La quinta semana del juicio del procés está poniendo el foco en el presunto delito de malversación de los exmiembros del Govern en su preparación del referéndum del 1-O, prohibido previamente por el Tribunal Constitucional. La acusación trata de demostrar que el Executiu de Puigdemont usó fondos públicos para organizar la votación, mientras que las defensas argumentan que la culminación final, ya tras la prohibición, se pilotó al margen de la Generalitat.

En este escenario toman especial protagonismo las 10.000 urnas que sirvieron para votar. Llegadas desde China por barco hasta Marsella, y luego por carretera hasta Catalunya, los cuerpos policiales no lograron encontrarlas en las fechas previas al primero de octubre. Sin embargo, si las hubieran requisado, existía un plan B.

Así lo ha deslizado el exconseller de Cultura Lluís Puig, desplazado a Bruselas, que ha publicado un mensaje en las redes sociales con otra urna de metacrilato junto a las que se usaron el 1-O –de plástico blanco. En ambos casos, con el logotipo de la Generalitat y acompañadas de bridas rojas.

“Parece que había un plan B, con urnas de recambio”, ha escrito el extitular de Cultura en las redes sociales, en un mensaje en el que enfatiza que este supuesto segundo cargamento de urnas tampoco fue hallado por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y defiende que “votar no es delito”.

Este martes por la tarde, el propio Lluís Puig, en declaraciones a Versió RAC1, ha expuesto que le parece “genial” que hubiera “tres, cuatro o hasta cinco planes diferentes para tener las urnas”. “No encontraron las primeras ni las segundas 10.000 urnas, ni las terceras”, agrega, apuntando a un posible plan C.

En todo caso, un Puig que deja claro que no lo puede explicar todo, señala que la urna –del plan B– le llega de forma “extraña” a la puerta de su domicilio. “Lo vi simpático, iba con un manual de instrucciones para montarla parecido al de Ikea”.




Fuente: LA Vanguardia

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