Tamara Falcó frente a frente no habla con la boca cerrada ni sesea como una niña pija. Su voz suena segura, alta y clara. Se parece más que nunca a su madre, Isabel Preysler: una piel cuidada y un maquillaje suave. Viste de negro, un traje diseñado por ella. Está feliz. Aunque han pasado ya varias semanas de su triunfo en MasterChef Celebrity todavía le dura la alegría. «Una amiga mía me dice: ‘Anda que la que has liado solo con freír un par de huevos». Pero Tamara sabe que su triunfo no ha sido solo el logrado en un concurso televisivo. Se ha ganado a la calle. «La gente ahora me para. Me felicitan y me dicen que no pensaban que fuera así». Y es que sabía la imagen que proyectaba: «Hay gente que pensaba que era pija y tonta pero me daba igual”. Pero Tamara Falcó no tiene un pelo de tonta.

Cuando decidió entrar en el concurso de Televisión Española además de hacerlo porque era una buena oportunidad de trabajo pensó que tenía la posibilidad de darse a conocer de otra manera: «Sé la imagen que muchos tenían de mí. Tantas horas de televisión permiten que se te conozca más. Creo que lo he conseguido». El camino no ha sido fácil. «Durante todo el concurso conté con la ayuda de un coach. Nadie se imagina lo duro y exigente que es el concurso. A veces, cuando estaba agotada, me preguntaba: ¿qué hago aquí?». Pero la constancia es una virtud de Tamara Falcó, de 38 años, que en ocasiones se convierte en cabezonería.

Como no es tonta quiere aprovechar el tsunami que vive. La llaman más que nunca para eventos y recibe a este periódico en uno de la ginebra Tanqueray. Se mueve entre estilistas, maquilladores y cámaras con comodidad. Vive la fama como algo cotidiano. La conoce desde niña: «Siempre he tenido un fotógrafo cerca». No le molesta. «Solo cuando dicen algo de mí que no es cierto o tergiversan algo», admite.

Isabel Preysler, Tamara Falcó, Mario Vargas Llosa y Xandra Falcó, tras la final de ‘MasterChef Celebrity’.

Estos días acapara más portadas que su madre, la reina del papel cuché, y muchos ven en ella a su sucesora. «Lo de mami es imposible de conseguir. Ella tiene una fama mundial». Se nota que está muy unida a ella, que es su referente.

– ¿A quién quiere más, a papá o a mamá?

– A los dos. Mi padre —Carlos Falcó, marqués de Griñón— ha estado en todos mis momentos importantes pero yo he vivido siempre con mi madre.

Tamara Falcó se independizó, pero duró poco en su piso de soltera. Regresó pronto a Miraflores, la casa familiar de la urbanización madrileña de Puerta de Hierro. Allí convive, además de con su madre, con su abuela y con el escritor y pareja de Isabel Preysler, Mario Vargas Llosa. «He tenido mucha suerte con todas las parejas de mi madre. Tío Julio [Iglesias] siempre cuenta conmigo y me dice que por poco no soy hija suya; con tío Miguel [Boyer] he crecido, él me educó. Ahora con Mario todo es muy fácil. Es tan inteligente. Me gusta hablar con él de política internacional. El otro día me estuvo explicando lo que sucede en Bolivia. La de España la sigo, aunque a veces es difícil entender algunas cosas». Todavía no ha leído el último libro de Vargas Llosa, Tiempos recios. Tiene otro entre manos. «Me ha dicho que si lo leo me lo regala. Y le he respondido: ¿Y si no, lo tengo que pagar?».

Tamara Falcó junto a dos de sus hermanos, Enrique Iglesias y Ana Boyer, y la pareja de esta última, el tenista Fernando Verdasco, tras el concierto de Enrique en Madrid, a principios de diciembre.
Tamara Falcó junto a dos de sus hermanos, Enrique Iglesias y Ana Boyer, y la pareja de esta última, el tenista Fernando Verdasco, tras el concierto de Enrique en Madrid, a principios de diciembre. INSTAGRAM

Estudió Ciencias de la Información pero dice que lo suyo es la moda. Quiere seguir diseñando pero sin olvidar los fogones. «Alessandro Michele, director creativo de Gucci, es skater, por ejemplo. Yo puedo ser diseñadora y chef». Cree que no está en condiciones de abrir un restaurante, ni tan siquiera asociarse con nadie. Pero ha pensado algo: «Quiero lanzar unos vídeos de recetas de cocina sana. Algo que ayude a la gente».

Hace un par de años, Tamara Falcó engordó por un problema de tiroides. Su aumento de peso ocupó portadas.

-¿No es excesivo el culto al cuerpo que impera en estos tiempos?

– Claro que sí. Todos se fijaban en mis kilos de más pero yo no estaba gorda, estaba enferma. Ahora como más que nunca pero como sano con ayuda de mi nutricionista. Cuanto mejor comes mejor te encuentras. Ahí están las Kardashian, que no son mi estilo, pero olé, se atreven con todo con las curvas que tienen.

-La gente está empeñada en buscarle pareja. ¿No le resulta incómodo?

-La vida es mejor compartida pero soy de esas personas que no he tenido suerte. También creo que estar con alguien por estar con alguien no es lo que quiero. A los hombres también les pasa a cierta edad: si ese no se ha casado algo tiene que tener, se suele decir. Nos pasa a las chicas pero a ellos también.

– ¿Qué piensa del feminismo?

-Si el feminismo es igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, soy feminista. Pero no creo que los hombres sean inferiores. En algunos deportes, por ejemplo, estamos en desventaja pero no por ello somos inferiores nosotras, ellos tienen unos atributos y nosotras, otros.

-¿Ha seguido el movimiento MeToo?

– Si es verdad que hay tantas violaciones, tantos acosos como se han denunciado es un espanto. Si hay gente que está jugando con este tema me parece un horror.

Otra prueba de que no tiene un pelo de tonta es que está viendo cómo gestionar esta creciente fama y el dinero que está generando. «Tengo a mi hermana Ana, que es muy buena con los números, para que me ayude».




Fuente: El Pais

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