Hasta ahora nunca se había tenido en cuenta. Lo más habitual era atender a factores como los medios de comunicación, los amigos y la familia. Investigadores de la Western University y la Ohio State University han detectado, sin embargo, que el consumo de pornografía actúa como fuente de presión sobre la imagen corporal de las mujeres, lo que puede derivar en un trastorno alimentario.

El estudio, publicado en la revista International Journal of Eating Disorders
, evaluó las actitudes de 409 mujeres norteamericanas con respecto a la alimentación y su apariencia, junto con toda una serie de factores personales que incluían su percepción sobre el uso de la pornografía por parte de su pareja masculina.






El estudio evaluó las actitudes de 409 mujeres con respecto a la alimentación y su apariencia

“No decimos que sea una causa directa. Todos los datos son correlacionales“, afirma la profesora de psicología Rachel Calogero, coautora de la investigación. “Lo que observamos fue una constelación de variables ambientales relacionadas con los desórdenes alimentarios. Nos interesaba saber dónde se superponían estas variables y dónde se explicaba de forma independiente el comportamiento alimentario disfuncional“, añade.

El análisis, que se centra en los trastornos de adolescentes y mujeres jóvenes, considera que la influencia de los hombres ha sido poco estudiada, particularmente entre las mujeres adultas. Por eso sometieron a las voluntarias a un cuestionario anónimo en el que se les preguntaba por sus desórdenes alimentarios, la percepción de delgadez de sus parejas masculinas y la interiorización del ideal de belleza.


El análisis entiende que la influencia de los hombres ha sido poco estudiada, particularmente entre mujeres adultas

Los resultados obtenidos por Calogero y la psicóloga Tracy Tylka (Ohio State University) muestran que el consumo de porno es un factor singularmente conectado con este tipo de trastornos. “Cuando una mujer se da cuenta de que su pareja sexualiza a las mujeres a través del porno, puede generar resultados negativos, incluso si ella no manifiesta una preocupación al respecto”, apuntan.

”Esto tiene consecuencias posteriores para algunas mujeres”, indica Calogero. Uno de los principales efectos puede ser el esfuerzo que realicen estas personas para cumplir los estándares corporales que percibe que su pareja valora y desea.






Los resultados muestran que el consumo de porno es un factor singularmente conectado con estos trastornos

”A estas mujeres, estén o no preocupadas (por el consumo de pornografía), les hace pensar en la forma y el peso de su cuerpo. Y eso acaba influyendo en las medidas que toman respecto a la comida y el control de su apariencia“, concluye.

La profesora de la Western University reconoce que ”entretejido en el paisaje cotidiano” aparecen multitud de meneajes que cosifican a las mujeres sugieriendo que las más sexys y populares son delgadas y tonificadas. “Solo falta ir por la autopista y ver un cartel para saber que esto es un problema“, añade.


Acaba influyendo en las medidas que toman las mujeres respecto a la comida y el control de su apariencia









Fuente: LA Vanguardia

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