Woody Allen guarda con celo los secretos. No suele desvelar detalles de los trabajos que tiene en marcha. Resguardado en su apariencia tímida y quebradiza, el cineasta neoyorquino se ha presentado hoy serio y comedido al hablar de su próxima película, una comedia romántica que rodará desde este miércoles en San Sebastián y sus alrededores durante las próximas siete semanas. El proyecto cinematográfico que dirige lleva por título El festival de Rifkin, aún provisional, y narra las andanzas cómicas y románticas de un matrimonio de EE UU durante el Festival Internacional de Cine donostiarra. El director pretende con esta cinta dedicarle «un homenaje al cine», a los festivales que han hecho conocidas las películas de grandes directores. Y, de paso, también quiere dar protagonismo a una ciudad que le está dando las facilidades que no encuentra en su país: » Quiero presentar al mundo mi visión de San Sebastián, como hice en su momento con Nueva York».

Allen ha vuelto a hacer gala de su fama de hombre reservado y apocado. Ante las cámaras apenas ha levantado la mirada del suelo, aunque después no ha rehusado ninguna pregunta de los periodistas, incluidas las referidas a la campaña abierta en EE UU contra él tras las denuncias por abuso sexual de su hija adoptiva Dylan Farrow cuando era menor de edad, acusaciones de las que ha sido investigado y exculpado por los tribunales.»No pienso en movimientos políticos y sociales. No estoy equipado mentalmente para tener una visión profunda de esos conflictos. Yo trato de relaciones humanas, de la gente, de la comedia», ha dicho para referirse al movimiento #MeToo que pide vetar al cineasta estadounidense.

En su país, las editoriales están rechazando publicar sus memorias y las distribuidoras se resisten a exhibir sus películas. Allen ha confesado que estas dificultades no van a conseguir que él baje los brazos y anuncie su retirada: «No he pensado en jubilarme, nunca. Mi filosofía siempre ha sido que no importa lo que ocurra en la vida. Solo me centro en trabajar. Quizás me muera en un plató, rodando».

Lejos del ruido, Allen se recluirá este verano en San Sebastián para grabar su último proyecto, producido por Mediapro Studio —la cuarta película con la compañía que preside Jaume Roures tras Medianoche en París, Conocerás al hombre de tus sueños y Vicky Cristina Barcelona—, y con un elenco formado Elena Anaya, Gina Gershon, Sergi López, Wally Shawn, Christoph Waltz y Louis Garrel. «No me gusta irme de Nueva York durante mucho tiempo y tuve que pensar en un lugar donde podía estar bien y cómodo. Recordé haber estado en San Sebastián dos o tres veces durante el festival y recuerdo que es una ciudad hermosísima y con un encanto especial», ha comentado el cineasta, galardonado con el Premio Donostia en 2004.

Woody Allen, junto a los actores Sergi López, Gina Gershon, Elena Anaya y Wally Shawn, y el productor Jaume Roures. J. HERNÁNDEZ

Cuando se anunció que iba a rodar en la capital guipuzcoana entre el 10 de julio y el 23 de agosto y se rumoreó que durante la filmación iba a ocupar la playa de La Concha se formó un revuelo notable. ¿Cerrar la joya de la ciudad para un rodaje de Woody Allen?, se extrañaban muchos ciudadanos, algunos indignados con los privilegios que se le iban a conceder al cineasta. El debate no ha llegado a tomar cuerpo. EH Bildu ha sido la única voz que públicamente le ha dado la espalda, al renunciar a asistir hoy al recibimiento oficial que el Ayuntamiento donostiarra ha ofrecido al director y parte de su equipo.

El alcalde Eneko Goia ha zanjado estos días el debate al asegurar que el cierre de la cuarta mejor playa de Europa iba a ser «parcial» y que las afecciones van a ser «limitadas». Roures, que ha eludido dar datos del presupuesto de la película, ha señalado que se aprovecharán «días como hoy [nublados] con poca gente en la playa» para molestar lo menos posible a los bañistas. Allen, amante e instrumentista de jazz, aprovechará su estancia en la ciudad para seguir de cerca el Jazzaldia donostiarra, entre el 24 y el 29 de julio.

El festival de Rifkin, que se estrenará en 2020 tras unos 10 meses de trabajo de posproducción tras el rodaje, mostrará escenas del centro de la ciudad y la Parte Vieja: «Voy a filmar por toda la ciudad y por zonas de bosque que no están lejos del centro. El mar va a tener un papel especial. ¡Hay tanto para ver! Quiero presentar al mundo mi visión de San Sebastián», ha dicho en la presentación del filme. Las cámaras se desplazarán a otros exteriores con encanto, como el distrito de San Juan, en Pasaia, o la playa de Itzurun, en Zumaia, donde también se grabaron planos para la última temporada de Juego de Tronos.

La belleza del paisaje costero guipuzcoano envolverá una historia centrada en la importancia que los festivales suponen para socializar el cine. La película de Allen incidirá en ello, con un toque crítico, según ha desvelado: «No me gusta la dirección que toman los festivales que son una pasarela de estrellas rutilantes. Tienen que dar una oportunidad real a los nuevos actores y directores, y representar la forma más elevada del cine como arte».

Los actores y actrices del reparto no han dado ninguna pista del guion. Elena Anaya, a quien Allen conoció en La piel que habito, de Pedro Almodóvar, ha asegurado que aceptó «sin dudarlo» trabajar con el director estadounidense pese al boicot feminista contra él: «Creo en la vida y en la justicia. Elijo los proyectos por los compañeros, el director y por el guion», ha comentado tras descatar a Allen como «un ser entrañable, un genio y una leyenda».

Otro tanto ha afirmado Gershon tras referirse a EE UU como un país que vive «una locura» y «tiempos salvajes» donde existe «mucha rivalidad»: «Soy muy consciente de la lucha de la mujer y estoy encantada de estar participando en esta película. Hay muchas cosas buenas que están saliendo de esos movimientos», ha dicho al aludir a MeToo, «pero es importante que haya discernimiento y que la gente tome decisiones propias».




Fuente: El país

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