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Vivir en la hipérbole


Pablo Casado dedicó 21 descalificaciones a Pedro Sánchez por la posibilidad de que el Gobierno aceptara la figura de un “relator” en el diálogo con Catalunya y la derecha española se manifestó
este domingo en la madrileña plaza de Colón. El líder popular consideraba una “descripción” y no insultos sus palabras hacia el jefe del Ejecutivo. Todo ello responde a una lógica de “exageraciones” e “hipérboles” en un “contexto preelectoral” que reducen el contexto favorable al diálogo y en la que se ve inmersa la mayoría del arco parlamentario, según los expertos consultados.

“El ruido y la hipérbole son enemigos de la reforma. Si estamos en una lógica de escalada en la que se niega la legitimidad del adversario y no la de su propuesta se entra en una dinámica en la que es imposible discutir de temas de fondo. Cualquier cambio requiere sentarse y discutir de forma ponderada pros y contras”, apunta el politólogo Pablo Simón, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de El príncipe moderno. Democracia, política y poder (Debate, 2018). Advierte que esa tendencia puede ser “contraproducente para enmarcar fenómenos en el debate público”. “Si lo que ha hecho Sánchez es una traición a España o un golpe de Estado, cómo vamos a calificarlo si hay uno de verdad?”, se pregunta. “Perdemos los valores de referencia porque todo es excesivo”, lamenta.






Si estamos en una lógica de escalada en la que se niega la legitimidad del adversario y no la de su propuesta se entra en una dinámica en la que es imposible discutir de temas de fondo”



Enmarca lo acontecido el fin de semana en una “competición electoral” en la derecha y contra el PSOE, que a su juicio, “tiene sectores que quieren más autogobierno y otros que quieren menos”, y la pugna “por marcar la agenda” ante la gran pregunta: “¿sobre qué versarán las elecciones de mayo, el tema social o el tema territorial?”. Apunta que la cuestión territorial puede ser “el principal vector de crecimiento” en las próximas elecciones.

En ese sentido, Beatriz Gallardo-Paúls, catedrática de Lingüística y autora de Tiempos de hipérbole. Inestabilidad e interferencias en el discurso político (Tirant humanidades, 2018), señala que hay una “mercantilización” del discurso en el que “la moneda de cambio es el voto”. Aunque es un fenómeno común en todas las formaciones y que han usado Pablo Iglesias o Albert Rivera, la autora ve “sorprendente” la intensidad en el caso del PP de los últimos meses. Ahí, Simón cree clave la lucha por la primera posición en la derecha de cara a la futura formación de gobierno.

“Estamos desplazando el discurso y falseando la realidad. A así se bloquea el diálogo y se impide la deliberación porque se saca de quicio y de los goznes el ámbito normal de la discusión. Se activan emociones negativas y de paso se eclipsan otros temas”, dice Gallardo-Paúls, que señala que Podemos ha usado también esas lógicas en el pasado con palabras como “casta” o los “sobres” y Simón pone como “ejemplo provocativo” hablar de “terrorismo machista” al no haber “una acción concertada ni un grupo de hombres organizado para matar mujeres por motivos políticos, como sería un grupo terrorista”.






Estamos desplazando el discurso y falseando la realidad. A así se bloquea el diálogo y se impide la deliberación



Se “potencia un discurso agonístico que busca la polarización hiperbólica y adscribe la política al marco -frame- del conflicto” recoge Gallardo-Paúls en su libro y añade que “el espectáculo se ilumina con matices emotivos que pueden adoptar un tono positivo de sonrisas y corazones pero que tienden más a la expresividad negativa del insulto, el linchamiento y la censura”. “Cuando se usa un lenguaje tan valorativo y emocional se entra en un discurso normativo sentimental. Se señala qué es correcto sentir”, explica en conversación telefónica.

En el Tiempo Pervertido. Derecha e izquierda en el siglo XXI (Akal, 2018), Esteban Hernández explica que los partidos mayoritarios en Occidente, al coincidir en buena parte del ideario económico en las últimas décadas, han acentuado sus diferencias culturales o simbólicas. “En cuanto a lo discursivo, el principal instrumento con el que conseguían sus diferencias se visualizasen, ambos apostaron por radicalizar las cuestiones culturales, ya que eran un terreno donde el eje conservador/progresista continuaba teniendo un peso específico y en el que era posible acentuar el componente simbólico”, señala. “Cuanto más de acuerdo estaban en los asuntos económicos, más tensión provocaban en lo simbólico”, apunta sobre el caso de España, en el que destaca “la escasa tolerancia con los nacionalismos periféricos” en el caso de la derecha.





Pero ese discurso emocional y exagerado no es algo nuevo, si bien la tecnología lo ha catalizado. Gallardo-Paúls explica que La tragedia de Julio César de Shakespeare está llena de “chantaje emocional” y el historiador Francisco Sevillano, profesor de la Universidad de Alicante, en Guerra de palabras. El discurso político de la derecha en las elecciones de febrero de 1936 analiza cómo en la II República “el lengua había apelado a las emociones para legitimar y conseguir apoyos políticos en la competencia política” y cómo se exageró todo lo referente a la Revolución de Octubre 1934 por parte de la derecha antes de las elecciones de 1936.

La psicóloga Mireia Cabero, profesora de la UOC e impulsora de Cultura Emocional Pública, apunta que en el ámbito político parece que “no sólo hay que defender la postura propia sino que hay que destruir al adversario” y ve en esa lógica a todos los actores políticos. Considera que “intentar hundir al otro más allá de defender lo propio” es “una perversión”. “A esa tendencia no escapa ni el constitucionalismo ni el independentismo”, señala. Sobre ello el político liberal canadiense y profesor universitario Michael Ignatieff escribió en
The New York Times
hace unos años que “para que las democracias funcionen los políticos tienen que respetar las diferencias entre un enemigo y un adversario”. “Un adversario es alguien a quien quieres derrotar. Un enemigo es alguien a quien tienes que destruir”, matizaba.






Los políticos son generadores de climas emocionales que influyen en nuestras decisiones y tienen impacto en el civismo y la convivencia”



Cabero afirma que este tipo de emociones son “hiperreactivas” y también ve detrás “una intencionalidad muy clara”, las elecciones de mayo. “Los políticos son generadores de climas emocionales que influyen en nuestras decisiones y tienen impacto en el civismo y la convivencia”, añade Cabero, que pide más responsabilidad a los actores públicos. “A la política se le debería exigir excelencia y ejemplaridad en el savoir faire y vemos gestos y escenas que comunican lo contrario por la necesidad de destruir, deslegitimar y ridiculizar todo lo que salga por la boca de un adversario”, lamenta.

“Los climas emocionales generadores de confrontación y odio llevan a la calle confrontación. Lo peor es que hay un conjunto de asesores que apuestan por generar ese clima. No miran a la ciudadanía, la convivencia y el civismo sino a los resultados y el mayor rendimiento a cualquier precio”, concluye, en la línea de Gallardo-Paúls, se queja de que “no se hable del bien común” y sólo se lucha por el voto.








Fuente: LA Vanguardia

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