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«El único cosmético que cuenta con el apoyo casi unánime de los expertos en piel es el solar». Esta afirmación, una de las pocas certezas que tenía en lo que a cremas se refiere, fruto de decenas de entrevistas a dermatólogos e investigadores a lo largo de muchos años, se tambaleaba de nuevo (no hay temporada que no surja alguna intriga en la categoría) desde hace apenas dos meses.

Estos cosméticos son solo una parte de la protección contra la radiación ultravioleta y, para un amplio sector de la profesión, ni siquiera es la prioritaria (aunque ciertamente útil): «Muchos dermatólogos decimos que hay que ponerse crema, pero insistimos en la protección física: sombreros, gafas, ropa, estar a la sombra… Esa es la mejor fotoprotección», confirmaba Ricardo Ruiz, director de la Clínica Dermatológica Internacional (CDI). También, que la recomendación general oficial del «sí, para todos, todos los días», diseñada para los fototipos de piel y hábitos de estilo de vida de los españoles, tenía matices.

El fin (prevenir cáncer, alergias y envejecimiento) justifica los medios (embadurnarse con generosidad de un cosmético relativamente asequible): «No hay ninguna duda de que los beneficios superan, con mucho, sus potenciales efectos negativos sobre la misma piel o el medioambiente«, adelanta Montserrat Salleras i Redonnet, jefa del servicio de Dermatología del Hospital Universitari Sagrat Cor, en Barcelona. Sin embargo, en el verano de 2019, ante la insistencia de muchas marcas para que los utilizáramos incluso trabajando hasta el anochecer («el sol está en todas partes»), no eran pocos los especialistas que añadían una coletilla obvia pero necesaria: siempre que te expongas a los rayos en una combinación de nivel de radiación y tiempo que pueda acabar en eritema. Es decir, cuando se va a estar al sol lo suficiente como para quemarse (y una vez se hayan cubierto las necesidades diarias de vitamina D, ojo).

Lo que hace ya cierto tiempo no se ponía en duda (entre la gente seria) era la seguridad de sus ingredientes —aunque siempre están bajo vigilancia—. La autoridad sanitaria europea (EFSA, por sus siglas en inglés), encargada de certificar la inocuidad de los cosméticos, es la más dura del mundo: todo lo que se incluye en una crema, perfume o producto de higiene personal que se venda dentro de nuestras fronteras (por los canales oficiales) es seguro. Pero un nuevo estudio publicado en la revista JAMA recientemente —así de celosa es la ciencia con la actualización de la verdad—, ha reactivado antiguas sospechas en la comunidad científica y las reticencias de Ruiz, entre otros, a su uso generalizado de fotoprotectores sin precaución ninguna: «Va a traer cola… Sabíamos que sus componentes se absorben y que pueden llegar a la sangre. Pero en esta nueva investigación se ve que los niveles son altos y requieren estudios toxicológicos», advertía.

Este verano seguiremos encontrándolos en muchas cremas, pero también llegarán activos nuevos. Otros desaparecerán. En su afán de responder a nuestras necesidades y caprichos, los laboratorios han vuelto a reformular. Veamos a qué vienen los vaivenes de ingredientes de la temporada 2020.

Ingredientes que se quedan

Por ahora. La composición de los solares ha variado mucho a lo largo de los años, sobre todo en lo referente a filtros. Los de la nueva polémica son siete y así aparecen en las etiquetas: avobenzona, oxibenzona, octocrileno, ecamsule, homosalato, octisalato y octinoxato. «Todos ellos autorizados por la CE», recuerda Yolanda Gilaberte, vicepresidenta de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). «Aplicándolos en la dosis óptima de 2mg/cm2 [cantidad que se utiliza para calcular el índice de protección], se absorben y alcanzan niveles en sangre superiores a los recomendados. Pero debe tenerse en cuenta que casi todo el mundo emplea una dosis muy inferior», reflexiona Ángel Pizarro, jefe de la unidad de Prevención y Diagnóstico Precoz de Melanoma de CDI, quien insiste en la prudencia a la hora de interpretar la noticia: «No hay que considerarlos productos peligrosos que debamos de dejar de usar. Hay que hacer más estudios. Todo lo que comemos y bebemos, y bastante de lo que nos ponemos sobre la piel, se absorbe en mayor o menor medida, se metaboliza y finalmente se elimina por el hígado o la orina. El problema no es si esto ocurre o no, sino si, al hacerlo, puede generar algún tipo de toxicidad clínicamente relevante. Con las fórmulas actuales, a las dosis que empleamos, no hay evidencia de que sea así, aunque tampoco es completamente descartable». Según los estadistas, en España nos extendemos solo un tercio de lo recomendado y ni siquiera lo hacemos por todo el cuerpo.

Entre estos 7 Jinetes del Apocalipsis (léase con retintín), se encuentra un viejo conocido: la oxibenzona, protagonista de anteriores tramas de terror en los medios. Salleras i Redonnet, recuerda: «Ya se sabía que este componente, presente en el 70% de los protectores clásicos, podía tener una toxicidad en ratones, pero se calculó que para que un ser humano llegara a aplicarse esa dosis tóxica se requerían entre 34 y 277 años de aplicación diaria… totalmente irreal. […] Es muy utilizada en EE UU, pero, afortunadamente, está cada vez menos presente en nuestros fotoprotectores».

¿Qué función tienen? ¿Serían una gran pérdida si los eliminaran…? Todos ellos son compuestos que reaccionan contra el sol: «Reflejan, absorben o dispersan los fotones de alguna región ultravioleta evitando su penetración en la piel e impidiendo el daño asociado. También hay unos cuantos que se utilizan para dar estabilidad a otros y, algunos, como fotoestabilizadores en plásticos», explica Gilaberte. Eso significa que probablemente los tengamos en varios de los botes que viven en nuestro estante de belleza: no son pocas las cremas que llevan algo de SPF. «Están hasta en los perfumes», anota Salleras i Redonnet.

Ingredientes que se van

Los solares son complejos de formular y, a pesar de ello, la industria se afana en eliminar componentes: por dar respuesta a los fans de lo «sin», para aligerar el equipaje o por ayudarnos a sentirnos más amigables con el planeta.

Comenzaremos por esto último. Por un lado, se nos pide que reapliquemos los filtros cada dos horas porque se degradan y desaparecen y, por otro, la mayoría de las fórmulas se construyen para que resistan al agua, al roce de la arena, al sudor… ¿Cómo es posible que haya ingredientes que sigan llegando al océano en cantidad suficiente como para que podamos medir y asegurar que son los culpables de daños al ecosistema marino? Con todo lo que, tristemente, hay en el mar… Resulta que los tiros no van por ahí: «Hace un par de años, la FDA [autoridad sanitaria americana] financió un estudio para medir la absorción sistémica —interna– de los protectores solares tras su aplicación en la piel. Midió cuatro cremas, las más usadas y que contenían los filtros también más comunes: avobenzona, oxibenzona, ecamsule y octocrileno. De estos cuatro, comprobaron que la oxibenzona es la que se encontraba mayormente en sangre y, por tanto, la que puede llegar a las aguas residuales, aunque es difícil cuantificar su inocuidad o daño biológico, se requerirán estudios más complejos», aclara Salleras i Redonnet, también miembro de la AEDV. Y añade: «Además, el posible daño a los arrecifes de coral no ha sido confirmado, pues no coinciden lugares de mayor daño con los de mayor presencia de bañistas que usen fotoprotectores; es posible que se deba más a un aumento de la temperatura de los océanos…».

Laboratorios como los que formulan la marca Ladival están muy orgullosos de sus fórmulas «sin»: «La nuestra está pensada para ser respetuosa con la piel, para lo que hemos eliminado ingredientes fotocatalíticos —que pueden reaccionar con la luz, produciendo radicales libres—, como los hidroxilos o los peróxidos, que desembocarían en reacciones de peroxidación lipídica del estrato córneo», aseguran, «o los polietilenglicoles, unos compuestos con múltiples usos —uno de ellos, como emulsionante para estabilizar mezclas—, que se ha demostrado que pueden provocar reacciones de fotosensibilidad, es el caso del conocido como acné de Mallorca». Su lista de expulsados no acaba ahí: ni parabenos ni perfumes ni conservantes ni filtros polémicos ni siliconas… «Prescindibles o reemplazables».

Además de los que se quedan y los que desaparecen de nuestros fotoprotectores, hay marcas que añaden nuevos tipos de protección a sus cremas y algunos ingredientes permanecen en un limbo ante la falta de evidencia científica sobre su eficacia. Te lo contamos todo en el nuevo número de BUENAVIDA, descargable gratis en pdf en este enlace.

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Fuente: El país

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