El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha firmado este miércoles una orden ejecutiva que prohíbe a las empresas estadounidenses utilizar dispositivos elaborados por compañías que puedan suponer “un riesgo para la seguridad nacional”.

Asimismo, Trump ha declarado la emergencia nacional, un movimiento que le dota de la autoridad para regular el comercio con las empresas que puedan suponer una amenaza para el país, como podría ser el caso de la multinacional china Huawei.

A través de un comunicado difundido por la Casa Blanca, el mandatario estadounidense justifica su decisión en los ataques recibidos por “adversarios extranjeros” que tratan de “explotar debilidades en los sistemas de información y comunicación” de su país.





En este sentido, Trump ha explicado que esta amenaza existe por el uso personal de dispositivos o servicios ofrecidos por aquellas empresas que tratan de llevar a cabo un espionaje centrado en la economía y la industria de los Estados Unidos.

”Aunque mantener un clima de inversión abierto es importante para el crecimiento y la prosperidad de la economía de Estados Unidos, dicha apertura debe estar equilibrada con la necesidad de proteger a nuestro país contra esta amenaza”, ha zanjado.


La batalla por el control del 5G

En la práctica, la orden ejecutiva de Trump agudiza la batalla por el control de las redes 5G. EE.UU. lidera una campaña global para impedir que las compañías chinas, como Huawei, se hagan con el control de las redes 5G, que permiten navegar por internet con mucha más velocidad y podrían facilitar el desarrollo de vehículos autónomos y técnicas para hacer cirugía por control remoto.

Huawei ha conseguido situarse a la cabeza del desarrollo de la tecnología 5G, algo que Washington ve con preocupación porque teme que Pekín aproveche esos sistemas para el espionaje.

Un funcionario estadounidense que solicitó el anonimato aseguró a la prensa que la orden ejecutiva no está relacionada con la escalada en la guerra comercial con China.

El pasado viernes, Washington comenzó a aplicar una subida de aranceles del 10 al 25 % a importaciones chinas por valor de 200.000 millones de dólares, a lo que Pekín contestó este lunes con otro incremento del 10 al 25 % en los impuestos a las importaciones estadounidenses, valoradas en 60.000 millones de dólares.








Fuente: LA Vanguardia

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