Urquinaona, la gran olvidada. La que para muchos barceloneses es una de las plazas más feas de la ciudad mantiene prácticamente el mismo aspecto de hace décadas. Las reformas que han llegado a otros espacios de gran afluencia no han recalado en este enclave fronterizo entre Ciutat Vella y el Eixample, que va camino de quedarse como está mucho más tiempo. Aunque hay un rayo de luz en uno de sus extremos. El recién anunciado plan de reforma de la Via Laietana, que en el mejor de los casos se concretará en el próximo mandato municipal, podría despejar el camino para la esperada intervención. Sólo falta una decisión de la alcaldía que surja de las urnas el 26 de mayo.





Esta plaza es uno de los espacios más transitados de Barcelona, tanto a pie como en vehículo privado y en transporte público. La ronda de Sant Pere la atraviesa en diagonal. Y, por sus lados, la cruzan los ejes Pau Claris-Via Laietana, Jonqueres-Roger de Llúria, Fontanella-Trafalgar así como Ausiàs Marc. Para insuflar vida a las islas interiores, las dos opciones aparentemente más sencillas son unirlas en una gran pieza central, pasando el tráfico a los márgenes; o integrar cada una de ellas en su respectiva acera lateral, manteniendo la circulación por el centro.


La que para muchos barceloneses es una de las plazas más feas de la ciudad mantiene prácticamente el mismo aspecto de hace décadas

La mayoría de personas que pisan o circulan por Urquinaona van de paso. Unas salen o entran de sus tres bocas de metro, de dos líneas, o suben o bajan del bus en cinco paradas que reciben nueve rutas diurnas. También hay usuarios de sus dos estaciones del Bicing. En las aceras que bordean la plaza hay una importante afluencia a los comercios (la mayoría, 14 locales de un total de 26, de restauración). Pero las dos islas, ajardinadas a la vieja usanza y con signos de degradación, no atraen a prácticamente a nadie. Son pasos obligados para muchos en su camino hacia otro sitio. Tan sólo el quiosco aledaño al único acceso al suburbano con escaleras mecánicas capta la atención. Los bancos suelen estar vacíos. A menudo los usan personas que viven en la calle, pero desde que son individuales, hace nueve años, no se pueden tumbar.





La remodelación de la plaza ha estado encima de la mesa de los responsables del Ayuntamiento varias veces. Pero nunca ha sido encarada. Sólo se han hecho pequeños remiendos, el más importante hace siete años cuando se taparon los accesos a los aseos públicos que había en el subsuelo desde 1920 y que llevaban una década cerrados. Se enterraron porque corrían peligro de derrumbe. Pese a los retoques, la plaza sigue siendo lugar para dormir, sobre cartones. Y para comer y beber. En los parterres suele haber latas y vasos de plástico tirados. La llegada del buen tiempo la hace más atractiva a estas prácticas.


La remodelación de la plaza ha estado encima de la mesa de los responsables del Ayuntamiento varias veces, pero nunca ha sido encarada

La última vez que se planteó retocar Urquinaona fue en el inicio del mandato municipal a punto de expirar, en el 2015. El proceso participativo que abrió el gobierno de la alcaldesa Ada Colau para definir el programa de actuación municipal, el PAM, que al final no se aprobó, recibió peticiones en este sentido. Pero fueron desestimadas. Una –consultable en la web del Ayuntamiento–, advertía del exceso de tráfico, que provoca ruido y molestias a los vecinos. También apuntaba que la iluminación es insuficiente para la cantidad de gente que pasa. “Hace mucho que no se hace una mejora y ya sería hora”, afirmaba, y también decía que “estaría bien hacerlo todo a la vez que se instalan ascensores en la parada de metro”.





El Ayuntamiento no incluyó Urquinaona en el PAM. Las razones aducidas en la respuesta a la propuesta antes citada fueron que, aún siendo consciente de “la necesidad de reforma de la plaza”, este proyecto “está vinculado de forma directa al de la Via Laietana y a la adaptación de la estación de metro de Urquinaona para personas con movilidad reducida, que depende de la Generalitat”. Sobre esto último –las bocas de la L1 y la conexión con la L4 no son accesibles en silla de ruedas–, los calendarios no son muy prometedores, ya que los últimos planes del Departament de Territori prevén que las obras se liciten entre el 2019 y el 2021, de manera que estén listas a lo más tardar en el 2023, coincidiendo con el final del próximo mandato municipal.


La última vez que se planteó retocar Urquinaona fue en el inicio del mandato municipal a punto de expirar, en el 2015

Preguntada por este diario, el área de Urbanismo, que dirige la teniente de alcalde Janet Sanz, pone el acento en que “se está desplegando el proceso de transformación de la Via Laietana para hacerla más amable, con más espacio público para el peatón y más peso para la movilidad sostenible y el transporte público”. En este sentido, añaden fuentes de la citada instancia municipal, “hay dos escenarios de transformación sobre la mesa fruto del proceso participativo que se ha hecho, y el próximo paso será decidir qué propuesta se lleva a cabo de cara al próximo mandato”. Y en esta reflexión, concluyen, “se tendrá en cuenta la afectación que pueda tener la transformación en la movilidad y flujos de peatones de la misma Via Laietana y en el entorno más inmediato, que incluye Urquinaona”.





Mientras Urquinaona no es una prioridad en los despachos de la plaza Sant Jaume, el tiempo pasa como si nada. Unas vallas protegen los parterres y dan un aire de provisionalidad. El pavimento con las populares losetas de tableta de chocolate aguanta con dificultad en la isleta del lado mar. Esta semana se ha abierto para dar electricidad a las estaciones del Bicing. El asfalto rosado de la zona montaña, remachado por doquier, está bastante deteriorado y se encharca. El Noi dels Càntirs, la fuente de Josep Campeny, es testigo privilegiado del lugar desde que se colocó en 1912. Lo mejor, el arbolado, que con el estallido de la primavera ha teñido el enclave de verde. Aunque al gran olivo que toca a Jonqueres, rodeado de coches, no se le ve muy feliz.








Fuente: LA Vanguardia

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