Llega bastante más tarde de los 10 minutos de cortesía, pero se le perdona todo porque envía mensajes cada cinco minutos disculpándose por tardar otros cinco y porque, cuando aparece por fin, lo hace al trote y casi se mata al trabarse con sus propias cuñas. Un vestido de flores y un sombrero y bolso de paja completan su atuendo en uno de esos días de calor asfixiante en Madrid. Pareciera que viene de la playa, pero no, claro. Viene de hacer mil cosas y se va a otras mil, en un sofisticado remedo de Maite Soldevilla, su estresadísimo personaje en Señoras del (h)AMPA. Antes, deja pagada la ronda por el retraso.

¿Qué lleva hoy en el maletero?

Uy, pues así, que recuerde, crema solar, toallas y gorros para la piscina, un rollo de papel pintado, porque estoy reformando una habitación de casa, libros para devolver, una bolsa con un regalo para una amiga que iba a cambiar pero me ha caducado el tique y voy a tener que quedarme… Poca cosa.

Lo digo porque los guionistas de ‘Señoras…’ dicen haberse inspirado en él para escribir la serie.

El día que lo vieron había vestidazos de noche para devolver a una firma que me los había prestado, un disfraz de palomita gigantesca para mi hija, tápers varios, un zoco. Las madres llevamos la vida en el maletero: tiramos del carro y no nos quejamos. Ellos fliparon y dijeron: ‘Por qué no homenajeamos a esas tías que pueden con todo’. Eso, dramáticamente, es muy atractivo. Lo mezclaron con un asesinato, y les salió una bomba, claro.

¿La realidad es tan divertida?

La conciliación es una entelequia. Cuando tomé la decisión de ser madre sabía que tenía que renunciar a cosas. Cuando escucho a alguna decir eso de ‘mi vida no va a cambiar’, pienso: mal vas. Tu vida cambia, y mucho. Yo no me caí del caballo, pero ahora que se oye tanto lo de luchar por Madrid Central también te digo que quizá mi lucha tenga que ver más con lograr la conciliación real. Estamos solas, y solos, en esto.

¿Sentimiento de culpa de madre trabajadora?

Todo. Yo creo que a las mujeres nos ponen ya en el hospital, como a las vacas cuando paren, el sello del sentimiento de culpa. Yo lo tengo, pero también me lo trabajo con cosas prácticas. El de diario, escapándome una hora a yoga, o a la manicura. El de las giras, ya me lo como llorando sola en el hotel o el camerino.

¿Se tolera más a un padre que a una madre ausente?

Absolutamente. Yo soy divorciada, pero con un padre de mis hijos que ejerce como tal y con el que siempre cuento. He escuchado a tías justificar a un padre desaparecido tras una ruptura diciendo: ‘Es que eran tres muy seguidos y se agobió, el pobre’. ¿Perdona? Una tía no se puede agobiar, una tía tira para adelante.

A veces, son los hijos quienes nos reprochan esas ausencias.

Los míos son más amables, de momento. La pequeña, de 10, me recuerda que no he estado en algún cumpleaños, y lo saca cuando le interesa, pero eso hay que saber manejarlo. Intento imprimirles la idea de que, aparte de lo que hago en casa, tengo un trabajo donde se me reconoce y valora. Quiero imprimirles ese orgullo de «mamá trabaja, y mola». Y me está funcionando. De momento.

Y luego está la presión propia y ajena por parecer joven.

Mira, de eso paso. Creo que las mujeres de más de 40 años estamos haciendo mucho bien por el cambio de los roles de belleza. Nos vestimos como nos da la gana, nos operamos o no, hacemos lo que queremos sin renunciar a nuestro pasado. Creo que todo lo que hemos peleado por hacerlo todo nos está dando una recompensa, y es que se empieza a reconocernos como referentas.

¿’Refequé’?

Jaja. En la serie tengo compañeras jóvenes, y me dicen, ‘Toni, qué maravilla, una prota de tu edad’. Entonces, me siento un poquito referenta, sí. La mediana edad es la mejor. Si te va bien, lo disfrutas; y si te va mal, te perdonas. Es una edad en la que por fin estás en paz. Hoy soy la mujer que quería ser. Aunque viniera un genio a concederme un deseo, no volvería a tener menos de 40.

Y les gusta a los jóvenes. ¿Le sorprendió eso tras su divorcio?

Pero bueno: muchísimo. Ahora mismo, viniendo para acá loca perdida, va y me para uno, y le he dicho: ‘Pero chaval, tú dónde vas, que eres muy chico’. Criaturita.

La veo empoderadísima.

¿Sabes que lo de empoderada no me gusta? Y no me gusta porque me suena a individualismo, y yo en lo que creo es en el grupo, en las amigas, en las hermanas, en la relación madre e hija cuando te reconcilias con ella. En España no somos mujeres empoderadas, aún no. Igual hay dos o tres. Pero mírame, yo he venido aquí corriendo porque ni llego ni alcanzo, y corriendo me voy ahora.




Fuente: El Pais

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