Hay un nuevo símbolo, “17 + 2”, acompañado del emoji de un corazón roto o de una cara en llanto.

La alargada sombra de dolor que provocó el AR-15, el rifle semiautomático de guerra que en Estados Unidos se comercializa como cosa recreativa, se sigue cerniendo sobre Parkland.

Más que hablar de que esa zona de Florida vuelve a afligirse –todavía siguen sumidos en la pena–, el término correcto sería se recrudece la aflicción. En el margen de sólo una semana, dos supervivientes de la matanza del día de San Valentín en la Marjory Stoneman Douglas High School se han suicidado, al parecer ambos con arma de fuego.






El domingo se cumplió el primer aniversario de “la marcha por nuestras vidas” contra las armas

El 14 de febrero del 2018, un exestudiante, Nikolas Cruz, entró en las dependencias del instituto y disparó a discreción. Murieron 14 colegiales y tres profesores.

Las alertas saltaron este fin de semana. El domingo se cumplió el primer aniversario de “la marcha por nuestras vidas” que estos estudiantes organizaron en Washington y que provocó una movilización en muchas otras ciudades, e incluso a nivel mundial, como protesta en contra de la violencia generada por las armas.

Nikolas Cruz, ante un tribunal el viernes
(Reuters)

Es una de las peores epidemias que sufre Estados Unidos, en gran medida por la tolerancia de los políticos. Hillary Clinton afirmó ante la supuesta ampliación de la tragedia de Parkland que “nada se merece el tremendo coste que nuestros jóvenes soportan debido a nuestra inacción con las armas”. El sábado fue hallado muerto en Coral Springs un menor, de 16 años, que era estudiante del primer curso de bachillerato – freshman – cuando la masacre y que ahora estaba en su segundo año – sophomore –, en el mismo centro. La policía consideró que la causa del fallecimiento era suicidio.





Al día siguiente, Robert Runcie, superintendente de las escuelas del condado de Broward, del que forma parte Parkland, se encargó de difundir la noticia en su Twitter y la causa. Escribió que tenía “la sensación de que un gran hombre joven” (no se dio el nombre) se había quitado la vida, después de visitar a su desconsolada familia.

“A raíz de los dos suicidios que han conmocionado esta comunidad –añadió Runcie a última hora–, padres y representantes de diferentes organizaciones del condado nos reunimos hoy para analizar cómo podemos ayudar a los estudiantes que sufren depresión y trauma”.


También se cree un suicidio la muerte del padre de una niña fallecida en la escuela Sandy Hook

Otra adolescente, Sydney Aiello, de 19 años, que se graduó recientemente en la Stoneman Douglas, también se quitó la vida justo el sábado anterior. Así lo reveló su madre, Cara Aiello, en la cadena CBS. La madre aseguró que su hija acababa de recibir un diagnóstico de trastorno por estrés postraumático.

También explicó que Sydney sufría la denominada culpa del sobreviviente, después de ver como moría en aquel ataque una de sus mejores amigas, Meadow Pollack.

Los expertos en salud mental avisaron de que no se deben sacar conclusiones con rapidez. Sin embargo, en esa área de sur de Florida de inmediato se vincularon estas dos muertes con el contexto de los 17 difuntos de la matanza.






Lo que temíamos que sucediera ha sucedido”



“Lo que temíamos que sucediera ha sucedido”, tuiteó Ryan Petty, que perdió a su hija Alaina en aquel tiroteo. Petty creó una fundación para concienciar sobre la necesidad de prevenir los suicidios a rebufo de estas experiencias traumáticas. En su red social escribió “17 + 2”, con una cara entre lágrimas por las pérdidas.

Eso mismo expuso David Hogg, pero incluyó un corazón roto. Hogg es uno de los que, tras sobrevivir al ataque, se hizo activista. “¿Cuántos chicos más han de morir por suicidio a falta de acción del gobierno y del distrito escolar?”. Esta fue su pregunta.

El asunto es de largo recorrido. A Jeremy Richman, de 49 años, lo hallaron muerto ayer. Posible causa: suicidio. Su hija, Avielle, de seis, es una de las 20 criaturas que murieron en el tiroteo de la escuela Sandy Hook (Connecticut), en el 2012.


¿Cuántos chicos más han de morir por suicidio a falta de acción del gobierno y del distrito escolar?”











Fuente: LA Vanguardia

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