Donald Trump ha anunciado este lunes la imposición de sanciones al líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, y ocho mandos militares, en un paso más por endurecer el cerco económico sobre el régimen y forzar una negociación. El presidente de EE UU advirtió el sábado que prefería intensificar la presión de las penalizaciones, frente a una intervención militar, después de anunciar a bombo y platillo que había estado a punto de lanzar un ataque el pasado jueves que hubiese costado la vida a 150 personas, una revelación que también funciona como amenaza.

Las sanciones cortan el acceso de Jamenei a recursos financieros bajo jurisdicción estadounidense y suponen la primera represalia de Washington después del derribo de un dron estadounidense por parte de Irán la semana pasada. «El líder supremo es el responsable último por la actitud hostil del régimen», ha dicho el republicano este lunes en la Casa Blanca cuando firmó la orden ejecutiva de las penalizaciones. Estas establecen no solo que cualquier activo bajo jurisdicción etatdounidense queda bloqueado, sino que las instituciones financieras de otros países que faciliten alguna operación significativa a los individuos incluídos pueden ser expulsados del sistema financiero estadounidense, básico para cualquier entidad.

El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, advirtió de que la medida va mucho más allá de lo simbólico y supone el bloqueo de decenas de miles de millones de dólares. «Seguiremos incrementando la presión sobre Teherán hasta que el régimen abandone sus aspiraciones y actividades peligrosas, incluído la búsqueda de armas nucleares, el enriquecimiento de uranio, el desarrollo de misiles balísticos, apoyo al terrorismo», dijo el presidente de EE UU.

El recorrido de la estrategia de sanciones no es infinito. La oleada previa ya supone al entragulamiento económico del país: la prohibición total de la compra de petróleo iraní decidida en abril -al suprimir la exención de los pocos países que quedaban libre de ese veto- y el castigo en mayo al sector de metales industriales, que es la segunda mayor fuente de ingresos por exportaciones después del crudo. La cuestión es dónde se encuentra el límite de la resistencia iraní, que también es finita.

Trump persigue que Irán se siente a la mesa de negociar un nuevo pacto nuclear, una vez que el republicano decidió romper el firmado en 2015, durante la Administración de Barack Obama, por considerar que simplemente daba oxígeno económico al régimen iraní, por la paralización de la sanciones, sin renunciar de veras a su programa nuclear. La salida de EE UU tuvo lugar hace algo más de un año, pero las otras potencias firmantes (Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia y China) permanecieron en el acuerdo. Aun así, Teherán advirtió el pasado mayo que pensaba «reducir su compromiso» de cumplimiento en respuesta a las presiones estadounidenses.

El clima no ha dejado de empeorar en todo este tiempo. En Washington, el ardor guerrero de los halcones como el secretario de Estado, Mike Pompeo, o el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, convive con un presidente que llegó al cargo con el lema de “América primero” y advirtiendo de que reduciría al mínimo las intervenciones militares.

De momento, se está imponiendo la estrategia de golpear al régimen a base de sanciones, pese al episodio del pasado jueves (madrugada del viernes en Irán) cuando, según el testimonio del propio Trump, frenó un ataque contra Irán a tan solo 10 minutos de comenzar la operación porque, al preguntar el número de posibles fallecidos, un general le respondió que serían 150 y le pareció una represalia desproporcionada al derribo de un dron no tripulado, es decir, que no se cobró la vida de ningún soldado estadounidense.

El incidente suponía, no obstante, lluvia sobre suelo ya mojado. La Administración de Trump culpa a Irán de dos series de explosiones sobre buques petroleros en el Estrecho de Ormuz, lo que encendió esta fase de tensión. Los aliados europeos temen un conflicto en la zona del Golfo. El presidente francés, Emmanuel Macron, anunció este lunes que aprovechará la cumbre del G-20 a finales de esta semana en Japón para abordar el asunto en una reunión con Trump, quien hasta ahora no va de la mano de nadie.




Fuente: El Pais

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