de la época de la guerra fría. De hecho no es un país grande, son 144 millones, como los habitantes de Francia y Alemania juntos, pero sí es un país enorme, el mayor del mundo, una sexta parte de la tierra que está fuera del agua, y, claro, gobernarlo no es fácil, se necesitan unos recursos enormes”, razona Roig. “Hablando con la gente de allí, dicen que es demasiado grande para ser miembro de un club y demasiado pequeña para no serlo. Del mundo bipolar hemos pasado a un mundo multipolar, que es el que interesa a Rusia, porque sabe que a dos no gana”, afirma.





“No digo que tenga que formar parte de la Unión Europea, no es necesario que se integre, pero sí debería tener un trato de Estado asociado, con unas relaciones preferentes. Pero eso son cosas que afectan a las cuestiones personales, y por eso seguramente habrá que esperar a que llegue alguien después de Putin, con una nueva generación”.

Algunas voces han dicho que el libro es pro-Putin, y Roig lo aclara de inmediato: “No es pro-Putin, sino pro-Rusia: en los años noventa Putin eliminó las mafias y acabó con el caos, y fue muy importante. Lo que pasa es que están solos y no hay casi oposición política, y tampoco tienen el apoyo de otros países para sacar adelante las reformas necesarias, como sí pasa en la UE, que unos países empujan a otros en el camino de la democracia, aunque en casos como España no se acaba nunca”.

El libro aporta un dato sorprendente a los ojos occidentales: el dato de los muertos en la Segunda Guerra Mundial por países. Murieron 300.000 ingleses, 400.000 norteamericanos y 25 millones de rusos. “Exacto, ellos consideran que ganaron esa guerra, y nosotros, en cambio, tenemos una percepción muy distinta, porque el mundo no soviético lo ha ido olvidando”, afirma.





“Hemos olvidado su lucha firme contra el fascismo. Nosotros hemos producido nuestras películas, y ellos han producido las suyas. Nosotros no nos enteramos de lo que ellos hacen, pero ellos sí –continúa–, porque la lengua es un gran handicap. Todos los jó­venes saben inglés, lo que crea grandes desequilibrios. Es un poco lo que nos pasa a los catalanes, que entendemos dos idiomas, y también les pasa un poco a los alemanes”.

De ahí la necesidad de descifrar L’enigma rus.








Fuente: LA Vanguardia