Según los datos oficiales anunciados el martes por la tarde, Kaïs Saïd se convirtió en la sorpresa de los comicios al alzarse con la victoria y 18,4% de los sufragios. Le siguió de cerca Nabil Karoui, el protagonista ausente de la contienda tras su arresto diez días antes del inicio de la campaña, que obtuvo 15,5% de los votos. El tercero fue Abdelfatá Muru (13%), el candidato del partido islamista Ennahda, que se había impuesto en varias elecciones anteriores y que ha participado en todos Gobiernos constituidos desde el 2012. Los otros dos candidatos del establishment, el ministro de Defensa, Abdelkrim Zbidi, y el jefe de Gobierno, Yusuf Chahed, obtuvieron también un resultado muy decepcionante, con el 10,7% y el 7,3% de los votos, respectivamente. La participación fue de cerca el 45%, un descenso sensible respecto a 2014.

Los observadores internacionales confirmaron en sus informes que los comicios se desarrollaron con normalidad, y que las infracciones de la ley electoral fueron menores. De hecho, el director de campaña de Muru, Samir Dilou, avanzó que el partido islamista moderado aceptará el resultado oficial de la Junta Electoral aún siendo adverso. “Los resultados de nuestros sondeos a pie de urna colocan a nuestro candidato en segunda vuelta, pero aceptaremos los resultados oficiales”, declaró Dilou a la radio Mosaique. Estas son las quintas elecciones libres, las segundas presidenciales, que se celebran enTúnez, el único país de las llamadas primaveras árabes que ha sido capaz de sostener su transición democrática.

Si bien los sondeos auguraban un buen resultado para los candidatos outsiders, su contundente triunfo resultó un auténtico terremoto. “Un resultado que no esperábamos”, tituló el lunes el diario francófono La Presse, el rotativo de referencia para la élite del país magrebí. Desde la revuelta que destronó al dictador Ben Ali, los islamistas moderados de Ennahda y una coalición de tecnócratas y empresarios vinculados al antiguo régimen, la mayoría agrupados en el partido Nida Tunis, se han alternado en el poder. El domingo, sus candidatos perdieron entre la mitad y dos tercios de los votos obtenidos en las elecciones de 2014 y ninguno de ellos disputará la segunda vuelta.

El ascenso fulgurante de Kaïs Saïd, un independiente de 61 años, ha dejado perplejos a muchos observadores. En una época de auge global de políticos no convencionales, Saïd puede ser el más heterodoxo de todos ellos: no tiene una página Facebook en un país donde esta es la principal herramienta de comunicación, habla en un árabe clásico ampuloso, lejano al dialectal que utiliza la población, apenas dispone de una maquina electoral y no realizó ningún mitin. Su popularidad se debe a su labor de analista político en los platós de televisión y a su imagen de hombre íntegro en un país carcomido por la corrupción. “Lo he votado porque quiero un cambio de veras. Estoy harto de toda la clase política”, explicaba un joven votante el domingo en un colegio electoral. Aunque se le ha colgado la etiqueta de “populista”, sus posiciones políticas son más bien una curiosa combinación de conservadurismo social y radicalismo político.

El éxito de Karoui era más previsible. Fundador de Nessma, la televisión con una mayor audiencia del país, ha conseguido un apoyo importante entre las clases más populares gracias a las actividades caritativas de Khalil Tunis, la fundación benéfica dedicada a su hijo, fallecido en 2016. “Esta ha sido una campaña muy díficil. Habríamos ganado si nuestro candidato no hubiera sido arrestado injustamente. Vamos a redoblar nuestros esfuerzos para que sea liberado”, declaró el director de su campaña, Osama Khlifi. Karoui se halla en prisión preventiva acusado de evasión fiscal en una decisión que su campaña atribuye a su adversario político, el jefe de Gobierno, Yussuf Chahed. En caso de victoria desde la cárcel, el país se vería sumergido en una crisis constitucional.

La nueva Constitución asigna al presidente un rol de líder moral del país, pero le otorga también competencias sustanciales en los ámbitos de la seguridad nacional y política exterior. Para triunfar en su mandato, el próximo inquilino del Palacio de Cartago deberá ser capaz de entenderse con el futuro primer ministro, que será elegido en las elecciones legislativas del próximo 6 de octubre. El resultado de las presidenciales, con una gran dispersión del voto, podría favorecer la constitución de un Parlamento altamente fragmentado, lo que dificultaría la formación del nuevo Gobierno.




Fuente: El Pais

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