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Una aventura de 30 años de engaños

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Ninguna vida resiste a la lupa incisiva de una investigación de la Guardia Civil. No lo ha hecho la del concejal por Izquierda Unida en Llanes, Javier Ardines, de 52 años, asesinado el pasado 16 de agosto en un camino junto a su casa. El viernes, tres investigadores recorrieron ese mismo camino para visitar en la aldea de Belmonte de Pria a la viuda y a los dos hijos del pescador. Los agentes querían que la familia conociera antes que nadie y de boca de los guardias civiles en los que han confiado, a los que han preguntado y con los que han llorado en los últimos seis meses, algunos de los secretos que habían descubierto de la víctima. Les advirtieron de que tras el levantamiento del secreto de las actuaciones, los misterios de Ardines irremediablemente se acabarían publicando en la prensa.





Nuria, la viuda, y sus hijos Alba e Iván, escucharon en silencio lo que media Asturias descubrió el sábado en
El Comercio
. La relación entre Javier Ardines y Katia, prima su mujer, no había sido una mera aventura pasajera. La historia de amor y de engaños empezó hace 30 años, cuando la mujer tenía 17, y el hombre ya llevaba un par con Nuria y tenían una hija.

Pedro Nieva, marido de Katia y en prisión acusado de contratar a dos delincuentes argelinos para que liquidaran a Ardines, supo de los detalles de la relación de los amantes, el jueves en el juzgado. La jueza Lucía González Azpiazu le preguntó a bocajarro si sabía que su mujer mantenía una relación con la víctima desde que era menor de edad. La magistrada buscaba desconcertar al acusado y su confesión. Nieva creyó no haber entendido bien, y cuando la magistrada asintió con la mirada, el hombre se rompió literalmente, empezó a llorar sin consuelo y suplicó que lo sacaran de allí, que no quería declarar, ni seguir escuchando nada más.


Nieva grabó a los amantes en diciembre, y en julio envió la cinta a la mujer del concejal

Hasta ese instante, Nieva sólo sabía que su mujer había mantenido una relación con el marido de su prima, una aventura, un desliz. Sus sospechas empezaron a mediados del 2017, y pese a sus preguntas insistentes, las rotundas negativas de ella más o menos le convencían. Deseaba que no fuera cierto. Pero los celos le martirizaban. La vigiló, la siguió e intentó varias veces grabarla. En diciembre del 2017, aprovechó una reunión familiar para colocar su móvil bajo una servilleta, junto a su mujer y Ardines. Había dejado abierta la grabadora, y les dejó solos. La conversación confirmó sus sospechas.





Enloquecido, Nieva cada vez soportaba menos ir a Belmonte de Pria. Sospechaba que esa casa y su propia cama habían sido escenarios de los encuentros de los amantes.

Nieva se sentía doblemente traicionado por Ardines. Se conocían hacía más de 20 años, desde que empezó a salir con Katia. Había estado en su boda, le consideraba un buen amigo y parte de su familia. Le quería. Se divertían juntos, formaban parte de la misma cuadrilla de potes, tapas y risas en verano. Fue precisamente el concejal el que convenció a la pareja, tres años atrás, para que comprara una casa junto a la suya, en Belmonte de Pria.

Nieva entendía ahora que Ardines lo hizo para estar cerca de Katia. Desde el primer momento, el marido derivó en el amante toda la responsabilidad de la aventura, convencido de que aquel pescador metido a política y que trataba a la gente con aires de superioridad, se había aprovechado de su mujer.


El inductor acompañó al mediador y un atacante a Llanes para enseñarles el lugar

A través de Jesús Muguruza Butrón, Chus, un viejo amigo de Bilbao con antecedentes por tráfico de drogas en Tánger y Algeciras, alistaron a dos delincuentes instalados en Bilbao y que nunca habían pisado Asturias. Durante varias semanas Nieva aleccionó a los ejecutores de quién era la víctima y de cómo le debían atacar. Cobrarían 25.000 euros, a repartirse entre los dos. Nieva les adelantó 5.000 euros; cobraron los otros 20.000 tras el crimen.





Los investigadores están convencidos de que el mediador se llevó otro porcentaje del dinero pagado por Nieva, pero no lo han podido demostrar aún. Muguruza se negó a declarar, además no se encontraba bien. Descubrió en los calabozos que era diabético.

En julio, Nieva acompañó al mediador y a uno de los dos argelinos, Djilali Benatia, hasta Llanes. Quería explicarles sobre el terreno cómo debían ejecutar el plan. Viajaron en el Audi A6 del instigador, para no levantar sospechas en la comarca.

Nieva estaba especialmente alterado y ya le había advertido a su mujer de que se fuera despidiendo de la casa de Llanes, porque la iban a poner a la venta. El hombre creía que alejándose de Asturias, podría recuperar la estabilidad sentimental con Katia, que en ese momento seguía negando cualquier infidelidad.

En casa del concejal, la relación del matrimonio no iba mucho mejor. Hacía varios meses que él dormía en un sofá y ella, que ya le había perdonado varias aventuras, trataba de preservar su matrimonio, por lo menos de puertas hacia afuera. Ella no quería separarse bajo ningún concepto. Pero la estocada final estaba por llegar. A finales de julio, Nieva envió a Nuria la grabación de los dos amantes. La mujer estalló, pidió explicaciones a su marido, a su prima, y las dos mujeres rompieron para siempre la relación.






La viuda descubrió el viernes que además de la relación con su prima su marido también mantenía otras tres aventuras

Abatida, la viuda descubrió el viernes que además de la relación con su prima, que durante años fue una de sus mejores amigas y confidentes, su marido también mantenía desde hacía más de una década otras tres aventuras con mujeres de la comarca. Las tres se han separado a raíz del caso.

En su inmersión en Llanes, no fue fácil para los investigadores de la Policía Judicial de la comandancia de Gijón y de la Unidad Central Operativa (UCO) separar las certezas de los rumores. La población bullía desde el asesinato, y circulaban sin rubor todo tipo de hipótesis, bulos y acusaciones. El ambiente estaba enrarecido y las confrontaciones políticas que había protagonizado Ardines ampliaron la larga lista de enemigos. A todos ellos los investigó la Guardia Civil.

La UCO siempre tuvo su mirada sobre Nieva. Tenía coartada porque el día del crimen lo pasó en Amorebieta, mientras en Llanes Katia se acercaba hasta el camino en el que asesinaron a su amante, y le lloraba a escondidas.

Los investigadores escarbaron en la vida del sospechoso, descubrieron sus antecedentes, su carácter impulsivo y violento, y su obsesión enfermiza y posesiva con su mujer. Para entonces, la UCO ya sabía de la relación de Katia con Ardines y había escuchado la grabación. La mujer trató de despistar a los investigadores, pero admitió el idilio.






La jueza arrancó el jueves por la noche los interrogatorios con la confesión del autor material

La Guardia Civil logró identificar la red de amistades de Nieva y a primeros de año ubicó a los argelinos en la escena del crimen, gracias al coche y al móvil de uno de ellos, Djilali Benatia. El trabajo impecable del Equipo Central de Inspecciones Oculares y del laboratorio de policía científica logró descifrar la misteriosa sustancia que aparecía en el cadáver y en las vallas usadas en la emboscada: gas pimienta. El servicio Cinológico hizo el resto y tras las detenciones, los guías de los perros Marley y Ahos identificaron esa misma sustancia en el coche y en el domicilio de uno de los argelinos. Con tal nivel de carga probatoria, la jueza arrancó el jueves por la noche los interrogatorios con una confesión, la del argelino que se defendió señalando a su compatriota, pendiente de ser extraditado desde Suiza, como el autor material.

La Bramadoria, la embarcación de Ardines, hace seis meses que espera varada en el puerto de Llanes volver a navegar. La familia se la ha cedido al pescador que trabajó los últimos tiempos junto al concejal.

Algo especial debía tener este asturiano, atractivo y de buena planta, que iba a dejar la política y pasar más tiempo con su nieto. Cuidaba como un tesoro un Simca 1200 de color caramelo y capota negra, con el que le encantaba pasear. Tras su asesinato no hubo misa, ni entierro. Su familia espera la autorización para incinerarle y arrojar sus cenizas a su verdadero amor, el mar.








Fuente: LA Vanguardia

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