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Vidas paralelas de Picasso y Picabia | Cultura


Plutarco inventó, a finales del siglo I, un género literario: las vidas paralelas en las que trazaba eruditas y amenas biografías de célebres griegos y romanos emparejados. Si el historiador viviera podría haber trazado las biografías de Pablo Picasso y Francisco Picabia, dos pintores que coincidieron en el tiempo y que, pese a parecer antagónicos en su manera de entender el arte, tuvieron puntos en común. También podría haber sido el comisario de la exposición Picasso/Picabia. La pintura en cuestión, que se inaugura hoy en Fundación Mapfre de Barcelona (hasta el 13 de enero) en la que, por primera vez, se ofrece un acercamiento a las historias cruzadas de estos dos artistas y su actitud ante una misma realidad cambiante.

Y lo hace a través de 150 obras entre pinturas, dibujos, grabados y documentos que ha reunido la plutarco de turno, Aurélie Verdier, conservadora del Centre Georges Pompidou, en el que los dos artistas dialogan y dejan ver sus vínculos reales e imaginados. Picasso era consciente de su fama. Se dejó querer por otros artistas con los que tuvo una relación distante. Le pasó con Dalí (al que no le contestó ninguna de las postales que le envió durante años). No hay fotos juntos, porque no coincidieron más allá de la visita que le hizo el catalán en París al malagueño en 1926.

‘Los enamorados’ de Picasso, en la exposición de la Fundación Mapfre. Susanna Sáez (EFE)

Lo mismo le ocurre con Picabia. Los dos artistas tuvieron oportunidad de coincidir (se sabe que se vieron en los toros en Barcelona en 1917), fueron vecinos en la costa del sur de Francia durante años, pero su relación no pasó entre ellos de cordial. No fueron amigos, sus círculos de conocidos, salvando a creadores como Apollinaire, Braque y Max Jacob, fueron distintos. Picabia admiró siempre a Picasso, pero éste no pasó de hacerle gracia la confusión que creaba que sus dos apellidos comenzaran igual y “se hacía llamar Picabia cuando tenía algo que reprocharse”, según su biógrafo John Richardson.

Verdier, después de destacar el hecho de que los dos “fueron artistas muy individualistas que huyeron del corporativismo, que parece, de entrada que no tengan nada que decirse”, ha trazado, como Plutarco, una línea paralela de sus biografías con diferentes etapas que ha ilustrado con obras de uno y otro en el que se percibe las coincidencias “de forma intermitente, pero más cercana de lo que se cree”.

Hilo vital

Arranca este hilo vital en 1904 cuando Picasso, que acaba de instalarse en París, coincide con Picabia en una muestra colectiva en una galería de la ciudad. Por entonces, el español está inmerso en el cubismo que él (y George Braque) inventó, un movimiento al que Picabia llegó tarde, después de despojarse de su influencia heredada de Sisley y Pisarro del impresionismo tardío. La exposición prosigue con la introducción de objetos y recortes en ensamblajes y papiers collés que Picasso comenzó en 1912, mientras Picabia sigue un camino distinto del dar a objetos como lámparas uso antropomorfo, influido por el radical dadaísmo que Picasso no abrazó. Pueden verse obras como El árbol (Picasso, 1907) y Muchacha (Picabia, 1912).

'Cabeza de mujer' de Picasso y al fondo 'El matador en el ruedo', de Picabia, dos de las pinturas con las que la Fundación Mapfre.
‘Cabeza de mujer’ de Picasso y al fondo ‘El matador en el ruedo’, de Picabia, dos de las pinturas con las que la Fundación Mapfre. Susanna Sáez (EFE)

En Barcelona, ya se ha escrito, coinciden en 1917, en un momento en el que el francés lanzó la revista 391 y Picasso deriva hacia el clasicismo con retratos a lo Ingres. Coincidieron, y mucho, en el tema de las españolas, con peineta y mantilla, unas obras que juntas cuesta saber quién las pintó. También en sus obras de los toros, Picasso más abstracto y Picabia más realista. Hacia 1925 el malagueño vuelve al clasicismo y los dos comparten la llamada “época de los monstruos”, en un momento en el que los dos coinciden “como vecinos” en la Costa Azul. De este momento son Los enamorados de Picasso y El beso y Los enamorados después de la lluvia de Picabia.

Plutarco concluía sus vidas con un breve texto, o comparación, en el que destacaba lo que diferenciaba a los dos personajes. La exposición también. Por parte de Picasso pueden verse media docena de enormes retratos, “ya que vuelve a la figura humana hasta su muerte de 1973”, mientras que Picabia, “cuya carrera se detiene veinte años antes, elimina cualquier referencia figurativa y reduce el acto de pintar a sutiles monocromos salpicados por puntos”. De todas formas, para Verdier, Picabia y Picasso comparten “además de su especial relación con Barcelona, el deseo de desafiar las convenciones pictóricas que la historiografía del arte ha establecido y los dos optan por asesinar la pintura para rejuvenecerla”. Para el director del área de cultura de la fundación, Pablo Jiménez con esta exposición, que ya se ha visto en el Museo Granet de Aix-en-Provence, se puede ver a “un Picasso más gamberro y a un Picabia un poco más formal que lo habitual”.




Fuente: El país

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