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Terapias alternativas: Suicidios | Ciencia


Las meras cifras erizan el vello. Las mujeres con riesgo de cáncer de mama que se ponen en manos de la medicina alternativa mueren seis veces más que las que confían en la medicina real. En el caso del cáncer de colon, solo quintuplican la probabilidad de morir. Para el cáncer de pulmón, el incremento de la frecuencia de deceso por las pseudoterapias se queda en una mera triplicación. Si a uno le dijeran que la instalación de una incineradora en su barrio duplica el riesgo de cáncer, uno se largaría de su piso sin siquiera despedirse del charcutero. Y, sin embargo, ahí tienen a toda esa gente suicidándose con las terapias alternativas sin pararse a analizar someramente la naturaleza de la mentira que les va a matar. Lee en Materia los detalles de este importante estudio de la Universidad de Yale. Y recuerda esas cifras, porque te puede ir la vida en ellas.

¿Qué se puede hacer contra esto en un mundo en el que un par de nicknames como Pipi o Chichi pueden sembrar la mentira y el fraude en la Red con mucha más fuerza que los mejores institutos científicos del mundo? El autor del estudio, el oncólogo Skyler Johnson, cree que esa es una tarea para los médicos. Deben emplear tiempo y esfuerzo, según él, en desmontar las creencias irracionales de sus pacientes; deben venderles su ciencia, su razón, sus números. En este sentido, estudios como el de Johnson son de una gran valía, y deberían multiplicarse y sumar argumentos en el futuro inmediato. De un modo u otro, todo problema importante acaba remitiendo a la educación.

Pero es obvio que la cuestión de las pseudoterapias enlaza también con un problema muy general: las noticias falsas, los enjambres que intoxican la Red con desinformaciones, la dificultad generalizada entre el público general para distinguir el grano de la paja, la verdad de la posverdad, el conocimiento de la manipulación interesada y rastrera. Quien no crea que estos asuntos son un problema político de primer nivel, atienda al menos a los datos oncológicos. Ahí ya no te juegas la ideología, sino directamente la vida.




Fuente: El país

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