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Todo para el president, por Francesc-Marc Álvaro

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Carles Puigdemont ha logrado su objetivo: ha conseguido que las listas de todas las próximas elecciones –españolas, europeas y municipales– sean fruto de su voluntad, como ya lo fue la candidatura al Parlament del 21-D con la marca Junts per Catalunya, donde son mayoría sus fieles. De este modo, el líder en el exilio controla completamente, desde ayer, el espacio posconvergente, de donde ha purgado sin manías a los que hicieron posible la moción de censura contra Rajoy, que él no quería. Su partido, la Crida, acude a las urnas por la puerta de atrás. De facto, el PDECat se ha disuelto en el artefacto y en la lógica del hombre de Waterloo, gracias a una operación donde se ha visto, nuevamente, que los cuadros convergentes –sobre todo los vinculados al mundo institucional– favorecen siempre a quien manda. También las apelaciones a los presos y exiliados han contribuido a frenar cualquier debate de fondo, en beneficio de un clima emocional donde toda discrepancia es susceptible de ser catalogada de traición.

Bonvehí y Bel se han quedado para dar sensación de calma a la parroquia y maquillar esta OPA hostil. El ultimátum del sábado desde Bélgica era inequívoco: si la dirección del PDECat no hacía lo que tocaba, Puigdemont tomaba la directa. Las primarias del PDECat no han servido de nada. Por detrás de los presos cabezas de cartel simbólicos en Barcelona, Tarragona y Lleida, las dos voces efectivas en Madrid serán Laura Borràs, del club del president Torra, y Miriam Nogueras, vicepresidenta del PDECat, del núcleo duro de Puigdemont. Ellas defenderán la estrategia de bloqueo en el Congreso de los Diputados, un discurso que –paradójicamente– no tiene nada que ver con el que, desde la prisión, hace el cabeza de lista para Madrid, Jordi Sànchez, a quien gusta “la acción política en positivo” y considera que “la mayoría del pueblo queremos soluciones y no actitudes de bloqueo”. Sànchez, presidente de la Crida, ha marcado más de una vez distancias con algunos mensajes de Puigdemont, y muestra un talante más pragmático. Por otra parte, se ha sabido que el activista no tenía ningún inconveniente en mantener a Campuzano como número dos. La cárcel, sin embargo, pone silenciador a muchas discrepancias.

Puigdemont, que será el número 1 en las europeas (no se sabe si en coalición con el PNV), ya tiene todas las cartas en la mano: presidencia de la Generalitat, partido y candidaturas, además de los cuatro presos que representan a este sector. Todo al servicio de su estrategia, que pasa por buscar un “ momentum” que permita repetir lo que se intentó el otoño del 2017. Los acólitos de Puigdemont repiten la palabra “transversalidad” pero una absorción no es lo mismo que una alianza hecha en igualdad de condiciones. Expulsar y difamar a las voces partidarias del realismo, del matiz, de la mirada larga y del hacer política reduce el perímetro de este proyecto, justamente cuando toca ampliar su base social. Veremos qué dicen los electores.


¿Los líderes del Procés son presos políticos?




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Fuente: LA Vanguardia

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