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Vuelve el sello Valverde

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A menos de tres meses de la final de la Champions, hay un elemento que denota que el Barcelona se ha puesto serio. Ha encajado sólo dos goles en 540 minutos. En los últimos seis partidos, sólo el Sevilla, con dos contragolpes, ha sido capaz de batir al Barça. Y cinco de esos encuentros tenían mucha miga pues eran a domicilio. ¡Y vaya desplazamientos!: San Mamés, el Groupama Stadium de Lyon, el Sánchez Pizjuán y dos visitas consecutivas al Santiago Bernabeu.

Si existe un sello Valverde desde que llegó al banquillo del Barcelona es precisamente esa capacidad para no sufrir cuando el equipo debe defenderse. No lo pasa mal cerca de Ter Stegen. Al contrario. Con el Txingurri, el Barcelona ha aprendido a juntarse, a ser solidario y a estar cómodo cuando se encierra y se planta con dos líneas de cuatro.






En el último mes

El técnico ha recuperado el equilibrio de la temporada pasada que perdió al probar con Coutinho de interior

Aunque la idea primigenia fue de Luis Enrique, Ernesto Valverde ha dotado al Barça de un sistema de ayudas para protegerse y en 101 partidos sólo el Madrid, el Roma, el Levante y el Betis le han marcado más de dos goles.

Y todo gracias o por culpa de Neymar. A once días del inicio oficial de su primera temporada en el Barcelona, Ernesto Valverde perdió al delantero brasileño, que se fugó al PSG. El tridente, autor de 354 goles, fue la seña de identidad del trienio de Luis Enrique pero también había empezado a condicionar el juego, cada vez más vertical y vertiginoso. Nada más llegar, Valverde se quedó sin un crack mundial, pero esa pérdida, y la clara doble derrota en la Supercopa contra el Madrid, le permitió replegar al equipo y refugiarse en el 4-4-2 que aún utiliza ahora para cerrarse cuando no tiene el balón y no sufrir sin la posesión, un viejo dolor de cabeza.


La temporada pasada el Barcelona dejó la portería a cero en más de la mitad de los 59 partidos que jugó

El Barça siempre quiere dominar y vivir en campo contrario pero ya sabe vivir (y no sólo sobrevivir) cuando le obligan a retroceder. Quizás puede ser un poco más aburrido pero es mucho más fiable.

Al principio de esta temporada, la segunda de Valverde, el técnico arriesgó con Coutinho de interior izquierdo –la posición que Iniesta dejó vacante– pero con el brasileño y Dembélé en la misma banda perdía ese equilibrio que tan bien le funcionó.

La temporada pasada el Barcelona dejó la portería a cero en más de la mitad de los 59 partidos que jugó. Exactamente fueron 32 encuentros en los que Ter Stegen (25) y Cillessen (7) no recogieron un balón del interior de su red.





Esta temporada la solidez se resintió pero en el último mes ha corregido errores y se ha regresado al sello Valverde con cinco clean sheets y ya son 17 partidos sin
encajar (15 de su portero alemán y 2 del suplente holandés) de los 42 disputados.

Uno de los que mejor representa esta mejoría es Sergi Roberto, de nuevo rayando a un nivel altísimo en un clásico. El de Reus tiene la virtud de rendir en varias posiciones. Jugó el clásico de la Copa de interior, como ya había hecho en Lyon en la Champions, y el de la Liga de lateral derecho.

Y el sábado fue decisivo tanto en defensa, frenando a Vinícius –con la basculación de Rakitic para taparle por dentro y con Piqué al rescate en la emergencia–, como en ataque, dando la asistencia en el 0-1, su ¡sexto! pase de gol contra los blancos.

Sergi Roberto reapareció de su última lesión el 6 de enero y desde entonces sólo se ha perdido un partido de los 16 del 2019 (curiosamente la ida de la Copa contra el Madrid) en los que ha jugado incluso de lateral zurdo en el campo del Levante sustituyendo a Miranda o contra el Valencia en la primera parte. A sus 27 años, sin ser un especialista compite por el puesto de 2 con Semedo, que es un prodigio físico, porque entiende mejor el juego de posición y posesión. De hecho, con Sergi Roberto en el campo, que entró en el Pizjuan el descanso cuando el Sevilla ganaba 1-2, no se ha recibido ningún gol en los seis partidos en los que se ha recuperado el sello Valverde.








Fuente: LA Vanguardia

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