Tendemos a no conceder a la boca la importancia que tiene. Es esencial no sólo en funciones como la masticación o el lenguaje, sino en nuestras relaciones sociales y nuestra calidad de vida. Con ella transmitimos sentimientos, estados de ánimo y afecto. Por ello, cuando la boca falla, fracasa todo. Así le ocurrió a Verónica quien, tras someterse a un tratamiento de implantología dental, empezó a experimentar terribles dolores durante años. Y es que la boca es salud, y con la salud no se juega.

“Durante más de cinco años mi dieta se compuso de purés, tortillas y calmantes. Y podría contar con los dedos de las manos las veces que salí a la calle por voluntad propia”. Puede parecer una exageración, pero hablamos de un caso real. El calvario de Verónica comenzó cuando comenzó a experimentar movilidad en los dientes delanteros. Tras acudir a su clínica dental le diagnosticaron una periodontitis avanzada y le recomendaron extraer todos los dientes y sustituirlos por una prótesis removible sobre implantes. “Me extrañó un poco, porque en esos momentos yo conservaba todos mis dientes”, recuerda, “pero consulté en otra clínica y el diagnóstico fue el mismo. En ambas me dijeron que si no me trataba, la periodontitis haría que acabara perdiendo los dientes gradualmente”.

Verónica accedió, consciente de que el tratamiento propuesto es hoy en día una solución muy demandada y con una alta tasa de éxito entre personas que presentan muchas ausencias dentales o una dentadura en muy malas condiciones y que desean recuperar una sonrisa funcional y estética. “Me sometí al tratamiento para mejorar mi calidad de vida. Lo que no esperaba era perderla completamente”, afirma rotunda.

Siete años comiendo yogures

Al poco tiempo de realizarse el tratamiento empezaron los problemas: fuertes dolores, úlceras y sangrado en la boca sin que existiera una aparente explicación. En su clínica intentaron diversas soluciones, y recurrió al uso frecuente de enjuagues bucales y antibióticos, pero los dolores fueron en aumento hasta el punto de empezar a extenderse a otras partes de su organismo. Y finalmente, a su propia estabilidad emocional.

“Sufría unos dolores insoportables en la boca. Pero ya no era sólo la boca. Me empezó a doler todo el cuerpo hasta el punto de que acudí al médico pensando que tenía fibromialgia”, recuerda. Sin embargo, en las analíticas no salía nada raro. Y mientras, el dolor iba en aumento cada día. Su situación personal se hizo desesperante. “Fueron los peores seis años de mi vida”, recuerda. “Me encerré en casa. Mi vida consistía en sufrir dolor o estar medicada. Comerme una simple tortilla era un calvario”.

Buscando un experto en casos complejos obtuvo excelentes referencias del doctor Luis Senís Segarra, cirujano maxilofacial y director del Centro de Regeneración de Alto Nivel de Vivanta, primera red europea de Odontología y Medicina Estética y único gran grupo dental que cuenta con las certificaciones de calidad requeridas. “Estaba en Valencia, pero si algo he aprendido de mi situación, es que cuando necesitas una solución la distancia deja de ser un problema. Y yo necesitaba al profesional adecuado”.

“Como cirujano maxilofacial tuvo una visión en conjunto de toda mi boca y supo cómo actuar en todo momento”, recuerda de la primera visita con el doctor Senís. “Desde el principio me dijo que si existía una solución, la encontraría”. Ante un problema para ella tan grave, que le aportaran esa confianza fue “como un salvavidas”.

A las pocas semanas Verónica se sometió a una rehabilitación oral completa con estética inmediata en la clínica Vivanta de la calle Colón 58 de Valencia. La cirugía duró siete horas pues fueron necesarios varios injertos de hueso, extraídos durante la misma cirugía, para recuperar la gran cantidad de hueso perdido por la periodontitis y las infecciones de los años siguientes. Tras solicitar un análisis de tóxicos que reveló en su sangre restos de la aleación con que estaban fabricados los implantes de su primer tratamiento, el doctor Senís usó implantes de primera calidad, totalmente inocuos para la salud de Verónica. Y su recuperación fue rápida y completa.

Situaciones como ésta revelan la importancia de optar por soluciones y materiales de primera calidad en tratamientos odontológicos y de implantología, un compromiso que Vivanta demuestra a través de constantes auditorías de sus centros, un control protésico absoluto a través de los laboratorios que trabajan para sus clínicas, y los sellos de calidad ISO 9001/2015 y UNE-EN 179001/2011, siendo la única red dental y de medicina estética de Europa que posee ambos. Tras su experiencia, Verónica ha recuperado su vida normal y vuelve a disfrutar “de cosas que pensaba que nunca volvería a hacer. Una comida, un paseo por la tarde con las amigas, una sonrisa o un beso. En definitiva, he recuperado mi calidad de vida”.




Fuente: La Razón

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