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Vuelve a salir el sol


En apenas dos meses hemos vivido en el sector fotovoltaico un auténtico tsunami de cambios que nos han permitido volver a sonreír con un optimismo que ya pensábamos perdido. A pesar de la constatación – vivida en 2017 – de que la fotovoltaica era competitiva, el sector luchaba contra una política energética extremadamente conservadora que tiraba de las riendas de una tecnología que está llamada a marcar una época.

El pasado mes de junio tuve la oportunidad de vivir dos de las ferias más relevantes para el sector solar. Por un lado, Genera, la feria nacional de la energía y el medioambiente, que poco a poco va recuperando el esplendor de años anteriores. Tanto en los visitantes como en los expositores podía palparse la esperanza de un cambio de ciclo. Un cambio de ciclo político, por supuesto, al recibir la Feria la visita de la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera; y un cambio de ciclo económico, al ser ya conscientes de que la tecnología solar, que ya era renovable, limpia, autóctona, modular y de fácil integración arquitectónica, por fin es hoy competitiva en precios.

Genera cedía el testigo en breve espacio de tiempo a Intersolar, la feria más importante del sector. Año tras año, mis visitas a esta feria alemana han constatado la presencia internacional de nuestras compañías. Esta presencia de nuestras empresas fuera de nuestras fronteras, exportando bienes y servicios a todo el mundo, es la constatación de que algo se mueve para bien, dentro de nuestro sector.

La (r)evolución de la fotovoltaica

En el sector esperamos la prometida Ley de Cambio Climático y Transición Energética para aprovechar todo el potencial que la fotovoltaica tiene en España, bien llamado el país del sol. Es cierto que las subastas de renovables celebradas el año pasado, han sido sin duda un gran estímulo para el sector renovable, especialmente para eólica y fotovoltaica. Pero para hacer honor a la verdad, el discurso sobre renovables del anterior gobierno, se movía entre lo frío y lo templado.

Nos hemos visto obligados a escuchar frases poco afortunadas del anterior ministro refiriéndose como “cazadores de primas” a los productores de renovables o “depredadores del sistema eléctrico” a los auto consumidores. A pesar del discurso oficial, frases tan elocuentes dejaban a las claras que el señor Nadal no era el más partidario de acometer la transición energética. Está claro que el diablo está en los detalles.

Gracias a esta férrea determinación de evitar el cambio en el sistema energético, nuestro país ha pasado de ser pionero en el sector fotovoltaico a ser irrelevantes a escala internacional. El desarrollo solar fue abrupto y habría sido mejor que la instalación de potencia fuera consistente en el tiempo. Pero, para ello, es necesario contar con planificaciones a largo plazo y un consenso mínimo que evite los vaivenes a los que los cambios de gobierno nos someten.

En el mundo, se instalaron en 2017 94 GW de energía solar (según datos de IRENA). Si hubiéramos tenido una planificación a medio y largo plazo y ese consenso, nuestras empresas habrían sido capaces de liderar esta transición. Contábamos con industria, profesionales y una experiencia en integración envidiable a nivel internacional. Sin embargo, hoy luchamos por volver a levantarnos tras una moratoria que duró demasiado tiempo.

Nuevas perspectivas del sector

Inmersos en esta situación en la que nos encontrábamos, un cambio inesperado en el guion. La moción de censura que provocó el cambio de gobierno, ha venido como una bocanada de aire fresco a la industria renovable, especialmente a la eólica y a la fotovoltaica con la creación del nuevo Ministerio capitaneado por la afable y experimentada Teresa Ribera. Por supuesto, Los dos secretarios de Estado que nos afectan, Hugo Morán en Medio Ambiente y José Domínguez Abascal en Energía conforman un buen apoyo para dar a las renovables el verdadero impulso que necesitan para cumplir los objetivos europeos.

No es el momento de lanzar las campanas al vuelo, porque si bien es indudable que la voluntad del nuevo gobierno da un giro de 180 grados a la transición energética, la debilidad parlamentaria del gobierno de Sánchez frenará algunas de las posibles iniciativas parlamentarias. Lo que desde luego debemos celebrar, es el cambio trascendental de España respecto a la nueva directiva de renovables de la UE y sobre el auto consumo. El borrador de Real Decreto de acceso y conexión en el que ya venía trabajando el anterior gobierno y que sustituirá entre otros al veterano RD 1955/2000, dará también un nuevo impulso al sector. Red Eléctrica prevé la conexión de 14.631 MW de FV en los próximos años y será fundamental que el nuevo texto normativo regule convenientemente para la adaptación a un sistema eléctrico con gran penetración de renovables.

Estoy seguro de que todo lo que no dependa de la iniciativa parlamentaria, será bueno para el sector. El cronómetro corre en nuestra contra para los objetivos de 2020 pero, con la nueva actitud del gobierno, nuestras empresas de renovables ya han demostrado dentro y fuera de nuestras fronteras que son capaces de hacer los deberes para sacar matrícula de honor.

Esa experiencia y esa reducción de costes no habría sido posible sin el esfuerzo de todos. Si hoy los costes de instalación de la fotovoltaica son un 80% menores que hace una década, es gracias a los sistemas de apoyo recibidos en todo el mundo. Pero no debemos olvidar nunca la razón de ser de los sistemas de apoyo…

Las primas a las renovables siempre tuvieron su razón de ser en la compensación por los costes evitados al competir con otras tecnologías que necesitaban externalizar sus costes. Esta última situación no ha cambiado, pero los apoyos a las energías limpias se han ido reduciendo progresivamente sin que mengue la inversión mundial en el sector. Hoy los famosos PPA parecen la evolución natural del sector para que la nueva potencia instalada prescinda de los sistemas de ayuda regulados, abriendo una nueva ventana al crecimiento en nuestro mercado sin el miedo a la inestabilidad regulatoria. En este sentido, los laudos arbitrales parecen estar favoreciendo a los demandantes como síntoma claro de una regulación improvisada e injusta.

Por primera vez en años, podemos irnos de vacaciones y presumir de nuevo por trabajar en un sector moderno, que genera empleo, que reduce nuestra dependencia energética y que no sólo genera beneficio en la cuenta de resultados de nuestras empresas, sino en nuestro medio ambiente y en la lucha contra el cambio climático. Este verano, por fin, vuelve a salir el sol.




Fuente: La Razón

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