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“Vamos a captar terremotos en Marte” | Ciencia


Larry James cuenta que de niño su padre le llevó a ver el despegue del Apolo 9. Era marzo de 1969. Tan solo cuatro meses y dos lanzamientos después, Neal Armstrong y Buzz Aldrin se convertían en los primeros hombres en pisar la Luna. El pequeño Larry ya sabía qué quería hacer de mayor. Hoy es vicedirector del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), desde donde se controlan las principales misiones de exploración robótica de la NASA. James es el encargado de gobernar el día a día de una institución con 5.800 científicos y que genera 2.200 millones de dólares de beneficios al año.

Las tecnologías salidas de este instituto pueden encontrarse estos días en la ciudad de México, donde se han empleado sus radares de alta precisión capaces de detectar el latido del corazón de una persona aún con vida sepultada bajo 10 metros de escombro. También son las únicas que han salido del Sistema Solar abordo de Voyager 1, la nave que más lejos viajado en el espacio y que porta el Johnny B. Goode de Chuck Berry por si algún día la encuentra una civilización extraterrestre.

Hace unos días, el JPL puso punto final a una de sus misiones más exitosas. Tras explorar Saturno durante 13 años, la sonda Cassini se desintegró en la atmósfera del planeta para no contaminar la lunas Encélado y Titán, donde puede haber vida. James (Virginia, 1956), teniente general retirado de las Fuerzas Aéreas de EE UU, ha visitado Madrid para participar en un congreso de tecnología aeroespacial que se celebra en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid). En esta entrevista explica algunas de las próximas misiones del JPL que intentarán superar las hazañas de sus predecesoras.

Pregunta. La próxima gran misión a Marte de la NASA se realizará en tres pasos, ¿cuáles son?

Respuesta. Nuestra próxima misión espacial se llama Insight. Solo aterrizará, no se moverá por el planeta como hacen los rovers. Su objetivo es entender el interior del planeta. Lleva tres sismómetros construidos por la agencia espacial de Francia y un torno que penetrará en el terreno que ha desarrollado la agencia espacial alemana. Con esta misión podremos captar terremotos en Marte y mediremos la temperatura de su núcleo. Después enviaremos un rover en 2020. Tiene dos componentes fundamentales. El primero es un conjunto de instrumentos para buscar indicios de vida y el segundo un sistema para tomar muestras de terreno, preservarlas con asepsia y dejarlas en la superficie del planeta. En una tercera fase enviaremos otro rover más pequeño que recogerá el paquete con todas las muestras y las enviará a una nave orbital usando un pequeño cohete. Luego las traeremos de vuelta a la Tierra. Esta última etapa está prevista para mediados de la próxima década.

Queremos aterrizar sobre el hielo de las lunas de Júpiter y Saturno”

P. ¿Hay terremotos en Marte?

Allí no hay tectónica de placas como en la Tierra, así que los movimientos serán menores. Es posible que el núcleo genere terremotos, aunque no lo sabemos con seguridad. En cualquier caso serán impactos o vibraciones que podremos medir y su propagación por el planeta nos enseñará cómo es su interior.

P. ¿Qué probabilidades hay de que encuentren vida?

R. Los científicos están eligiendo los puntos de aterrizaje ahora mismo y uno de sus criterios es ir a zonas donde pudo haber vida. Las posibilidades de encontrar vida actual son bastante pequeñas, nunca se sabe, pero lo ideal es encontrar pruebas de vida microbiana pasada.

P. En cuanto a la exploración humana, ¿cree que la primera persona que pise Marte será un astronauta de la NASA o un colono a bordo de un cohete privado de SpaceX?

R. La NASA o la ESA no tienen el monopolio de ir a Marte. Pero la otra cara de la moneda es que es muy difícil llegar. Puedes decir que vas a construir un cohete enorme e ir a Marte, pero mantener a alguien con vida el tiempo necesario, evitar la radiación, todo eso es complicado. Por eso NASA está invirtiendo tanto dinero en desarrollar los sistemas de propulsión necesarios, los hábitats para tres o cuatro años, y en cómo proteger al astronauta de la radiación del espacio.

P. También van a enviar una misión a Europa, uno de los lugares del Sistema Solar con más probabilidades de albergar vida

R. La próxima misión es Clipper, un satélite que no orbitará Europa directamente, porque la radiación es demasiado alta. En su lugar orbitaremos Júpiter y nos acercaremos a Europa para estudiarla. Estamos en el proceso de diseño y construcción para lanzarla en 2022. Usaremos el nuevo cohete de la NASA SLS que permite llegar sin hacer maniobras de asistencia gravitacional, en dos o tres años, en lugar de seis. Después de eso queremos aterrizar con una segunda misión que se lanzaría en 2025.

P. ¿Cómo será esa misión?

R. En Europa no hay atmósfera, así que para aterrizar necesitamos retrocohetes durante todo el descenso, lo que supone mucho combustible que hay que transportar hasta allí, con lo que necesitamos una nave muy grande. Aterrizaremos de forma similar a las naves Viking en Marte. Y después el objetivo es arañar la superficie de hielo. No vamos a conseguir penetrar hasta el océano líquido, pues puede estar a kilómetros de profundidad. Ni siquiera sabemos cuántos, aunque esperamos saberlo porque el orbitador llevará un radar capaz de atravesar la cubierta helada.

Hoy en día no vas a la guerra sin pasar por el espacio antes”

P. ¿Hay formas de llegar al agua líquida en misiones futuras?

Hay equipos desarrollando posibles misiones para hacerlo. Una posibilidad es usar un vehículo que derrita el hielo produciendo calor con un pequeño generador nuclear. Todo depende de lo que nos diga el orbitador, si hay zonas de solo 500 metros de espesor o si son 30 kilómetros de puro hielo en todas partes. No tenemos ni idea, así que habrá que ir para averiguarlo.

R. ¿Puede que sea más fácil buscar agua líquida en otros puntos?

Otro lugar interesante es Encélado, la luna de Saturno que está escupiendo agua por sus géiseres. Potencialmente es mucho más fácil llegar al agua allí. Tenemos ya el diseño de una misión orbital. Si finalmente fuese aprobada le seguiría otra nave para aterrizar justo al lado de las grietas y el agua. Esto podría suceder a mediados de la próxima década.

P. Su laboratorio también realiza muchas misiones en la Tierra, en especial estudiando los efectos del cambio climático. ¿Están amenazados esos programas?

R. Hay mucha política sobre el cambio climático, si es real, cuánto se debe a las actividades humanas. Nuestra misión es aportar datos. Tenemos una misión que mide el nivel del mar y sabemos que está aumentando, un indicador de que el hielo se derrite y los océanos se elevan. Tenemos otra misión que estudia los puntos del planeta donde se crea dióxido de carbono y dónde se absorbe y lo que supone para el clima global. Luego los políticos pueden decidir si estudiar los datos o no.

P. Usted ha servido muchos años en las Fuerzas Aéreas como mando de las actividades de espionaje y comunicación espaciales, por ejemplo durante la Guerra de Irak. ¿Cómo es de importante el papel del espacio en las guerras modernas?

R. Hoy en día no vas a la guerra sin pasar por el espacio antes. Cómo lanzas una operación sin GPS, por ejemplo, lo que te permite sincronizar tu comunicación, guiar tus drones, es muy importante. En los problemas que atravesamos con Corea del Norte tenemos satélites infrarrojos que alertan de un lanzamiento de forma inmediata y predicen a dónde se dirige. Es increíblemente importante ahora y también antes, en Irak, porque podíamos ver los misiles scuds y emitir una alerta. Además, aportas comunicación a todas tus fuerzas para que estén en contacto continuo. Los satélites también aportan pronósticos del tiempo perfectamente ajustados para llevar a cabo una operación.




Fuente: El país

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