Desde que el rock empezó a andar en los años cincuenta, el género ha creado un buen montón de héroes de la guitarra eléctrica; el instrumento que mejor lo define. La nómina de estrellas fue aumentando hasta la llegada en los noventa del rock alternativo y de la música electrónica, dos estilos que han acabado relegando a un segundo plano a las figuras clásicas de las seis cuerdas. Saul Hudson, más conocido como Slash, podría ser catalogado como el último gran guitarrista de rock en activo con proyección mediática, y forma parte de una estirpe selecta que se forjó mirando a los grandes nombres de los sesenta y setenta: Duane Allman, de The Allman Brothers Band, Jimmy Page, de Led Zeppelin, Joe Perry, de Aerosmith y Angus Young, de AC/DC. El músico, nacido en Londres y criado en Los Angeles, tuvo la suerte de brillar antes y después del auge del grunge gracias a ser una de las fuerzas creativas de Guns N’ Roses, y ahora ejerce como símbolo de resistencia de la escena del rock duro estadounidense de los ochenta, una de las más excesivas de la historia y que hoy, salvo algunas excepciones, es pasto de la nostalgia más inofensiva. Es el último pistolero de un salvaje Oeste que ya no existe.

Slash recuerda en su autobiografía, disponible en castellano gracias a Es Pop Ediciones, el momento en que descubrió que su vocación iba a ser la guitarra. Se trata de una de esas experiencias, actualmente casi imposibles, en la que un disco te cambia la vida. «Mi gran despertar sucedió cuando tenía catorce años. Llevaba tiempo persiguiendo a una chica mayor, y finalmente me dejó ir a su casa. Tendido en el suelo y después de fumar unos porros escuché “Rocks”, de Aerosmith, y me golpeó como una tonelada de ladrillos. Estuve sentado escuchando el disco una y otra vez y la chica se acabó cansando de mí. Después fui a casa de mi abuela en bicicleta y supe que mi vida había cambiado. Por fin me podía sentir identificado con algo». En esta crónica están presentes los dos elementos que han forjado la leyenda del guitarrista de Guns N’ Roses: las drogas y el rock and roll. Dos aspectos que también le llevaron al borde del precipicio: la relación destructiva que estableció con Axl Rose y una adicción a las drogas que le dejó como herencia una cardiomiopatía. Slash, ya en paz con su pasado, se ríe en sus memorias de esos años locos: «Un efecto secundario maravilloso de los pantalones de cuero es que da igual que te mees en ellos, lo disimulan mejor que los tejanos».

Trascender la realidad

El sombrero de copa de Slash y su Gibson Les Paul ’59 customizada no solo se han paseado por los discos de Guns N’Roses. Los riffs musculosos y sucios tan característicos que escupe su guitarra también tomaron forma en su primer proyecto en solitario, Slash’s Snakepit, y en la súper banda que puso en marcha a principios de la década pasada, unos Velvet Revolver con los que consiguió un impacto que le volvió a colocar en lo más alto del estrellato. Esos dos proyectos le permitieron seguir tocando en directo cuando Axl Rose enloqueció y decidió seguir la historia de Guns N’Roses con otros músicos hasta la reconciliación de 2016.

El guitarrista británico es un animal de escena, y así lo explica en su autobiografía: «Estaba fascinado por todo lo que rodeaba al hecho de tocar en directo, y todavía lo sigo estando. Para mí es emocionante ver un escenario lleno de instrumentos a la espera de una banda. Ver una guitarra todavía me excita. Hay algo maravilloso y no reconocido que une esas dos cosas: tienen la capacidad de trascender la realidad si eliges bien a los jugadores».

Desde 2012 Slash comparte su carrera con Myles Kennedy & The Conspirators, una banda con la que ha grabado tres discos de estudio. El último, «Living the Dream», lo estarán presentando el 12 de marzo en Barcelona (Sant Jordi Club) y el 13 en Madrid (Wizink Center Ring). Es uno de los trabajos más destacados de su producción reciente, un puñado de canciones con sabor añejo donde las melodías del rock clásico colisionan con unos solos de guitarra que recuperan la fuerza bruta de los primeros Motörhead. En la gira actual apenas aborda temas de Guns N’Roses, y el repertorio se centra en un cancionero propio que, con el paso de los años, está adquiriendo prestigio entre la crítica y respeto entre sus aficionados. El Slash de 2019 está en plena forma. Tirando de tópicos, hay Saul Hudson para rato.




Fuente: La razon

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