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Sinfónica, 2-Damrau, 1


Obras: Meyerbeer, Rossini, Herold, Wagner, etc. Soprano: Diana Damrau. Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real. Francesco Ivan Ciampa, dirección. Teatro Real. Madrd, 27-V- 2017

El ciclo «Las voces del Real» ha tenido esta temporada un buen ramillete de artistas que será superado en la próxima. Diana Damrau ha conseguido algo que se echaba en falta en el teatro, que es vender todas las localidades y que sus compradores ocupen sus asientos. Se notó hasta en las larguísimas colas en la Plaza de Oriente para poder acceder al teatro bajo un calor inclemente y un Madrid colapsado por sindicalistas, republicanos y tifosos del Barcelona y Avilés. Un caos. Todos salimos contentos de haber escuchado a una gran cantante, pero un punto decepcionados con un programa en el que las páginas orquestales coparon muchos más minutos que las canoras. La Sinfónica ganó a Damrau por dos a uno en el golaveraje de la cantidad. Obviamente no en el de la calidad. La soprano alemana realiza una gira de unos diez conciertos en poco más de veinte días. El día entre dos funciones viaja de un sitio a otro y ensaya en las mañanas de sus conciertos. Bastante agotador. Puede hacerlo porque su director acompañante es el mismo con el que ha grabado el disco que incluye el repertorio de la gira. Quiere hacerlo, porque cobrando a taquilla, le supone unos ingresos que casi rondarán el medio millón de euros. Pero, claro, hay que dosificarse, cantar no mucho y llenar el programa de oberturas: «Semiramide», «Zampa», «Rienzi», «La Africana» o esa larguísima y banal de «Dinorah» que provocó que a su final un espectador clamase «¡Ya era hora!». Y, además, por muchos esfuerzos que hiciera la orquesta, con tan poco ensayo no pueden lograse lecturas «inolvidables» sino «aseadas».

El programa llevó por título «Meyerbeer y su tiempo», pero aparte del berlinés sólo hubo tres coetáneos –Rossini, Hérold y Wagner– y por tanto nada de Bellini, Donizetti, etc, que también convivían en aquel tiempo. Damrau cantó poco, pero muy bien, especialmente «Au beau pays de la Touraine» de «Los hugonotes» y la propina. Además tiene muchas tablas y logró, bailándola, que «Ombre lègere» de «Dinorah» fuese más que una página de concursos vocales e incluso disimular algún defecto que ya empieza a apuntar ligeramente, aunque ella sigue conservando sus virtudes principales. Son éstas la gran extensión, el caudal, la claridad del instrumento, el vibrato nunca molesto sino comunicativo, la afinación, el legato, la facilidad en la pirotecnia ligera que, combinada con una corporeidad en centro y graves la hacen una de las primeras cantantes en el escalafón de su cuerda, una especie de Gruberova joven. En fin, que nos quedamos con ganas de escuchar más y así se la pidió pero, claro, había de reservarse para pasado mañana donde toque.




Fuente: La razon

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