La población de cabra montés del Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama (5.000 según el último censo de 2018) y sus alrededores se han librado, al menos de momento, de la caza de 2.700 ejemplares que tenía previsto el plan de gestión de la especie que la Comunidad de Madrid presentó en 2016. La sala de lo contencioso-administrativo del Tribunal de Justicia de Madrid (TSJM) ha declarado su nulidad debido a que el documento no fue sometido a información pública, evitando que los ciudadanos y organizaciones interesadas pudieran expresar sus opiniones y observaciones al respecto. El plan, que ya estaba suspendido por una denuncia del partido animalista PACMA, se cae así de forma definitiva.

La Consejería de Medio Ambiente sigue convencida de que la mejor forma de controlar al bóvido, una especie cinegética no protegida que carece de depredadores naturales, es su captura. «Vamos a presentar el mismo plan, pero actualizado y se someterá a información pública», ha asegurado hoy un portavoz de la consejería.

La actuación anulada preveía la captura del 68% de la población en cinco años, que en aquel momento era de 4.000 ejemplares, y reducirla a 1.300. Se trataba de “extraer” a entre 500 y 700 cabras al año hasta 2020. La mayor parte, el 90%, se cazarían con armas de fuego, y el 10% restante se capturaría en vivo siempre que algún coto u otra institución demandase ejemplares.

La cabra montés se ha reproducido en la sierra madrileña sin ningún control desde que se reintrodujeron 67 ejemplares entre 1989 y 1992 en el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. Al carecer de depredadores naturales, la población actual se ha disparado y está provocando daños en la vegetación, además de desplazar a otras especies de fauna, asegura el Gobierno regional. El cálculo del año pasado contabilizó a 4.500 ejemplares que viven en el entorno de Cuerda Larga y 500 en los Montes Carpetanos.

El Partido Animalista insta a las autoridades a poner en marcha sistemas de control éticos y compatibles con los derechos de los animales.»Si no estuviéramos pendientes, las cabras ya estarían muertas, nosotros no entendemos que se resuelvan los problemas a tiros», denuncia Silvia, presidenta de PACMA. Su grupo sostiene que «es posible facilitar la expansión natural y dispersión de las cabras, el empleo de métodos anticonceptivos, el traslado de los animales a hábitats similares o el respeto y la protección de las poblaciones de depredadores como los lobos». Esta sentencia demuestra, en su opinión: «una patética y ausente gestión medioambiental del territorio y de la fauna silvestre».

 

 

 

 

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Fuente: El Pais

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