Pasadas las 12 del mediodía Trump entró en la sala Este de la Casa Blanca al son del triunfal Hail to the president, el himno personal de los presidentes de Estados Unidos. Levantó la portada de The Washington Post con el titular ‘Trump, absuelto’ como un trofeo y dio un discurso que mezclaba la euforia con la sed de revancha. “Hemos pasado por un infierno de forma injusta”, dijo al principio de su intervención, ante miembros de la Administración, legisladores republicanos, familia y seguidores. “Fue malvado”, continuó, “fueron policías sucios, filtradores y mentirosos”.

La Cámara de Representantes, de mayoría demócrata, impulsó el pasado septiembre el tercer proceso de impeachment a un presidente de la historia de Estados Unidos a raíz de un escándalo de presiones a Ucrania por parte de Trump en busca de su beneficio electoral. El miércoles, el Senado, donde se desarrolla el juicio en sí, absolvió al mandatario gracias a la mayoría republicana que lo arropa, con la excepción del senador de Utah Mitt Romney, que votó junto los demócratas a favor de destituirle.

Este jueves Trump se burló de Romney, tachó de “llorón” al líder de los demócratas en el Senado, Chuck Schumer, y acusó al presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Adam Schiff -que ha ejercido de fiscal y punta de lanza demócrata en este juicio-, de haberse “inventado” la conversación entre el presidente estadounidense y su homólogo ucranio, Volodímir Zelensky. El contenido se esa llamada a la que se refiere, en realidad, fue hecho público por la propia Casa Blanca el pasado septiembre, cuando estalló el caso, e hizo evidente que el norteamericano pidió a Zelensky esas investigaciones.

“Esto es una celebración”, dijo, en otro momento, el presidente. Verídico. El magnate que llegó a la Casa Blanca procedente de los programas de telerrealidad convirtió el discurso posterior a la crisis institucional más grave de su mandato en su particular fiesta. Abrazó a su hija Ivanka, hizo salir a su esposa, Melania, imitó voces de políticos, bromeó con sus legisladores. Puro Trump.

También hizo afirmaciones falsas con relación a la llamada trama rusa, la injerencia de Moscú en las elecciones de 2016 con el fin de favorecer la victoria de Trump frente a su rival demócrata, Hillary Clinton. “Rusia, Rusia, Rusia”, espetó el presidente, “y luego era todo un mentira podrida”. Tanto la justicia como los servicios de inteligencia estadounidenses han confirmado las interferencias del Kremlin, al igual que la investigación independiente del fiscal especial Robert S. Mueller. Lo que Mueller no halló es pruebas para acusar a Trump o su entorno de colusión con Rusa en esta estratagema. Tampoco se pronunció sobre el posible delito de obstrucción a la justicia alegando la limitación constitucional de procesar a un presidente.

El impeachment a ha terminado, pero la hostilidad política, no. El republicano ha apuntado maneras para lo que viene el resto de este año electoral. El efecto boomerang de un juicio político contra Trump, la estrategia de revancha que el magnate neoyorquino podía aplicar tras la esperada absolución, siempre estuvo presente en los cálculos de los demócratas a la hora de impulsar un proceso semejante.

Pero un impeachment, diseñado por los padres de la Constitución para poder destituir a presidente en caso de delitos o faltas graves, no debe, en justicia, decidirse en función de intereses electorales. Ni a la hora de impulsarlo ni de frenarlo. La prudencia de demócratas como Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes y tercera autoridad de la nación, tocó techo al asomar el caso ucranio el pasado septiembre, con una llamada telefónica como pistola humeante y varios testimonios de calado. Pelosi lo resumió así: “No nos ha dejado otro remedio”.

Este jueves todavía coleaba la polémica por la hostilidad que exhibida en el discurso del estado de la Unión, el martes en el Congreso. Pelosi rompió la copia de la intervención del presidente en público, aún en la tribuna, un gesto muy polémico. La veterana demócrata argumentó que se trataba de un “manifiesto de mentiras”. También señaló que, independientemente del veredicto, el republicano “está imputado políticamente para siempre, no importa lo que diga o los titulares que muestre”. “Nunca se va a sacar esa cicatriz y la historia siempre le recordará que fue imputado por socavar la seguridad de nuestro país», añadió.

La popularidad de Trump, aunque baja, se encuentra se encuentra en el nivel máximo de su presidencia (49%). No está claro el efecto que este juicio político va a tener en el ánimo de los electores.




Fuente: El Pais

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