Unidas Podemos arrancó anoche la campaña desde el sur menesteroso y popular madrileño, la Avenida de los Poblados, en Carabanchel, en una posición impensable hace sólo un mes, cuando la sucesión de renuncias, la ausencia del candidato, Pablo Iglesias, y las dificultades para las confluencias tenían a la formación política postergada. En dos semanas, una estrategia de campaña desafiante, casi a cara de perro, con un programa basado en el blindaje de los derechos sociales y la musculación del Estado mediante la reforma fiscal y la intervención desde el sector público –con operadores financieros y energéticos públicos– ha devuelto el pulso al paciente, que ahora contempla con ojos golosos la posibilidad de formar un gobierno de progreso, una alianza a la portuguesa. Algunos sondeos anticipan que ese ejecutivo podría ser una realidad sin el concurso del independentismo catalán.





Los récords de participación en las consultas internas sobre el programa (triplicando la de hace cuatro años) y en la recaudación de microcréditos (por encima del millón de euros, reventando las marcas anteriores de la formación) revelan que las bases están muy movilizadas, y en la coalición esperan que eso tenga un reflejo en las urnas. Incluso las previsiones de los sondeos, en los que comienzan a remontar el suelo marcado en el primer trimestre del año, han disipado los nefandos augurios que pesaban sobre la formación hace pocas semanas.

La idea de campaña, basada en una autocrítica severa por la batahola interna y en el compromiso de “decir la verdad” –una estrategia articulada por Juanma del Olmo, secretario de comunicación de Podemos (padre de la idea viral de proyectar los papeles de Luis Bárcenas sobre la fachada de la Plaza Mayor de Madrid), y por Manuel Levín, asesor de discurso de Iglesias– recibió un inesperado impulso con la revelación de que muy posiblemente desde el Ministerio del Interior de Jorge Fernández Díaz, el grupo de policías dirigido por José Manuel Villarejo y Eugenio Pino espió y fabricó pruebas contra Podemos desde el 2015, un espionaje que siguió al menos hasta el pasado octubre, cuando se detectó que la señal de la cámara de vigilancia de la vivienda de Iglesias e Irene Montero estaba pirateada. Al menos, esa es la sospecha que maneja el juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón, que investiga las andanzas del ex comisario Villarejo.

El caso ha dotado de sentido y oportunidad la estrategia de Podemos y de paso ha puesto sobre la mesa la escasa ética de una parte de la profesión periodística española, cuyos quehaceres, manejos y extorsiones se han convertido en tema de campaña y han costado la cabeza al número dos de comunicación de La Moncloa, Alberto Pozas, que dimitió antes de ser imputado. Ayer Iglesias, volvía sobre este asunto central y en la pegada de carteles subrayaba que la detención de Julian Assange en la embajada de Ecuador en Londres para ser juzgado por las revelaciones de Wikileaks prueba que los grandes poderes “necesitan de la mentira”. Eso explica la persecución a Assange y revela la trascendencia, argumentó Iglesias, de lo que Podemos supone para la política española.









“Hoy ha sido detenido Julian Assange para entregarlo a los EEUU porque reveló verdades enormemente incómodas para el poder”, señaló el líder de Podemos. “El poder necesita de un mecanismo para funcionar, la mentira, una de las grandes amenazas de la democracia española”. Por eso, prosiguió “el próximo día 28 en las urnas tiene que haber votos que se llenen de pequeñas verdades, las verdades cotidianas de la gente que tienen dificultades para llegar a fin de mes, las verdades de un país al que no tienen que escribirle la historia los poderosos”. Y vaticinó: “En estas elecciones va a haber sorpresas, hay muchas cosas que pueden cambiar. Vamos a hacer una campaña para llenar las urnas de verdades”.

A su lado, Alberto Garzón, coordinador de IU, insistió en una idea que ha repetido también Iglesias: las elecciones del 28-A plantean un escenario aún muy abierto y la candidatura morada es la única que garantiza la defensa de lo público y la reversión de los recortes. “Han pasado más de diez años desde que empezó la crisis, que ya sabemos que ha sido una enorme estafa, un enorme saqueo de las finanzas públicas, una enorme transferencia de dinero de las familias trabajadores a las grandes empresas y a los más ricos en este país, y tenemos la posibilidad de darle la vuelta a todo ello”. Para el coordinador de IU “hay poderes económicos que quieren que nos resignemos a la precariedad, a la explotación, a contratos de una sola semana…, y nosotros les decimos que eso no es inevitable, que no nos vamos a resignar, que vamos a transformar este país y a blindar los servicios públicos, necesarios para las familias más humildes”. Y concluyó: “esta será una campaña de sorpresas”. Desafiando a los sondeos.








Fuente: LA Vanguardia

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