“¿Sabes que mi mamá me va a dejar morder la medalla?”, dice la pequeña Naira, cinco años, rubia, con una camiseta roja que pone: “Vamos mamá”. No para de correr de un sitio a otro, cerca de la zona del podio de Szeged, Hungría. Su mamá es Teresa Portela, 37 años. Acaba de conseguir el bronce en la final del K1-200, su 15 medalla mundial; un caso único de longevidad en una prueba tan explosiva como el 200. Acaba, además, de conseguir la clasificación para Tokio2020. Se convierte en la primera española en participar en seis Juegos. Eso significa estar más de 20 años en la elite. “Yo es que no sé, no sé lo que he hecho, no me lo creo. No me lo creo. No, soy consciente. No soy ejemplo de nada. Sólo sé una cosa: que siento que no he llegado a mi fin, que he trabajado duro”, dice Teri –así es como la llaman todos- al salir del agua. No para de temblar, ni de llorar. “Estoy aún con mucha tensión, lo siento”, se disculpa, está como en estado de shock.

“¿Podéis llamar a Daniel [Brage, su entrenador]? Llamadle, por favor, porque no sabrá ni donde tengo el chándal para ir a la ceremonia. Llamadle, por favor,”, repite con las pulsaciones a mil. En ese momento, menos de cinco minutos después de que terminara la carrera, es su única preocupación. En esas aparece David [Mascató, su marido y expalista] y sale disparada del túnel que lleva al podio. “Daviiiiiiid, Daviiiiid… siiiiiiiii”, le grita saltándole en brazos con un calor que abrasa el asfalto. Y el abrazo con él y su hija dura un minuto. Emotivo, sentido. Nadie se acerca en ese momento. David se queda con la pala de Teri mientras ella vuelve a zona mixta. Y sigue temblando y llorando a la espera de subir al podio.

“Salí enfurecida, era la única manera”, detalla. La carrera la ha ganado la neozelandesa Lisa Carrington; segunda fue la polaca Marta Walczykiewicz. Para ver quién había entrado tercera hizo falta revisar el fotofinish. Fueron momentos de nervios en la zona donde los entrenadores y el resto de piragüistas siguen las carreras, un césped con tumbonas al lado de la línea de meta. “Teri, Teri, has sido tercera, junto a la danesa, Teriiiiii”, le gritaba uno de los técnicos de la Federación mientras ella daba vueltas en el agua junto al resto de piragüistas.

«No soy un ejemplo»

“No soy un ejemplo, sólo he trabajado muy duro y sólo yo sé cuánto. En mi carrera deportiva he tenido muchísima suerte de estar rodeada de gente que me ha apoyado mucho, que me quiere, y que siempre ha estado ahí para que yo pudiera dar lo mejor de mí. Son muchos años de mucho trabajo, de mucho sacrificio, de sentir que no había tocado mi fin. He tenido años malos en los que he sentido que el puesto no me ha acompañado para lo que yo había entrenado, pero ante las adversidades se trata de aprender lo bueno y de desechar lo que no ayuda a sumar”, cuenta Portela que nació en Pontevedra, igual que David Cal. Fueron juntos al parvulario.

La de este sábado es la 15 medalla mundial de la gallega, que debutó en un Mundial absoluto en 2001; en 1999 compitió en el sub-23. Su último metal en un Mundial fue en Milán en 2015, justo después de volver a la competición tras ser madre. Naira siempre la ha acompañado. Y estos días, en el comedor del Hotel Science, a pocos kilómetros del canal olímpico, donde se aloja la expedición española, se las ve desayunar siempre juntas.

«La conciliación es un puzle»

“Es difícil conciliarlo todo, mantener todas tus facetas. Al final esto es un puzle y todo es importante. Para mi entrenador lo más importante será que yo entrene, para mi marido que esté con la familia y que entrene también porque no deja de ser mi trabajo; y para mí es todo importante y es importante conciliar, estar con mi hija”, confiesa Portela, ya con las pulsaciones bajo control después de pasar por el podio a recoger el bronce. “Lo que hace 20 años a lo mejor era lo correcto, ahora pues aunque sea diferente es lo correcto porque lo es para mí. Tengo que conciliar y para mí es muy importante estar con mi hija, tenerla cerca y que no sienta que estoy lejos. Tengo que trabajar, como cualquier otra persona, y el piragüismo es mi trabajo. Necesito mi equilibrio en todos los aspectos: en mi parte profesional, sentirme bien, a gusto y trabajar y ser ambiciosa; en mi parte familiar necesito estar con los míos, disfrutar. Ese equilibrio es lo que hace que esté fuerte y que esté bien”, prosigue

Lo que ha hecho que se cuelgue un bronce mundial con 37 años. “Una medalla que sabe mucho, porque con la edad saboreas más estas cosas”, dice Teri. “La he mordido la medalla, pero no sabe a nada”, contesta la pequeña Naira cuando se le pregunta por ese bronce. “Ella está orgullosa de mí, lo percibo y me hace feliz. Cuando conseguí la medalla en la Copa del Mundo en Duisburgo [plata a finales de mayo] me pidió dejársela porque quería llevarla al cole a enseñársela a sus compis”, desvela Portela.

No se siente un bicho raro por seguir compitiendo y sacando resultados en una distancia poco acorde, a priori, para su edad. “Sí que me lo tienen dicho todos, que con los años se pierde la velocidad, la explosividad. Serán estadísticas, será la verdad, yo lo que siento es que mi tiempo no fueron a menos, yo entreno y veo que mejoro, intento buscar cosas, cambiar técnica, ser mejor. Siento que tengo mucho por dar”, explica.

¿Cómo se hace para mantenerse en la elite durante 20 años? “No sabría decírtelo, nunca me lo propuse. Yo con 18 años cuando empecé no pensaba que fuera ir a los Juegos de Atenas, ni a los de Pekín, ni a los de Londres ni a los de Rio. No pensaba en eso, no pensaba: entreno porque en el año 2050 estaré ahí. Soy ambiciosa y necesito objetivos a corto plazo, ir a por ellos y tener siempre algo en mente por el que luchar. Desde Río no me planteaba Tokio porque es absurdo…”, responde. Pues ya tiene el pase para Tokio. Y la medalla olímpica es la única que le falta.

Por su parte, Garrote llegaba a Szeged para defender título. Se quedó en bronce, pero con el pase a los Juegos de Tokio. «Me cago en la leche… estábamos para ganar el oro», lamenta en zona mixta. Ganó el campeón olímpico en Río, Liam Heath; segundo fue el serbio Strahinja Stefanovic. La tercera medalla del día (la quinta en lo que va de Mundial) llegó de la mano de Pelayo Roza y Pedro Vázquez, plata en el K2-500.

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Fuente: El Pais

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