En Canadá los opioides se han convertido en un grave problema de salud pública. La Columbia Británica destaca por ser la provincia más afectada. Ahí, según cifras oficiales, más de 5.000 personas han perdido la vida desde 2016 por sobredosis. Al menos el 80% de los decesos estaba relacionado con el fentanilo, una sustancia que los traficantes emplean para incrementar ganancias y que es 50 veces más potente que la heroína. Una máquina instalada hace unos días en Vancouver, parecida a un cajero automático, se ha sumado al arsenal para enfrentarse a esta crisis.

Pese a que Insite —el primer sitio de inyección supervisada en el continente— funciona desde 2003, en los últimos años las autoridades provinciales han venido otorgado permisos para la apertura de otros centros. También han facilitado el acceso a la naloxona, un fármaco que revierte los efectos de las sobredosis por opioides, y han comenzado a distribuir gratuitamente pruebas rápidas para detectar la presencia de fentanilo en drogas adquiridas en las calles.

Mark Tyndall, profesor en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Columbia Británica, ha lanzado por su parte MySafe, un proyecto piloto que consiste en una máquina que dispensa hidromorfona, un medicamento alternativo a la heroína. Este aparato escanea la palma de las manos de los usuarios para verificar su identidad. Posteriormente, las personas deben responder algunas preguntas en la pantalla (por ejemplo, saber cómo se sienten físicamente) y luego reciben una pequeña caja con una dosis segura de hidromorfona en forma de tabletas.

Según explicó Tyndall en un vídeo difundido en redes sociales, los usuarios tienen acceso a este servicio automatizado un máximo de cuatro veces al día y deben esperar al menos dos horas entre cada dosis. Las máquinas funcionan de 8 am a 8 pm. Solo los individuos que ya hayan tenido un episodio de sobredosis –y provocado por el fentanilo- pueden inscribirse en el programa, bajo la autorización de un médico que decida prescribirles hidromorfona y que les haga chequeos de forma regular. “Hay dos puntos respecto a este suministro seguro. El primero es, obviamente, el fentanilo que causa muertes. El otro es ofrecer un medicamento con una dosis conocida para que la persona no sufra una sobredosis”, indicó Tyndall. Asimismo, señaló que los usuarios pueden ganar estabilidad en sus vidas cotidianas por medio de un servicio seguro. Actualmente, 14 personas utilizan MySafe.

La máquina está instalada en un edificio de la calle Hastings de Vancouver, en el corazón del Downtown Eastside, el barrio más afectado por los opioides. “Estoy muy contento con este programa para tener acceso a un medicamento limpio. No me tengo que preocupar por envenenarme con el fentanilo de la calle”, declaró a CTV News Don Durban, uno de los usuarios. Durban, como miles de individuos en Canadá y Estados Unidos, desarrolló una dependencia a los opioides a raíz de un tratamiento para lidiar contra el dolor.

Cabe señalar que, desde 2016, la Clínica Providence Cross Town de Vancouver cuenta con un programa de prescripción de hidromorfona para ciertas personas que no hayan respondido positivamente a tratamientos con metadona. Mark Tyndall ha señalado que la máquina expendedora es un proyecto más para disminuir los estragos de los opioides. Sin embargo, ha subrayado que el programa MySafe explora una alternativa que, a diferencia de la que ofrece el centro de salud, no requiere de citas puntuales para la administración de la droga.

En un comunicado, el Ministerio de Salud Mental y Dependencias de Columbia Británica manifestó que se enfoca en sus propios trabajos para ampliar el acceso a medicamentos que sean una alternativa a las drogas tóxicas vendidas en las calles, esto como parte de un plan que contempla diversas estrategias para hacer frente a la crisis de los opioides. Sin embargo, las autoridades ministeriales precisaron que esperarán los resultados que arroje MySafe. Mark Tyndall también se ha referido a sus resultados y ha señalado que, si son positivos, podrían ampliar el horario de operación de la máquina y, más adelante, instalar otra.




Fuente: El país

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