A los 12 años, Carlos ya sabe lo que es el miedo. Llegó nuevo al colegio a principios de 2018, en un pequeño municipio de Ciudad Real y pronto comenzó a recibir insultos y golpes. “Se referían a mi color de piel y por ser diferente a ellos”, cuenta. Su madre, Encarnación Ngale, de 37 años, denunció el caso, pero ha servido de poco. Aunque ya ha pasado al instituto, Carlos sigue encontrándose con sus acosadores de vez en cuando en el autobús. No se disponen datos específicos en España de a qué niños afecta, qué tipo de acoso sufren ni en qué dimensión, según denunció Amnistía Internacional en un informe este año porque en muchos casos los protocolos no funcionan y existe falta de formación. Durante 2017 solo un 4% de las denuncias que recibió el teléfono del Ministerio llegaron a la inspección educativa.

Pero, ¿cómo darle la vuelta a este problema? Entramos en el CEIPSO Cervantes, en Alcorcón (Madrid), donde han puesto en marcha un programa de mediación. No se trata de una mediación entre víctima y agresor, sino que son los propios alumnos los previenen el ‘bullying’. Con un chaleco naranja, la mediadora Zaira Fierro, de 15 años, hace guardias durante el recreo, ayuda a sus compañeros a solucionar conflictos y lidera actividades para aprender a usar halagos en vez de insultos. Y explica cómo lo logra: «Nosotros no proponemos. Son ellos los que llegan a una solución». 




Fuente: El Pais

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