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Cambiar el régimen de un país, como ahora se pretende hacer en Venezuela, es prácticamente imposible desde fuera. Por muy necesario que este cambio sea para mejorar la vida de los venezolanos y estabilizar la región, el chavismo resistirá mientras los propios venezolanos no tengan la fuerza suficiente para derrocar al presidente Maduro. Cada día que pasa, además, las opciones de un golpe de Estado disminuyen.

La presión internacional tiene un efecto limitado. Reconocer al líder de la oposición Juan Guaidó como “legítimo presidente interino” de Venezuela, como ha hecho Estados Unidos, Canadá, la mayoría de estados latinoamericanos y ocho países europeos es una presión sobre la cúpula militar para que tome partido “por la democracia” y traicione la revolución bolivariana decapitando al régimen de Maduro. La ley de amnistía es otro incentivo que los generales, sin embargo, hasta ahora tampoco han considerado.






La presión internacional tiene un efecto limitado”


Las nuevas sanciones económicas, incluido el bloqueo del petróleo, principal fuente de ingresos del Estado venezolano, agravará la carestía de alimentos, medicinas y material sanitario. También afectará al suministro de gasolina. La población más vulnerable es la que más sufrirá el castigo. Estados Unidos, precursor de esta nueva campaña contra Maduro, ha anunciado el envío de ayuda humanitaria para paliar los efectos negativos del bloqueo. Guaidó pretende distribuir la ayuda a través de Cáritas y otras asociaciones católicas. Maduro no piensa aceptarla. Hacerlo implicaría debilidad.

La presión diplomática debería servir para iniciar un diálogo que derivara en elecciones libres. Este es el objetivo de la UE. Pero Guaidó ha dicho claramente que no es el momento de dialogar, no hasta que Maduro haya caído. A Maduro las negociaciones le servirían para ganar tiempo, pero nunca ha demostrado una genuina voluntad de diálogo con la oposición. Pudo hacerlo en el 2015, cuando el chavismo perdió el control de la Asamblea Nacional, pero no lo hizo. Luego, en el 2016, no cumplió los acuerdos auspiciados por El Vaticano y de nada sirvió la ronda negociadora de Santo Domingo a finales del 2017 y principios del 2018.


Guadó se pasea por Caracas sin apenas seguridad, lo que es una insensatez”


Está claro que Maduro no quiere ceder nada a través del diálogo. Su posición es de fuerza y su ideal revolucionario no entiende la democracia. El ejército, además, está de su parte. La cúpula militar la forman 2.000 generales que han cerrado filas con él. El poder judicial es una herramienta más del chavismo. La oposición está exiliada, encarcelada o silenciada. Guaidó puede caer en cualquier momento. Ya fue detenido brevemente el pasado 13 de enero.

Hoy, sin embargo, se pasea por Caracas sin apenas seguridad, lo que es una insensatez. Es un blanco fácil para los colectivos, los grupos paramilitares entregados a la defensa de Maduro. En caso de que hubiera un golpe de los generales, los colectivos defenderán al presidente. Un conflicto armado sería entonces casi inevitable y se parecería mucho al que durante décadas ha arrasado Colombia.

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Guaidó es un peón de Estados Unidos en una región que guarda muy malos recuerdos del intervencionismo”


Maduro tiene el apoyo de China, Rusia, Cuba y Turquía. Estos tres países pueden darle el respaldo financiero que necesita. A Caracas han llegado, asimismo, unos 400 mercenarios rusos dispuestos a defender al régimen, una fuerza similar a la que se ha visto antes en Ucrania, Siria y la República Centroafricana. En un par de semanas están previstas unas maniobras militares que servirán para exhibir la capacidad de las fuerzas armadas de defender Venezuela.

La reunión del Grupo de Lima hoy en Canadá y la del Grupo Internacional de Contacto el jueves en Uruguay tienen poco recorrido, más allá de las declaraciones a favor de un cambio de régimen que los generales desoyen. Muchos países americanos y europeos participarán en estos encuentros.

Su posición es incómoda: acabar con una dictadura que, siendo nefasta, podría compararse con otras con las que mantienen relaciones más o menos normales. Guaidó es un peón de Estados Unidos en una región que guarda muy malos recuerdos del intervencionismo de Washington. Maduro lo tiene fácil para denunciar “la ingerencia imperialista”, una acusación que le ayudará a borrar de la mente de muchos latinoamericanos la corrupción, el fraude, la violencia y el narcotráfico que corroen su maltrecha revolución.






Es la peor crisis política en 20 años de régimen chavista”


Que los cambios de régimen no funcionan es algo que la CIA pudo comprobar durante la guerra fría. Hace dos años, The Washington Post publicó un estudio de las operaciones secretas o públicas que EE.UU. llevó a cabo entre 1947 y 1989 para derrocar regímenes que no le eran favorables. Hubo un total de 72 intervenciones para cambiar a un dirigente. De ellas 66 fueron secretas y seis públicas. De las 66 secretas sólo 26 tuvieron éxito. De las públicas, como sería ahora el caso de Venezuela, ninguna.

En 36 ocasiones, EE.UU. apoyó a grupos militares de la oposición. Sólo cinco de ellos tuvieron éxito. Es notable el fracaso de la crontra nicaragüense, el grupo paramilitar opuesto al régimen sandinista. Lo que mejor le ha ido a EE.UU. es patrocinar golpes de Estado. De 14, nueve tuvieron éxito.

Maduro afronta la peor crisis política en 20 años de régimen chavista. El tiempo, sin embargo, corre a su favor. Guaidó tiene el respaldo internacional que garantizará la transición a la democracia pero hasta ahora no ha demostrado tener la fuerza suficiente para derrocar a Maduro. Sacar un millón de personas a la calle, como ha hecho este fin de semana, no basta.








Fuente: LA Vanguardia