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Un estudio dice que se puede retrasar la menopausia con ciertos alimentos, ¿es cierto? | BuenaVida

Las españolas han alcanzado un nuevo récord en cifras de maternidad: la edad media ha superado por primera vez los 32 años, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística. Cada vez más mujeres optan (o se ven en la tesitura de optar) por una maternidad tardía, lo cual puede tener sus beneficios pero no deja de ser un pulso a la biología.

La carrera contra la menopausia lleva a investigar nuevas vías de retrasar el momento en el que “los ciclos menstruales desaparecen”, como la describe la Clínica Mayo; y recientemente, un grupo de investigadores de Reino Unido ofrecía nuevas expectativas en un estudio del que se han hecho eco numerosos medios internacionales, y en el que observaron que la alimentación puede ser un factor para tener en cuenta. Una dieta rica en legumbres frescas como el guisante verde y pescados grasos retrasaría la llegada de la menopausia, mientras comer arroz y pasta refinados (que no contienen el grano entero, o sea, blancos) podría adelantarla, rezaba.

¿Así de fácil? “La dieta no puede hacer crecer la cantidad de óvulos que tiene una mujer, porque esa cantidad está marcada desde que somos embriones”, matizan Elena Pérez Muñuzuri y Alicia Berdeal, del Instituto Galego de Ginecología del Hospital HM Rosaleda de Santiago de Compostela. “Aunque sí puede propiciar, por ejemplo, que se pierdan menos ovocitos durante la menstruación”.

Los factores externos que afectan al funcionamiento de los óvulos son múltiples y “la dieta no puede cambiar, por ejemplo, el hecho de que se haya consumido tabaco, alcohol o drogas, ni tampoco el paso de los años [o la mala alimentación]”, añaden. “Precisamente, el paso del tiempo es el factor más importante, porque desestabiliza el ADN del óvulo y produce riesgos en el embrión futuro”.

¿Cuántas hortalizas y pescado habría que comer?

Para este estudio, publicado en Journal of Epidemiology and Community Health, se emplearon los datos de 9.027 mujeres de entre 40 y 65 años, a las que los investigadores siguieron durante cuatro años. Recogieron datos detallados de su dieta prestando atención a 217 alimentos, la frecuencia con que los consumían y el tamaño de las porciones. A lo largo del estudio se excluyó a las mujeres que quedaron embarazadas, a las que usaban terapias de reemplazo hormonal y a las que se les había inducido la menopausia. En total, 914 mujeres llegaron a la menopausia de forma natural (lo hicieron de media a los 51 años) y son sus datos los que se contemplaron en el estudio.

Para retrasar un año la menopausia natural bastaría con comer legumbres frecas o judías verdes tres veces a la semana; unas seis raciones de pescado azul para hacerlo tres años

Después de realizar ajustes estadísticos en base a su índice de masa corporal, factores socioeconómicos, tabaquismo, consumo de alcohol y otras variables, aislaron una información que puede resultar relevante para futuras investigaciones: las participantes que incrementaban en 71 gramos diarios su consumo de legumbres frescas como guisantes verdes, legumbres en vaina y hortalizas como las judías verdes, lograron retrasar la menopausia en torno a un año, y tres cuando se consumían 85 gramos más de pescados grasos.

No es que la menopausia natural se vaya a retrasar ad eternum por cada 70 gramos que se añadan de guisantes. Iva Marques, dietista-nutricionista de la Academia Española de Nutrición y Dietética, explica la forma correcta de leer los resultados: “En el caso de las legumbres frescas, si la persona ya toma 70 gramos diarios no tiene que añadir más. Esas cantidades de consumo se obtienen de dividir la ingesta total de la semana entre los siete días. Esto quiere decir que los beneficios que observa el estudio [de un año de retraso de la menopausia natural en el caso de las legumbres frescas] se obtendrían con 490 gramos semanales; lo que en porciones habituales equivale a comer tres veces a la semana este tipo de productos“.

Otros estudios relacionan el vegetarianismo con una menopausia natural más temprana

En el caso del pescado azul, el estudio halla beneficios cuando se consumen entre cinco y seis raciones por semana, aunque la cantidad recomendada, recuerda Marques, se sitúa en las dos a tres raciones semanales de esta clase de pescado. Y, ¿por qué estas legumbres y hortalizas? “Los autores argumentan que estos alimentos en concreto poseen un potencial antioxidante que podría frenar el envejecimiento folicular”, explica Marques.

Sin embargo, la relación no está clara. La autora cita en su estudio investigaciones anteriores con resultados contradictorios. Una investigación publicada en la American Journal of Epidemiology concluía que el vegetarianismo estaba relacionado con una menopausia natural más temprana.

La dieta vegetariana, alta en fibra y sin grasas animales, encontró un estudio publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, “puede afectar a los niveles de la hormona luteinizante, la encargada de estimular los folículos y de controlar la duración del ciclo menstrual”. Y otras investigaciones han observado que “una dieta con alto contenido en fibra y baja en grasas se relaciona con niveles bajos de estrógenos, lo que también explica que se adelante la edad natural de la menopausia entre las vegetarianas”.

El reverso de los estudios observacionales

La importancia de esta investigación, remarcaba en The New York Times la autora principal de la investigación, Yashvee Dunneram, doctoranda en la Universidad de Leeds (Reino Unido), es que se trata de la primera en el país en buscar una relación entre la dieta y la edad en la que las mujeres tienen la menopausia. Pero advertía que “se trata de un estudio observacional”. Es decir, que la causa-efecto se observa estadísticamente, no en laboratorio; algo inevitable —junto con las pruebas en animales— cuando se analizan factores de riesgo de enfermedades que afectan gravemente a la salud de las personas. “Hacen falta más estudios”, añade.

Es en este punto donde Eduard Baladia, dietista-nutricionista del Centro de Análisis de la Evidencia Científica de la Academia Española de Nutrición y Dietética (CAEC-AEND), matiza los resultados: al tratase de un estudio observacional, en el que los datos de los alimentos que se ingerían los aportaban las propias participantes (autorreportados), y las evaluaciones se realizaban una vez al año —”en un año una persona puede hacer muchas modificaciones dietéticas”, apunta—, “es posible que la asociación observada se deba a otros factores no conocidos y no controlados“.

Retrasar la menopausia no tiene por qué ser algo bueno (y el tratamiento sustitutivo puede encerrar riesgos)

Los hallazgos de este primer acercamiento al tema afectarían no solo a la fertilidad: “Estudios anteriores sugieren que una menopausia temprana está relacionada con una menor densidad ósea y un riesgo mayor de enfermedades cardiovasculares”, según detalla el resumen de la Universidad de Leeds; “mientras que una menopausia tardía se asocia a mayor riesgo de cáncer de mama, ovario y endiometrio”.

“Retrasar un año la menopausia, ¿evitará fracturas osteoporóticas?”, se pregunta Baladia, “¿hará que se produzcan menos eventos cardiovasculares?”. Es lo que apunta el estudio aunque no lega a evaluar estas consecuencias. Para las ginecólogas del Instituto Galego de Ginecología del Hospital HM Rosaleda de Santiago de Compostela hay algo de lo que no cabe duda: “Retrasar la menopausia incrementa el riesgo de sufrir patologías como cáncer de ovario o de mama”.

Según Jan Tesarik, ginecólogo especializado en fecundidad y director de la Clínica MARGen, “hay varios programas de investigación en marcha para paliar los efectos de la menopausia sobre la salud general de la mujer. Aunque el tratamiento hormonal sustitutivo puede mejorar algunos de los síntomas de la menopausia (sequedad vaginal, dolor en el coito, cambios emocionales y metabólicos…), conlleva a su vez otro tipo de riesgos: “Incrementa el riesgo de tumores de endometrio y de mama o de alteraciones tromboembólicas, hepáticas y de la vesícula biliar”.

Dos nuevos tratamientos (aún en desarrollo)

Como alternativa, “se está contemplando la posibilidad de realizar implantes de pequeños trozos del tejido ovárico en sitios heterotópicos —es decir que son atípicos para el tejido que se injerta—, por ejemplo bajo la piel del vientre o del antebrazo. Estos pequeños implantes podrían resultar suficientes para frenar los efectos negativos de la menopausia sobre la salud general de la mujer y, al mismo tiempo, evitar la terapia hormonal sustitutiva”.

Otra línea de investigación, añade Tesarik, “contempla el uso de preparaciones hormonales para frenar el desgaste de óvulos en los ovarios y así retrasar la menopausia y alargar la vida fértil de la mujer. Ambos proyectos son ambiciosos pero necesitarán aún algún tiempo para realizar los trabajos de investigación previos a su aplicación clinica”.

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Fuente: El país

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