Hace algunos años, han proliferado enormemente lo que llamamos pacientes vegetativos o pacientes comatosos. Son pacientes, de hecho, hay una película de Almodóvar, ‘Hable con ella’, que para mí también es una manera exquisita de relacionarse con esta idea en la cual hay una persona que tiene un habitáculo mental que es un signo de pregunta. Uno no sabe si esa persona… ¿qué siente? ¿Qué imagina? ¿Qué padece? Es una situación, por supuesto, muy angustiante porque es una situación en la cual desconocemos algo que para nosotros es fundamental, que es poder saber qué sucede en el habitáculo mental del otro. Bueno, yo les contaba que nosotros tenemos esta herramienta que nos permite detectar actividad cerebral. Con esta herramienta, por ejemplo, yo podría pedirle a cualquiera de ustedes, cualquiera de vosotros, a mí mismo, a cualquier persona, que imagine distintas cosas. Por ejemplo, cerrar los ojos e imaginar que camino por mi casa, que navego por la ciudad, puedo imaginar el camino que hice para venir desde mi casa hasta aquí o el que hago para ir de mi casa a la casa de mi abuela, o a la casa de mi tía. Cuando hago esto se activarán unas partes del cerebro que tienen que ver con la navegación, con los mapas espaciales. También puedo, por ejemplo, imaginar otra cosa como, por ejemplo, imaginar que estoy haciendo un deporte. Cierro los ojos y juego al fútbol, o juego al tenis, o al balonmano, o al deporte que… o que bailo, pero muevo el cuerpo. Y ahí se activan otras neuronas, que son las neuronas que coordinan el movimiento del cuerpo. Esto en sí ya es interesante, cuando imaginamos movimiento se activan las mismas neuronas que, de hecho, hacen que nos movamos. No hace falta moverse para activar la corteza motora del cerebro, basta con imaginar el movimiento. Entonces, con esto tenemos un decodificador, yo puedo, entre comillas, leer la mente de la otra persona viendo su actividad cerebral.
11:47 Puedo, por ejemplo, saber si es que están imaginando que caminan por su casa, o si es que están imaginando que juegan al tenis. Por supuesto, hay una manera más sencilla de saber eso que es preguntarle a la otra persona: “Dime en qué estás pensando”. La otra persona me lo cuenta y, a lo mejor, no hacen falta tres millones de euros para algo que, en el fondo, parece tan poco sofisticado como saber si el otro piensa algo u otra cosa. Pero ahora volvamos a los pacientes vegetativos, le podemos preguntar cosas, pero no nos responden. Y la falta de respuesta nos hace presumir que, en realidad, no nos escuchan, que no piensan, que no imaginan. Pero, ¿qué tal si sí lo hacen? ¿Y si en realidad lo que pasa es que por alguna otra razón no pueden expresar ese conocimiento que tienen? Bueno, ahora tenemos una herramienta. Yo puedo decirle: “Mira, imagina que juegas al tenis”. “Imagina que caminas por tu casa”. Y si se activan las regiones del cerebro, las regiones del movimiento corporal cuando imagina que juega al tenis, y las regiones de navegación cuando imagina que camina por su casa, entonces, yo puedo presumir, puedo asumir, es la mejor hipótesis que puedo hacer, que la otra persona me está escuchando, que está entendiendo, que puede pensar, que puede imaginar, pero que no me lo puedo expresar, no me lo puede comunicar. Y si tengo esto, y ahí el científico en un momento se convierte en ingeniero, uno puede decir: “Bueno, tengo un protocolo de comunicación muy, muy sencillo, muy rudimentario”, pero puedo decirte: “Mira, cuando me quieras decir que sí, imagina que juegas al tenis; cuando me quieras decir que no, imagina que caminas por tu casa”. Entonces, me gustaría presentarles este ejemplo porque yo creo que refleja lo que para mí es la esencia de, por lo menos, por qué a mí me interesa hacer esta ciencia. Que es que yo pienso que nosotros, en última instancia, estamos todo el tiempo intentando comunicarnos. Intentando entender al otro.
13:32 Entonces, la neurociencia a mí me gusta pensarla, de vuelta es una de las maneras de pensarla, como una herramienta. Así como el telescopio nos permitía entendernos mejor con el universo en el cual estamos, entender que en el fondo somos un pequeño planeta, en un pequeño sistema solar, en una pequeña galaxia en el medio de la nada, pensar que la neurociencia también nos permite, de alguna manera, salir de esa pequeña esfera que nosotros nos construimos cuando vivimos siempre dentro de nuestro propio pensamiento para, quizás, ojalá, relacionarnos y comunicarnos mejor con nosotros. Y esto me lleva a lo que un poquito nos trae aquí, que es la idea de la educación, que es: ¿acaso no hay ninguna empresa, no hay no hay ningún emprendimiento humano que sea más relevante en el tratar de entendernos, en el tratar de entender al otro, que la educación? Piénsenlo, en realidad nosotros estamos acostumbrados a que haya escuela, que haya colegio, es algo que pasa en casi todos los lugares del mundo. En maneras, con ciertas diferencias, pero con enormes similitudes. Es un enorme experimento colectivo. Quizás, es el experimento colectivo más grande que hayamos hecho los seres humanos en la historia de nuestra vida. Hemos dicho: “¿Qué tal si empezamos la vida de esta manera?”. Entonces, lo que yo propongo, a lo que les invito, es que entre las miles de ventanas abiertas, desde la pedagogía, desde la política, la filosofía, la sociología, desde las ciencias de la educación, pensar una pequeña ventanita para pensar la educación, que es desde la ciencia que estudia el órgano que, en última instancia aprende, que es el cerebro. Reflexionar cómo todo lo que hemos aprendido del cerebro puede, quizás, ayudarnos a entender un poco cómo mejorar la educación.




Fuente: El Pais

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