Cada año, 100.000 metros cuadrados de lona cubren el Presena, en el norte de Italia, para mitigar su derretimiento. Foto: Reuters | vídeo: EPV

Un verano más, un equipo italiano protege el Presena, un glaciar situado al norte de Italia, para evitar que se derrita por la llegada de las altas temperaturas. Para ello lo cubren de telas blancas gigantes que mantienen bajo ellas la temperatura del hielo. Desde hace más de 20 años el glaciar no para de derretirse.

Desde 1993 el Presena ha perdido casi un tercio de su volumen. En 2008, cuando comenzó la peculiar actividad de cubrirlo contra el calor, se ha pasado de proteger 30.000 metros cuadrados de hielo hasta los actuales 100.000. «Esta área no deja de mermar, así que procuramos cubrir tanto como podemos de ella», señala a AFP Davide Panizza, el presidente de la compañía Carosello-Tonale, responsable de las maniobras. 

Los revestimientos que emplean son «lonas geotextiles que reflejan la luz solar, mantienen una temperatura más baja que la exterior y, por tanto, preservan la mayor cantidad de nieve posible», explica el técnico. Las labores comenzaron el pasado mes de junio, tiempo después de que acabase la temporada de esquí en la zona, en el límite entre la Lombardía y el Trentino Alto Adigio. La actuación se realiza a una altitud de entre 2.700 y 3.000 metros sobre el nivel del mar.

Las lonas miden 70 metros de largo por 5 de ancho, y se cosen unas a otras para evitar que se muevan. Se fijan con pesados sacos de arena y, una vez instaladas, apenas se distinguen de la nieve y el hielo que cubren. Aunque técnicas similares se aplican también en Austria, la compañía italiana presume de que la superficie que protege en el glaciar italiano es mucho mayor. 

Los glaciares sufren especialmente los efectos del calentamiento global. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) estadounidense citando un estudio estima que, de media, los 42 glaciares que usa como referencia perdieron 921 milímetros al año entre 2010 y 2018, una cantidad muy superior a los solo 228 que perdían al año en los años ochenta.

 

 

 




Fuente: El país

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