No es la primera vez que lo hacen. Cuando la fortuna les sonreía menos, Sidecars recorrieron pueblos, localidades, salas y fiestas patronales para darse a conocer. «Yo no concibo este oficio de otra manera. El año pasado dimos como unos cien conciertos y este año haremos una cifra similar, pero venimos con la maquinaria tan engrasada y estamos tan contentos…», dice Juancho, guitarrista y compositor de la banda que forma junto a Dr. Gerbass, Ruly y Manu Solís. En 2019, tienen por delante 18 fechas, entre ellas, las más próximas son Almería (hoy), Ibi (Alicante, 2), Madrid (4, 11, 26 de febrero y 18 de marzo), Valencia (15), Palma (16) y Zaragoza (21).

–No parecen gente a la que le moleste tocar en directo.

–(Risas) No, después de años de pelea estamos disfrutando de que nos salgan bien las cosas y quedarnos en casa a ver cómo pasan no es nuestro estilo.

–Bien es decir poco. Hicieron cuatro Rivieras y algo grande empezaba a pasar.

–Nunca nos lo imaginamos. Teníamos la esperanza de poder malvivir de esto. Que entrara dinero y que pudiéramos tocar y no dedicarnos a otra cosa. Estamos haciendo un esfuerzo grande por disfrutarlo, porque no sabemos cuánto va a durar, pero queremos ser conscientes y esforzarnos en disfrutarlo.

–Antes de Sidecars llenaron varias Riviera grupos como Vetusta Morla y Lori Meyers, e imagino que me dirá que no tienen expectativas de llenar el Palacio, pero igual si no lo pregunto directamente…

–(Risas) Pues mira, la verdad es que el siguiente paso obligado es el Palacio de los Deportes, que no sabemos cuándo será, si con el siguiente disco o qué, pero no tiene sentido repetir como si fuéramos unos «acojonaos», entre tú y yo.

–¿Qué tal en los teatros?

–Estamos acostumbrados como público a ir a un concierto y cantar, pero menos a escuchar. Y en el teatro a la gente le da más «palo» ponerse a cantar a grito pelado y mola mucho que tu trabajo, que es tan fino y al que le dedicas muchas horas de local, se escuche. Salen emociones que no se producen en otros recintos.

–¿Y la gente deja el móvil en el bolsillo?

–Mucho más de lo que me esperaba, aunque en todos los teatros hay un mensajito que dice que se abstengan de sacarlos. La gente no lo cumple a rajatabla, pero veo menos teléfonos. Hoy en día ya sabes que es casi más importante dejar registradas las cosas que vivirlas. Creo que en un espacio así, con todo el mundo en silencio, a la gente le da más vergüenza sacarlo.

–Usted no es usuario de las redes sociales.

–No, no. Yo entiendo la importancia que tienen, no soy tonto. Sé que hay que estar ahí o, de lo contrario, desapareces. Para el grupo, vale, pero yo a nivel personal no tengo nada. Ni Facebook, ni Twitter ni Instagram y por no tener, no tengo ni Whatsapp. Vivo más tranquilo un poco aislado.

–¿No tiene Whatsapp?

–No tengo Whatsapp.

–Ejem, ¿le contactan por SMS?

–(Risas) Sí, por SMS… que la gente al principio me dice: «pero… a ver… ¿SMS?». Y sí; si tienes algo que decirme, pues un mensaje… que ahora, como nadie los usa no se sabe, pero son gratis. Y mira, no tengo grupos, no tengo movidas de chats de miles de personas escribiendo y creo que paso menos tiempo que la media con el teléfono en la mano. Y eso es salud.

–¿Cómo es la relación artística con su hermano Leiva?

–Pasamos mucho tiempo juntos y nos enseñamos todo el rato lo que escribimos, nos pasamos ideas. Viene muy bien vivir con una persona que hace lo mismo que tú y que escribe canciones y que te puede dar una visión distinta cuando hace falta. En cada disco suyo, he ido de gira con él como guitarrista.

–¿Y la humana?

–Vivimos juntos. Imagínate. Nos peleamos cada dos minutos y a los tres después se nos ha pasado. Por esa razón podemos vivir juntos y no podríamos con un colega. Porque al poco tiempo se te ha pasado.




Fuente: La razon

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