Sólidos y viejos muros caracterizan las construcciones próximas al conjunto histórico de Pedralbes. Edificaciones de poca altura –la justa– dotan a este rincón de la zona alta de la ciudad de una armonía urbanística-arquitectónica que hace pensar, erróneamente, que la protección patrimonial de que disfruta la joya medieval escondida en el regazo de Collserola se extiende más allá del recinto y del entorno más inmediato del real monasterio de Pedralbes.

No obstante, de un tiempo a esta parte, un nuevo muro, bien distinto de esos que impregnan la esencia del barrio más acomodado de Barcelona, crece como una seta en el triángulo definido por las calles del Bisbe
Català, Pons i Serra y Monestir.






Una permuta entre una congregación religiosa y una empresa privada permitió la construcción de pisos en ese espacio

Una promoción de viviendas de lujo se anuncia como “única” (en realidad, y afortunadamente, lo es) e “irrepetible”. Aunque las obras están ya muy avanzadas, vecinos del barrio siguen sorprendidos, confundidos, ante la aparición de este cuerpo extraño. También lo hace el peatón o el runner que transita por el paseo de la Reina Elisenda, deja atrás el majestuoso consulado de Estados Unidos y enfila hacia el monasterio o la cruz de Pedralbes esquivando las estrecheces de una acera recortada a la mitad por la presencia de unas vallas de obra que han pasado a formar parte del paisaje urbano. La propia construcción y las dos grandes grúas que la acompañan incluso escamotean al espectador un pedazo de las estribaciones de Collserola que flanquean el pico de Sant Pere Màrtir.

Cuando las viviendas estén acabadas, el lujo habitará dentro de sus paredes. Piscina cubierta de 25 metros, amplias terrazas, plantas bajas con jardín y piscina privada, sala de fitness, wellness y squash, trasteros individuales, equipamiento deportivo con pista de pádel, boxeos de 3, 4 o 5 plazas de parking e incluso espacio chill out “para disfrutar de momentos únicos”. ¿A qué precio? El más barato de los pisos cuesta dos millones de euros y a partir de ahí los precios van en ascenso.


La casa Patxot, que fue derribada en el 2016, era propiedad de un mecenas cultural de principios del siglo XX






La historia del solar en la que se levanta el nuevo inmueble viene de lejos. En el 2008, la congregación religiosa Franciscanos Menores Conventuales presentaron un proyecto al Ayuntamiento de Barcelona para hacer una modificación del Plan General Metropolitano (PGM) con el fin de consolidar su recinto religioso, situado en las calle Bertran i Elisa, que estaba calificado de residencial. La intención era conseguir que esos terrenos fueran considerados como equipamientos a través de una permuta y el traspaso de edificabilidad con una mansión –conocida como la casa Patxot– situada en el número 21-27 de Bisbe Català, propiedad de Transacciones Inmobiliarias Riereta. Este último edificio se alzaba en suelo clasificado de equipamiento y el PGM de 1976 impedía la edificación de viviendas en ese espacio. La finca en cuestión había sido comprada por dicha empresa a unos particulares por diez millones de euros, según reza en la escritura de compraventa.

La operación urbanística fue finalmente aprobada por la Generalitat en febrero del 2010. No se trata en absoluto de una actuación ilegal y el cambio de cromos permitió a los nuevos propietarios de la casa de Bisbe Català construir un edificio de planta baja más cuatro plantas, con un máximo de 37 viviendas –inicialmente se preveían 47, pero se redujo la densidad– y con la posibilidad de albergar además un gimnasio.





También obligaba a los propietarios a ceder al Ayuntamiento una pequeña porción de terreno de 850 m2de edificabilidad en uno de los extremos del solar para que se pudiera habilitar allí un equipamiento docente, asistencial o sanitario. Allí aún no se ha empezado a construir nada y no parece que haya de momento planes para ello. Al margen de esta carga urbanística, que según el documento de permuta no supuso ninguna alteración en el PGM, el Ayuntamiento recibió por parte del propietario del terreno en concepto de aprovechamiento residencial 1,8 millones de euros.

La casa Patxot fue derribada en el 2016 ante el asombro de los vecinos que ya esperaban el peor de los desenlaces después de que la finca estuviera muchos años vacía y descuidada. Se trataba de una mansión propiedad del mecenas cultural de principios del siglo XX, Rafael Patxot, un ampurdanés multimillonario, pionero de la meteorología y de la astronomía. A pesar de que la finca era obra del arquitecto Lluís Bonet i Garí, discípulo de Josep Puig i Cadafalch y de Antoni Gaudí, la finca estaba catalogada como D, un nivel de protección nulo que sólo requería documentar gráficamente su existencia antes de que la piqueta se la llevase por delante. El inmueble, de planta baja más dos plantas y con dos cuerpos adosados, databa de 1942 y era de inspiración noucentista. Estaba rodeada por un inmenso jardín que se deterioró mucho en el momento en el que ya se decidió que la antigua finca sería sustituida por un edificio de viviendas. Se ha conservado eso sí, el muro perimetral de piedra que hace de continuo con el resto de construcciones que se encuentran más cercanas al monasterio de Pedralbes, que establece un perímetro de protección urbanística del que la promoción de lujo queda al margen.








Fuente: LA Vanguardia

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