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Venecia rescata al auténtico Tintoretto | Cultura


El rostro de un joven emerge de una sombra negra. Fija al espectador con unos ojos penetrantes: destaca la parte superior de la cara, pintada con pinceladas audaces en la frente, las mejillas y la nariz, que enfatizan una mirada desafiante, directa, rebelde. El protagonista es Jacopo Robusti, conocido como Tintoretto porque su padre, Battista Robusti, era tintero de seda.

Realizado alrededor de 1546-1547, el autorretrato revela muchas características del joven Tintoretto: la determinación, la energía, la fuerza, la ambición, la impaciencia, las ganas de innovar y de superar los límites convencionales del Renacimiento veneciano. Esos ojos parecen lanzar un mensaje directo a su principal enemigo, Tiziano Vecellio, y a Venecia, su ciudad natal, que siempre lo trató con desdén. Con apenas 12 años, el padre de Tintoretto mandó al chaval a aprender los trucos del oficio en el taller de Tiziano, pero este, al descubrir el talento precoz del joven genio, sintió celos y lo puso de patitas en la calle, según narra Carlo Ridolfi, su biógrafo del siglo XVII.

Tintoretto (1518-1594) le toma el pulso a Venecia 500 años después de intrigas y luchas por abrirse espacio en el competitivo ambiente artístico del Cinquecento. El autorretrato juvenil de Tintoretto (préstamo del Museo de Arte de Filadelfia) abre la primera retrospectiva dedicada al revolucionario artista en más de 80 años. Bajo el título Tintoretto 1519-1594, la exposición, abierta la pasada semana, celebra el V Centenario del nacimiento del artista, en el antiguo apartamento del Dogo, en el Palacio Ducal de Venecia (hasta el 6 de enero 2019) con obras maestras de la etapa madura del pintor, provenientes de los museos más importantes del mundo. Coproducida con la National Gallery de Washington, la muestra viajará a la capital de Estados Unidos en la primavera de 2019. Además, la Galería de la Academia de Venecia reúne los cuadros de la etapa joven de Tintoretto con obras fundamentales como el teatral El milagro del esclavo (1548).

Delante de la enorme tela El rapto de Elena, cedida por el Museo de El Prado, los comisarios de la exposición, Robert Echols y Frederick Ilchman, cuentan que llevan 11 años en la preparación de la muestra. El objetivo primordial es sacar de una vez por todas del cajón del olvido en Venecia a Tintoretto y exponer solo obras creadas con la fuerza de su pincel.

Para Ilchman, la exposición veneciana ayudará a disipar las reservas de quienes consideran innecesaria la retrospectiva; en parte, dice porque Venecia está llena de tintorettos (sus obras están esparcidas en 21 iglesias y en su museo personal, la Escuela Grande de San Rocco, la confraternidad para la cual trabajó 25 años) y porque, su producción fue tan rica (realizó más de 400 obras) que en algunas de ellas es evidente la mano menos virtuosa de su hijo, Domenico, y de sus ayudantes. Ilchman movió cielo y tierra para exponer solo obras firmadas por Tintoretto. “La muestra habla de todas las facetas de Tintoretto: retratista, narrador, pintor religioso, pintor de alegorías, pintor de desnudos femeninos. Queremos demostrar que tiene mucho sentido realizar una retrospectiva completa de Tintoretto en Venecia, porque es su ciudad natal, que con sus luces y sombras ha sido su fuente de inspiración. A diferencia de Tiziano, que era pintor de papas y reyes, Tintoretto estuvo siempre ligado a Venecia”, explica Ilchman.




Fuente: El país

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