Portada

Vivir con el agua en los tobillos en las islas filipinas que los lugareños no quieren abandonar


En las clases de Agnes Bulilan, a los estudiantes les cuesta fijarse en lo que hay en la pizarra. “Cada vez que enseño y hay marea alta, la atención de los niños no está aquí, está en el mar…. Ellos te miran, pero realmente están jugando con los pies en el agua”, asegura en medio de su aula de primaria, en la que el líquido elemento le cubre las pantorrillas. “Estaría bien si solo fueran peces, pero los desechos humanos también entran en la clase”, añade. Pese a ello, las clases no se cancelan en esta escuela de primaria de la isla de Bilangbilangan: las inundaciones forman parte de la rutina diaria y hacerlo supondría tener que cerrar el centro.





En octubre de 2013, un terremoto de 7,2 grados sacudió la provincia de Bohol, en Filipinas, provocando el hundimiento de hasta un metro de tierra en algunas de sus pequeñas comunidades insulares. Desde entonces, varias de estas islas experimentan inundaciones parciales o completas durante las subidas de la marea, lo que lleva a sus habitantes a pasar, literalmente, varias horas al día con el agua en los tobillos. Pese a ello, sus pobladores tratan de seguir con sus vidas, mientras que los científicos
examinan los impactos
ambientales, sociales y económicos que este tipo de fenómenos puede tener sobre los ecosistemas amenazados por el aumento del nivel del mar que viene de la mano del calentamiento global.

Eso es precisamente lo que está haciendo un equipo de la Universidad de Tokio liderado por Laurice Jamero y Miguel Esteban. De acuerdo con su investigación, el hecho de que estos isleños hayan decidido quedarse en sus hogares pese a las continuas inundaciones cuestiona hasta qué punto el calentamiento global provocará una migración masiva a medida que aumenta el nivel del mar.


Inundaciones parciales

En octubre de 2013, un terremoto de 7,2 grados sacudió la provincia de Bohol, en Filipinas, provocando el hundimiento de hasta un metro de tierra en algunas de sus pequeñas comunidades insulares

Es el caso de Maria Saavedra, una vecina de la isla de Ubay cuyos esfuerzos por adaptarse han sido recogidos, al igual que el de Bulilan y otros, en el documental Racing the King Tide. “Me gusta mucho estar en la isla porque es tranquila”, asegura sentada en una habitación de su casa con el suelo cubierto de agua. “Podemos comprar pescado fresco y recoger conchas marinas. Podemos venderlo de inmediato para comprar arroz. Cocinamos, comemos y luego nos vamos a dormir. Aquí es donde queremos morir. Realmente nos gusta este lugar”, afirma ante la cámara.





Cuando estas islas comenzaron a inundarse de manera regular y predecible, el gobierno municipal de Tubigon lanzó un programa de reubicación que ofrecía construir casa permanentes para estas comunidades de pescadores en la isla de Bohol, la más grande de la zona. Sin embargo, la mayoría de ellos ha optado por seguir en sus hogares, a los que se sienten muy conectados por razones económicas, de cohesión social y de identidad.

Poco a poco, han logrado seguir con sus vidas. Los animales domésticos han sido trasladados a plataformas hechas de bambú; las mochilas de los escolares nunca se dejan en el suelo; y en la casas, los muebles se han modificado añadiéndoles patas más largas mientras que los fuegos para cocinar al aire libre se han levantado sobre andamios especialmente diseñados.

Aún así, las dificultades abundan. El agua salada mata los huertos y es difícil encontrar verduras o frutas frescas, que tienen que ser traídas de las islas principales de Cebú y Bohol. También escasea el agua dulce. Los isleños beben agua purificada y dependen del agua de lluvia para sus hogares, pero a menudo se acaba y deben recibir suministros de fuera.


Investigación

Sus pobladores tratan de seguir con sus vidas, mientras que los científicos
examinan los impactos
ambientales, sociales y económicos






Para Jamero, el discurso dominante en torno al aumento del mar suele centrarse en “las personas que huyen de las islas, un tipo de narrativa estilo ‘fin del mundo’”, según recogió el diario The Guardian. “Pero cuando voy a estos lugares es completamente diferente. La gente no quiere abandonar sus hogares, ha encontrado una manera de vivir sus vidas, de adaptarse, incluso de disfrutar de las inundaciones”, apostilló. “Además, me impresiona ver cómo las autoridades escucharon a los isleños y cambiaron su enfoque sobre cómo abordar la situación”, añadió.

Por ahora, el gobierno de Tubigon se ha centrado en la educación, ofreciendo becas para cursar la secundaria o la universidad en las islas más grandes de la zona, de manera que el traslado a ellas se produzca de forma más natural durante dos o tres generaciones. “Tras el terremoto, el gobierno presionó a los isleños para que se reubicaran en las islas principales”, apuntó el administrador municipal de Tubigon, Noel Mendana. “Pero estas personas creen que no pueden sobrevivir allí, ya que su sustento depende del mar. Ahora, lo que hace el gobierno es tratar de ayudarles a adaptarse a la nueva situación”.








Fuente: LA Vanguardia

Comentar

Click here to post a comment

injerto
SEO CONSULTOR
injerto
SEO CONSULTOR