– ¿Conocen los hechos por los que están aquí sentados?

– Sí.

– ¿Les leo el escrito de acusación?

– No.

– Pues vamos a empezar…

Los ocho moteros llegaron a la Audiencia Provincial de Madrid en vaqueros, con sudaderas y cazadoras negras, todos rapados —excepto uno, que llevaba una cresta al estilo del futbolista del Barça Arturo Vidal—, y se sentaron en el banquillo a escuchar a los magistrados. La Fiscalía pedía para ellos seis años de prisión por delitos de robo con violencia e intimidación, pertenencia a grupo criminal y lesiones leves. Hasta este martes, que se llegó a un acuerdo de 10 meses de prisión, una multa de 480 euros y un pago de 38.800 euros como indemnización a las víctimas. El juez, tras escuchar a las partes, se dirigió al primer motero para contar la decisión final:

– Juan Escalé, ¿está conforme con la pena?

– Sí.

– ¿Son ciertos los hechos?

– Sí.

Todo se remonta a 2015. Hace cuatro años Juan era el presidente nacional del club de moteros Rebels. Estos moteros se reunían en una nave del polígono de Alcalá de Henares (Madrid). Sin embargo, a principios de ese año el grupo sufrió una escisión. Seis miembros decidieron salirse y crear otra asociación motera —“sin las connotaciones ideológicas del primero”— con el nombre de Dragons and Gallopers. Ahora bien, como toda peña o club necesita una sede para reunirse, los Dragons decidieron juntarse en un local que antes había pertenecido a los Rebels. Esta decisión no sentó nada bien a la cúpula de los Rebels, cuyos valores son “unidad”, “fidelidad”, “tradición”, “familia” y “patriotismo integrador”. El 23 de mayo de 2015 los Rebels se reúnen y firman el acta de la reunión con la siguiente frase: “Los Dragons tienen que desaparecer sí o sí”.

Por si no quedaba clara su postura, también decidieron enviar una nota informativa a todas las bandas moteras de España. En la misiva se les explicaba que los seis miembros de Dragons and Gallopers “habían devenido personas non gratas” y que se reservaban el derecho «a hacer valer cualquier tipo de acción» para restablecer su honor y dignidad.

La acción llegó. Fue el 10 de julio, casi 60 días después de la escisión. El grupo Rebels, formado por Juan Escalé, Joan Escalé, Javier Castillo, Antonio Díaz, Joel Pla, Antonio Vera, Ginés Jordán, Óscar Jordán y otras siete personas no identificadas, viajó desde Lleida a Alcalá de Henares para dar un “escarmiento” a la nueva banda. El día escogido no fue casual. Era la noche en la que los Dragons celebraban su propia fiesta. Los Rebels se presentaron en el local encapuchados, con los chalecos de cuero de la banda, anagramas de Rebels, varios bates de béisbol, barras de hierro, defensas extensibles y hasta puños americanos. A las 22.30 entraron por la puerta. Había unas 20 personas de todas las edades:

– ¡Al suelo, os vamos a matar, dadnos los chalecos!

Agredieron a todos. No hubo víctimas mortales. También reventaron parte del inmobiliario y dos motos. Este martes no acudió ninguno de los heridos a la Audiencia Provincial. Sí lo hicieron los ocho acusados. Minutos antes de que se dictara el acuerdo —38.800 de indemnización y 480 euros de multa para cada uno los abogados de ambas partes sonreían y anunciaban el pacto a los curiosos que estaban esperando para entrar a la sala. “Hoy no hay juicio. Los ocho moteros vendrán, pero sin los chalecos”.

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Fuente: El Pais

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