Vehículos blindados y militares, generadores eléctricos, repuestos… La célula yihadista desmantelada la semana pasada en Madrid almacenó desde 2018 en una nave industrial de Cedillo del Condado (Toledo, 3.687 habitantes) la logística que enviaba después a milicias terroristas en Idlib, una ciudad al noroeste de Siria donde anida Al Qaeda. Así lo recoge un escrito de la fiscalía al que ha tenido acceso EL PAÍS.

El clan de los Kutayni transportaba el material desde el municipio de Toledo al puerto sirio de Latakia. Para ello recurría a la empresa de envío de contenedores Transitaria Ibertrans Service. Los investigadores conectan al padre del administrador de esta firma madrileña, el presunto patriarca del grupo, Fares Kutayni, con vínculos terroristas “al más alto nivel”. Y señalan que su hermano está considerado el referente de la filial siria de Al Qaeda. Además, relacionan a Fares Kutayni con Imad Eddin Barakat, que fue condenado a 27 años de prisión por los atentados del 11-S, que se cobraron la vida en 2001 de casi 3.000 personas en un ataque múltiple al World Trade Center, al Pentágono y en Shanksville (Pensilvania).

La logística enviada desde España a Oriente Próximo acababa en proveedores de las milicias o en manos de los propios terroristas.

Integrada por una decena de miembros, la célula española utilizaba también lo que denominaban puertos de seguridad en Turquía y Dubái para sortear los controles. Y movía su mercancía a través de un alambicado entramado societario que controlaba en la sombra.

El clan justificaba sus ingresos con facturas falsas. Y formaba parte de dos redes madrileñas de hawala, el oscuro sistema de transferencia de fondos basado en la confianza que, en ocasiones, utiliza Al Qaeda para financiar sus atentados.

Carnicería ilegal en Madrid

Con la gestión de una carnicería ilegal en la mezquita central de Madrid, los Kutayni se garantizaba una contabilidad paralela que era supervisada de cerca por el patriarca. El dinero B recaudado viajaba a golpe de hawala y correos humanos allí donde lo precisaba el grupo. Una organización que propugnaba desde Madrid la instauración mundial de la sharia, ley islámica.

La saga tenía una doble cara. Una oculta, conectada con la financiación del yhihadismo. Y otra pública, la de una potentada familia de negocios. El clan desarrollaba esta última faceta a través de empresas de compraventa de camiones como Emirtrucks y Emirtrucks Trading. Con ellas, adquiría vehículos en Europa para distribuirlos después en países donde Al Qaeda tenía “intereses estratégicos”: Sudán, Yemen, Catar, Libia, Líbano,…

El transporte internacional de contenedores y la promoción inmobiliaria mediante empresas como Dreamhome Construcciones o Alva Gestión Patrimonial completaban el holding. Un esquema engrasado para producir “grandes beneficios opacos”. Y pasar desaparcibido en la sociedad.

Uno de los miembros de la red española, un dentista que fue encarcelado en Siria por pertenecer a Al Qaeda, mantenía conexiones con “milicias terroristas” del eje Damasco e Idlib. Otro presunto yhihadista, Galeb Kalaje, ya condenado por financiación terrorista, es para los investigadores un experto en contabilidad B. O, lo que es lo mismo, en lograr que los negocios ilegales de la organización no activaran la alarma de las autoridades fiscales. Quizá por eso, el detalle de que Kalaje planificara la compra de toneladas de hierro, cobre y aluminio iba más allá de una ambiciosa operación comercial. Y escondía para los agentes una maniobra para abastecer a grupos aislados en zonas de conflicto.

Las pesquisas que se saldaron la semana pasada con el arresto en Madrid de diez presuntos yhihadistas del clan de los Kutayni –ocho de ellos continúan en prisión provisional- arrancaron en febrero del pasado año. La investigación se centró entonces en Human Kutayni, un español que fue arrestado en octubre de 2008 por su vinculación con un atentado de Al Qaeda donde murieron 17 personas, entre ellas un general del ejército sirio. Human Kutayni “fue liberado gracias a contactos de su familia en Siria en diciembre de 2017” y recaló en España en febrero de 2018, según la información que maneja la investigación judicial.

La fiscal María Ángeles González Roldán ha pedido al Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional, que instruye esta causa bajo secreto de seumario, que mantenga la prisión provisional comunicada y sin fianza para los investigados. Destaca la “gravedad de los hechos”, el riesgo de que se destruyan pruebas y la circunstancia de que los antecedentes delictivos de los Kutayni se remontan a 2011. El ministerio público atribuye a la familia los delitos de colaboración con organización terrorista, falsedad documental, trata de seres humanos, favorecimiento de inmigración clandestina y falsificación de documentos oficiales.

Contratos de trabajo falsos para asentarse en España

Los Kutayni diseñaron un sistema para introducir en España a ciudadanos sirios que acabaron después engrosando las filas de la célula yihadista como correos humanos, guardas o cobradores. El esquema se basó en la ruta que recorrió en diciembre de 2017 el propio Human Kutayni para salir del país de Oriente Próximo a través de Turquía, según la fiscalía.

Para regularizar la situación en España de los extranjeros, el clan recurría a cartas de invitación que servían para pedir el asilo. El entramado empresarial elaboraba falsos contratos de trabajo que se utilizaban para solicitar la residencia. Los extranjeros se empadronaban después de forma irregular en alguna de las propiedades o en tres viviendas de alquiler que controlaba la familia en España.

Las gestiones no eran gratis. Los Kutayni cobraban a través de hawala, el sistema de envío de fondos entre particulares que, en ocasiones, se ha utilizado para financiar atentados. Y se reservaban el derecho de devolver a Siria a los extranjeros que rompían el pacto con la organización.

Como si de una empresa se tratara, esta red a la que la fiscalía atribuye los delitos de trata de seres humanos y favorecimiento de la inmigración clandestina, tenía segmentada las tareas.

Así, Ammar y Husam Kutayni se encargaban de elaborar los contratos a la carta para evitar las expulsiones. Pusieron en práctica esta treta para frustrar la salida de España de un marroquí y dos sirios de Maskanah. Se trata de una urbe “controlada por el DAESH hasta mediados de 2017 […]”. La presencia de los dos sirios “supuso un riesgo para España y Europa”, según la fiscalía.

M. Halfawi, que trabajó para la red de Kutayni como correo humano, reconoció estos hechos ante las autoridades francesas en febrero de 2018. Aseguró entonces que en una vivienda sufragada por el clan en la calle Virgen de Aranzazu de Madrid se alojaron “cuatro refugiados sirios heridos de guerra”.




Fuente: El Pais

A %d blogueros les gusta esto: