Por un instante, los relojes del Barça se pararon. El mundo azulgrana dejó de rotar de golpe en Old Trafford. Leo Messi había caído al césped, cosa poco habitual en él, y al levantar la cabeza la sangre empezó la brotar a borbotones de su rostro. Valverde, en la banda, se temió lo peor, como todo aficionado barcelonista.

En una jugada en el centro del campo, Chris Smalling se había adelantado a Messi en la lucha por el balón con la mala suerte que le golpeó primero con el cuerpo y después con la mano, lo que provocó una brecha en la nariz del argentino. El juego no paró hasta que el Barça tiró la pelota fuera, momento en el que Rocchi autorizó la entrada de los médicos para tratar a la Pulga.





Al cabo de unos momentos, Messi pudo levantarse y abandonó temporalmente el terreno de juego para seguir siendo atendido. De inmediato, los galenos pudieron detener la hemorragia y el argentino pudo regresar al terreno de juego sin aparentes consecuencias, más allá de la herida que le quedó marcada en la nariz.

En el momento en el que sucedió la jugada, el marcador del Manchester United – FC Barcelona, correspondiente a la ida de cuartos de final de la Champions League, reflejaba la ventaja azulgrana gracias al gol que pareció de Luis Suárez pero que la UEFA acabó concediendo a Luke Shaw en propia puerta.

Messi, sangrando en el césped de Old Trafford
(Lluis Gene / AFP)









Fuente: LA Vanguardia

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