Dilema inminente: ¿figurará la extrema derecha en la Mesa del Congreso? Aritméticamente solo puede acceder a este órgano clave, que marca la agenda política, si el Partido Popular le vota. ¿Qué hará? Ya sabemos que el PP gobierna Andalucía, y Madrid, y Murcia gracias a su pacto con Vox.

Pero desde que sucedió eso, han ocurrido cosas peores, que indican cómo el partido ultra se ha vuelto, si cabe, más ultra: ahí está la designación a dedo de los dos nuevos jefes del partido en Cataluña. Ambos militaron en el partido xenófobo y racista Plataforma per Catalunya, liderado por Josep Anglada —conmilitón de Blas Piñar, condenado por violento y expulsado por líos de dinero—, que acogía a simpatizantes confesos de Adolf Hitler.

También han sucedido cosas muy buenas en la derecha europea. Como la elección del expresidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, como presidente del PPE. Tusk arremetió en el congreso de Zagreb de este partido contra el programa parafascista de Viktor Orbán: “Tenemos que ser muy decididos en la lucha contra este tipo de ideas” iliberales del primer ministro húngaro, afirmó, solemne.

Claro y directo, Tusk reconoció que la democracia cristiana debe decidir si mantiene la suspensión, expulsa o valida a sus socios húngaros de Fidesz, tras un debate sobre el cordón sanitario contra los ultras como el que practican alemanes, franceses, suecos o finlandeses: “Me gustaría que lo termináramos lo más rápido posible con una conclusión obvia: no sacrificaremos valores como las libertades cívicas, el Estado de derecho y la decencia en la vida pública en el altar de la seguridad y el orden”, concluyó. Ojalá la derecha democrática venza a quienes quieren vender su alma por conservar consigo los 13 escaños de Orbán en Estrasburgo. Como la vendió Josemari Aznar a Berlusconi.

Si Pablo Casado sintoniza en la práctica con lo que él mismo afirmó en Zagreb, atacando a los xenófobos de Vox por racistas y “negacionistas de la ideología de género”, podremos aspirar a disfrutar de una derecha como la alemana. Y de una Mesa del Congreso decente, sin ultras. Pero no si obedece al patrocinador de los pactos con Vox, Aznar, que promociona un acuerdo de “constitucionalistas” excluyendo al vencedor de las elecciones.Él, tan constitucionalista que bendijo la “abstención beligerante” contra la Constitución” (La Nueva Rioja, 23/2/1979) y que se vanaglorió de “militar al lado de los falangistas” (SP, 1/7/1969) como militante del fascista Frente de Estudiantes Sindicalistas.

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Fuente: El Pais

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