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Un oportuno Guinjoan


Carmen Solís, soprano. Carlos Hipólito, narrador. Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Director: José Ramón Encinar. Auditorio Nacional. Madrid, 19 – XI – 2018.

Concierto extraordinario de la ORCAM con el oportuno reestreno de una obra de Joan Guinjoan y la recuperación de la partitura íntegra del «Egmont» beethoveniano. El problema de nuestros compositores no es el de estrenar, sino de lograr que sus obras ya estrenadas vuelvan a las programaciones. Guinjoan (Tarragona, 1931) es uno de nuestros compositores más sólidos. «In Tribulatione mea invocavi Dominum» fue estrenada el 13 de abril de 1987 en el Festival de Música Religiosa de Cuenca. Considerada como un poema religioso y dedicada a Pietat Homs, se trata de una pieza compleja y ambiciosa sinfónico-coral, que requiere tanto del canto tradicional como de la modernidad. Guinjoan se inspiró en el texto del Salmo 18 (17) «Gratiarum actio regis David pro salute et victoria», seducido por la descripción poética de sus imágenes. El título se utiliza como eje catalizador de las descripciones apocalíticas en interpretación del coro, alternando la orquesta, en pasajes con amplias dinámicas y caracterizado por el empleo de efectos especiales con reproducción de sonidos como gemidos, gritos y disonancias profundas, constituyendo un engranaje complicado. Sus algo más de veinte minutos sonaron bien con la ORCAM, pero seguro que adquirieron mejor adecuación por sus propias características en la antigua iglesia de San Pablo de Cuenca, donde se estrenó. De «Egmont» se programa con frecuencia su obertura, llena de energía, que resume en forma de sonata toda la obra completa y mucho menos ésta. El magistral inicio nos presenta todos los temas y especialmente la dramática energía del caudillo y el lírico sentimiento a su amada Klärchen. Sin embargo, toda la partitura tiene el interés de ser completamente beethoveniana. Inspirada en su admirado Goethe, narra la sublevación de los Países Bajos contra la dominación española del siglo XVI que le costó la cabeza por decapitación al héroe Egmont. No quedamos bien los españoles y menos Fernando Álvarez de Toledo, del que se expresa «el sombrío manda con frío desdén a sus esbirros». Otra nueva pieza para ayudar a forjar la leyenda negra.

José Ramón Encinar supo reflejar toda la intensidad de la obertura y llevó el resto con buen pulso, ayudando a la soprano Carmen Solís a que fuese escuchada en sus dos intervenciones y al excelente narrador que fue Carlos Hipólito, amplificado desde varias posiciones en el escenario. Impresionante el envolvente redoble de los tambores durante el alegato final de Egmont antes de ser decapitado. Un excelente concierto por diseño y ejecución.




Fuente: La razon

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