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Tomatito y Michel Camilo: Dos genios de dos orillas


Ellos lo describen como un trabajo «romántico», que sería más apropiado para interpretarse en un club lleno de humo que nada menos que en el muy noble Teatro Real. Michel Camilo y Tomatito presentan la tercera parte de su saga «Spain» (2000), «Spain Again» (2006) y «Spain Forever» (2017) en el coso madrileño, un disco que contiene baladas rítmicas, clásicos de varias épocas, temas de jazz «manouche» y, sobre todo, la amistad de dos intérpretes que ya llega a los 18 años de duración. También lo presentan hoy en el Festival Porta Ferrada (Sant Feliu de Guíxols) y mañana en La Mar de Músicas (Cartagena). «Es un disco optimista, alegre, positivo», dice Tomatito, que nunca se ha cerrado a explorar diversas sonoridades desde el flamenco, que es su léxico de cuna. «Tanto Michel como yo somo inquietos y mantenemos una fuerte exigencia musical, tanto de calidad como de variedad de conocimiento», asegura, aunque, al segundo, matiza: «Yo practico mucho con la guitarra para mantener la calidad del toque pero no te imaginas lo harto que estoy. De tocar y de viajar. Es una condena de la que nunca te puedes liberar. De gira, tocas, y en casa, tocas más», suelta el genio de la guitarra con una naturalidad desarmante.

Incompatibilidades

Hace 17 años, cuando llevaron a cabo su primera colaboración en el Festival de Jazz de Barcelona, ya sabían que la guitarra y el piano son malos compañeros para un dúo de jazz. Nadie lo había logrado con éxito antes, se pensaba que era imposible hacer encajar las sonoridades de esos instrumentos. «Por los registros –apunta el guitarrista–. Porque la serie de armónicos es diferente y decían que por eso guitarra y piano no se iban a entender bien. Nosotros hemos logrado que, incluso cuando hacemos un unísono, cada cosa esté en su sitio, que los instrumentos se encuentren sin perder su sitio, sin ocupar el del otro. No es fácil pero sí es importante. Que cada uno pueda escucharse por separado. Para llegar a ese punto hay que estar muy compenetrados física y mentalmente y pienso que en el pasado había más miedo que otra cosa a intentarlo». La clave está en la amistad, que es esa relación que se establece entre iguales, pensando en el otro en cada decisión o más bien actuando por los dos, que es exactamente la receta que hay que seguir en el escenario para que el número funcione. «He aprendido que si yo hago menos, es más para el tema. No quererse lucir. Se trata de centrarse en lo que necesita la canción», comenta Tomatito, que sigue una máxima contradictoria: «El mejor músico es el que no toca». Se explica: «Si tocas poco, aunque no seas el protagonista, el conjunto sonará de maravilla. Y entonces el triunfo es de todos los que están en el escenario. Eso, si lo entiendes, bien. Si no, peor para ti». Michel Camilo y Tomatito pudieron domar sus caballos aparentemente incompatibles para que trotasen en la misma dirección, como han explicado, a través de la «escucha del contrario», la búsqueda de espacios, el trabajo de las armonías y la selección del repertorio. Esta ha sido la clave de la saga de discos «Spain», construir un territorio común imaginario que tendría cuatro coordenadas: Latinoamérica, el flamenco, el jazz y el cine. Han pisado cinco continentes con una ingeniosa y exitosísima mezcla. En la tercera entrega, la fórmula se ha reposado, ha alcanzado un sabor añejo en el que el lenguaje se ha hecho más sabio. Hay, como decía Tomatito, más espacios y silencios y al mismo tiempo una mayor complejidad técnica cuando los instrumentos se enlazan.

En el álbum, caben muchas películas, desde el tema central de la película «Cinema Paradiso» compuesto por Ennio Morricone, al corte principal del filme «Orfeo negro», «Manha de Carnaval», una canción que en su día ya hicieron célebre Paco de Lucía, John McLaughlin y Al Di Meola. Es inevitable hablar de Paco de Lucía: «No habrá otro como él. Yo puedo tocar bien y hay a quien le gusta cómo lo hago, pero no le llego ni a la suela del zapato. Yo ya tengo una edad para saber quién soy y no estoy a disgusto con eso. Pero hay que decirlo cuando se está hablando de un genio. No habrá otro como él, no hay herederos», señala Tomatito.




Fuente: La razon

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