Donald Trump pidió insistentemente al presidente ucranio, Volodymyr Zelensky, que investigase a su principal rival político del momento, el demócrata Joe Biden, y al hijo de este, Hunter Biden, por sus negocios en Kiev, en una conversación telefónica mantenida el pasado 25 de julio. En esa conversación, el mandatario neoyorquino señaló repetidas veces que hará que su abogado personal, Rudy Giuliani, y el fiscal general de Estados Unidos, William Barr, le llamen. “Y llegaremos al fondo del asunto”, dice. Así consta en la transcripción de esa charla hecha pública este miércoles por orden del propio Trump al día siguiente de que los demócratas hayan activado la investigación formal para un impeachment o destitución a raíz de este último escándalo.

Se está hablando mucho del hijo de Biden [Hunter Biden, que tenía negocios en Ucrania mientras su padre, el demócrata Joe Biden, era vicepresidente con Barack Obama], que Biden detuvo la investigación y mucha gente quiere saber sobre eso, así que lo que puedas hacer con el fiscal general [de EE UU] será genial. Biden fue por ahí fardando de que había detenido la investigación, así que si puedes mirar eso… Suena horrible para mí, dice en un momento de la charla. “Haré que Giuliani te llame y también que el fiscal general te llame y llegaremos al fondo del asunto. Estoy seguro de que lo resolverás”, afirma hacia el final de esa charla, para acto seguido rematar: “Vuestra economía va a ir mejor de lo que yo predije”.

El contenido de esa conversación, un memorando elaborado por el personal de inteligencia que acaba de ser desclasificado, será una de las principales armas de los demócratas para poner en marcha la maquinaria del impeachment. Trump insiste en que sus comentarios no suponen presiones, pero la forma en que aborda el asunto, ofreciendo la colaboración de su abogado personal, del propio Departamento de Justicia, y la reiteración son dinamita política, independientemente de dónde desemboque el asunto.

Para buena parte de la oposición es evidente la maniobra de influencia sobre un Gobierno extranjero con el fin de perjudicar las posibilidades electorales del exvicepresidente de Barack Obama, este verano claro favorito en las encuestas de las primarias demócratas.

El presidente ucranio, además, se muestra complaciente con el presidente del país más poderoso del mundo y tampoco sale bien parado de la publicación de sus palabras. Cuando Trump se queja del trabajo del fiscal anterior, que no halló motivos para procesar a Hunter Biden, Zelensky responde: “Estoy al corriente de la situación. Como hemos ganado la mayoría absoluta en el Parlamento el próximo fiscal general será 100% mi persona, mi candidato.

El presidente ucranio ha tratado de salir al paso bromeando sobre las presiones: «La única persona que puede presionar es mi hijo, que tiene seis años”, dijo a un grupo de reporteros, según recoge Reuters. “Nadie puede presionarme porque soy el presidente de un Estado independiente”, recalcó.

Un elemento crítico de este caso consiste en si Trump usó las ayudas estadounidenses a Ucrania como un mecanismo de presión. La Administración tenía retenidos más de 200 millones de dólares cuando tuvo lugar esa conversación, aunque se acabaron entregando en septiembre. En ningún punto de la charla aparece dicho asunto, si bien el mandatario estadounidense resalta desde el principio de la conversación todo el “esfuerzo y el tiempo invertidos” en su país.

Este caso ha supuesto el detonante final para convencer a los demócratas más recelosos de la necesidad de impulsar un proceso de impeachment contra Trump. Se trata de un proceso muy complejo, que difícilmente prosperará con el Senado de mayoría republicana, y que en ocasiones tiene un efecto boomerang contra el partido que lo pone en marcha, como demostró el proceso abierto contra Bill Clinton en 1998 (el presidente demócrata acabó ganando popularidad) a raíz del caso Lewinsky.

Trump ha reaccionado como lo hizo con la trama rusa, declarándose víctima de una “caza de brujas”. El fiscal especial de este caso, Robert S. Mueller, confirmó la injerencia del Kremlin en las elecciones presidenciales de 2016, con el objetivo de favorecer la victoria del republicano frente a la demócrata Hillary Clinton, pero no halló pruebas de colusión por parte del magnate neoyorquino o su entorno. Tampoco fue concluyente sobre si veía un delito de obstrucción a la justicia, alegando las limitaciones jurídicas de procesar a un presidente en ejercicio, y señaló que era el Congreso el que puede llevar a cabo un proceso de este tipo, gracias a esa destitución previa.




Fuente: El Pais

A %d blogueros les gusta esto: