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Violeta Parra, gracias a la vida por sus canciones | Cultura


Violeta Parra es un icono para la cultura chilena, pero su legado tiene gran influencia y trascendencia en toda Latinoamérica. Hoy se cumple el centenario del nacimiento de la polifacética artista y los actos de homenaje y recuerdo se multiplican en su país natal, Chile. En todo el continente se celebran múltiples actos, programados y espontáneos, para rendir tributo a quien tanto se dedicó en su vida al folclore popular y que promovió la Nueva Canción Chilena. La conmemoración de su nacimiento, el 4 de octubre, también fue elegido hace algunos años como Día Nacional de la Música en Chile.

Violeta del Carmen Parra Sandoval nació tal día como hoy en 1917 en la provincia de Ñuble, al sur de Chile. Creció en el seno de una familia de artistas y creadores, de hecho es hija de una modista y de un profesor de música. A todos los hermanos les inculcaron desde pequeños el amor por las artes, y en especial por el canto y la música. Uno de ellos, Roberto, también destacó como cantante popular, y el más reconocido, Nicanor Parra, como poeta.

Violeta Parra, de salud frágil desde niña, pasó su niñez en el campo, aprendió a tocar la guitarra a los nueve años y a los 12 compuso sus primeras canciones. Su familia se trasladó a la localidad de Chillán por problemas económicos en 1927 y cuatro años más tarde murió su padre. Violeta viaja entonces a Santiago de Chile invitada por su hermano Nicanor, pero está menos de un año en la escuela porque ya tiene clara su vocación: la canción.

Tras abandonar los estudios, la joven Violeta Parra lideró un dúo musical con su hermana Hilda: las Hermanas Parra. Sus hermanos Clara, Roberto y Eduardo se unirían más tarde a la formación, que pasó a llamarse Los Parra. Todos ellos cantaban en boliches del barrio Mapocho, interpretaban boleros, rancheras, corridos mexicanos y otros estilos musicales a la vez que trabajan en circos, bares y quintas de recreo.

En esa etapa Violeta Parra conoció a Luis Cereceda, ferroviario de la estación de Yungay, con quien se casó en 1938 y tuvo dos hijos: Isabel y Ángel. El matrimonio pronto presentó dificultades por el carácter intrépido y creador de Violeta, que en esos años se unió a una compañía de teatro que realizaba giras por todo el país y con la que ella cantaba canciones españolas haciéndose llamar Violeta de Mayo.

El matrimonio, sin embargo, marcó su ideología, ya que su marido era un militante comunista que la introdujo en ambientes políticos de izquierda hasta apoyar la campaña presidencial de Videla. Violeta Parra volvió a casarse, esta vez con un carpintero, Luis Arce. Con él tuvo dos hijas, Carmen Luisa y Rosita Clara, que murió a los dos años. Tras su muerte, el matrimonio volvió a fracasar.

Desde 1952 Violeta trabajó en circos populares y junto a sus hijos realizó giras por el país y por los alrededores de Santiago. Animada por su hermano Nicanor, comienza a rescatar, recopilar e investigar la auténtica música folclórica chilena y a realizar recitales en las universidades. Esta investigación hace que descubra la poesía y el canto popular de los lugares más diversos de Chile. Violeta Parra termina convirtiéndose en una recuperadora de la cultura popular, un hecho que determina su trayectoria artística. A partir de ese momento se producen sus primeras intervenciones en la radio chilena y conoce a intelectuales chilenos como Pablo Neruda.

En 1954 Violeta Parra recibió el premio Caupolicán, y a mediados de los años cincuenta su carrera resulta imparable. Viaja por primera vez a Europa invitada al V Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes de Varsovia. Desde allí se trasladó a París, ciudad en la que vivió dos años, llevando a cabo presentaciones y realizando contactos para difundir su trabajo.

Violeta Parra graba en la Fonoteca Nacional del Musée de l’Homme de La Sorbonne. Allí deja un guitarrón y cintas de sus recopilaciones de folclore chileno. En 1956, ya de regreso a Chile, grabó el primer álbum de la colección El folclore de Chile, serie que garantizaría la conservación de multitud de temas populares anónimos. Fue nombrada directora del Museo de Arte Popular de la Universidad de Concepción y retomó sus actuaciones en la Radio Chilena.

Violeta Parra pasó los primeros años de la década de 1960 en Europa, donde realizó actuaciones en diversos países y cultivó más aún sus aficiones artísticas. En 1964 tuvo la oportunidad de organizar una exposición individual de su obra plástica en el Museo del Louvre de París, la primera realizada por un artista latinoamericano. Estudiosa del folclore chileno y de las costumbres de su pueblo, reunió a lo largo de su vida alrededor de 3.000 canciones populares y gestó el libro Cantos Folklóricos Chilenos, origen de lo que posteriormente se denominaría Nueva Canción Chilena.

Cuando regresó a Chile en 1965 decidió establecer una carpa con la intención de convertirla en un importante centro de cultura folclórica, ahora se conoce como Centro Cultural La Carpa de La Reina.

A pesar de contar con una carrera exitosa y de ser una referente musical para propios y extraños, Parra comenzó a sufrir una fuerte depresión que desembocaría en su suicidio. En esa carpa, Violeta Parra se quitó la vida a los 49 años con un disparo.

Algunos atribuyen esa dramática decisión al fracaso que resultó la instalación de la carpa cultural en la comuna de la Reina. Otros sostienen que fue el desengaño amoroso que sufrió con el antropólogo suizo Gilbert Favre el que marcó su estado depresivo, unido al fallecimiento de su hija y a su frágil salud.

Violeta Parra había estrenado su famosa canción Gracias a la vida hacía poco más de un año, considerada por muchos un himno humanista, pero hay quien asegura que eligió despedirse a tiempo con aquella bella y profunda pieza. 

Hoy Google homenaje al icono de la música tradicional latinoamericana dedicándole un doodle para conmemorar el centenario de su nacimiento. La imagen está inspirada en El árbol de la vida, una obra suya sobre la arpillera de color verde que se puede ver en el museo que lleva su nombre en Santiago de Chile.

Letra de ‘Gracias a la vida’

Gracias a la vida, que me ha dado tanto

Me dio dos luceros, que cuando los abro

Perfecto distingo, lo negro de lo blanco

Y en el alto cielo su fondo estrellado

Y en las multitudes el hombre que yo amo

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me ha dado el oído que en todo su ancho

Graba noche y día, grillos y canarios

Martillos, turbinas, ladridos, chubascos

Y la voz tan tierna de mi bien amado

Gracias a la vida, que me ha dado tanto

Me ha dado el sonido del abecedario

Con él las palabras que pienso y declaro

Madre amigo hermano y luz alumbrando

La ruta del alma del que estoy amando

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me ha dado la marcha de mis pies cansados

Con ellos anduve ciudades y charcos

Playas y desiertos, montañas y llanos

Y la casa tuya, tu calle y tu patio

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me dio el corazón que agita su marco

Cuando miro el fruto del cerebro humano

Cuando miro al bueno tan lejos del malo

Cuando miro al fondo de tus ojos claros

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me ha dado la risa y me ha dado el llanto

Así yo distingo dicha de quebranto

Los do materiales que forman mi canto

Y el canto de ustedes que es mi mismo canto

Y el canto de todos que es mi propio canto

Gracias a la vida que me ha dado tanto




Fuente: El país

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