Aunque se elaboró con la mejor de las intenciones, la ley antitabaco que aprobó el PSOE en los tiempos en los que José Martínez Olmos era secretario general de Sanidad no ha terminado de funcionar. Años después del veto total al consumo de este producto en los lugares públicos cerrados, el número de adictos no sólo no ha mermado en España sino que, como bien sabe el Ministerio, ha experimentado un aumento más que preocupante. Las razones son variadas, pero se confirma que la política de prohibiciones no ayuda a la cesación tabáquica por sí sola si no va acompañada de medidas educativas y fiscales que encarezcan el precio de los cigarrillos, así como de ayudas a los consumidores a dejar su hábito. Consciente de ello, el Ministerio que hoy dirige María Luisa Carcedo ha optado por financiar una de las posibles terapias para dejar de fumar, la vareniclina, siguiendo así la estela de Navarra, en donde el acceso gratuito de los adictos a este fármaco ha demostrado cierta efectividad. El grave problema de Salud Pública que causa el tabaco, vinculado a más de 60.000 muertes anuales, ha llevado a Sanidad a protagonizar un giro en el que el peso de los neumólogos y del resto de la comunidad médica ha tenido gran influencia: no se trata de disminuir supuestamente un daño, sino de cortarlo de raíz con los medios que han demostrado empíricamente su eficacia en el largo plazo. Esa es la filosofía de Carcedo.




Fuente: La Razón

A %d blogueros les gusta esto: