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«Si mi disco de oro tuviera quilates lo habría vendido»


Pidió perdón por no haber escuchado sus ruegos, por las lágrimas que hablan de él, por sus noches a solas… «de la única forma que sé». Pidió que le devolvieran la vida. Su tema dio la vuelta al mundo y resucitó una voz rasgada, inconfundible, sensible e irresistible que le ha permitido lograr un disco de oro sin quilates que brilla en la carrera de un artista de bandera que ahora ha reeditado su álbum «Destino». Entre el material adicional destaca un documental sobre su último año.

–¿Tiene Antonio Orozco un destino?

–No soy muy creyente en ese sentido. Somos dueños y propietarios de nuestro destino, que varía y se altera según van pasando las horas. Yo, cuanto más trabajo, más suerte tengo.

–¿Todo lo que sucede conviene?

–Desde luego. A veces parece que vienen cruzadas y luego como que tienen sentido. Las cosas de la vida…

–Usted es dueño de su destino, pero no de su origen.

–Mis padres vienen de Sevilla y yo, de Hospitalet (Barcelona). No tengo muy claro hacia dónde voy, pero sí de dónde vengo. Soy una persona bastante humilde.

–Y sensible…

–Creo que sí. Pero no soy el adecuado para juzgarlo.

–¿Qué le hace daño?

–Lo mismo que a ti. La desconfianza, la mentira, la distancia, el olvido…

–También es un poco kamikaze…

–Absolutamente. Ser tan visceral me ha hecho tener algunos desencuentros. No suelo pensar mucho las cosas. Si no hubiese sido así no me hubiera dedicado a la música.

–Por pedir, ¿qué pediría?

–Salud para los míos.

–Mírese. ¿A quién ve?

–En ocasiones a mi padre, a Xavi, a mi gente… Otras veces son a quienes me gustaría ver.

–¿Hay diferencias entre este Antonio Orozco y el que se sube a los escenarios?

–No cambio de ropa ni de nombre. No me disfrazo, ni me maquillo. Soy la misma persona.

–Dicen que usted mola.

–¿En serio? (risas) Siento que está pasando algo molón en mi vida. Pero si molo o no te lo dejo a ti.

–¿Sigue teniendo tantas dudas como al principio?

–Todos los días tengo muchas dudas, muchas emociones contrariadas. Ésa es mi forma de vivir. Preguntándome el porqué de las cosas me moriré. Me interesan las preguntas estúpidas que a priori no le importan a nadie.

–¿Y de ahí le salen las canciones?

–Sí. Soy una mente bastante inquieta. Paso mucho tiempo buscando soluciones a problemas que, a veces, no tienen sentido. Pero, en contra de lo que se suele decir, no escribo canciones al vuelo. No es que me siente y me inspiren las musas. A la hora de componer soy bastante metódico. De hecho, es para lo único que guardo unas pautas. Cuando pasas tantas horas divagando sobre las mismas ideas, tocando y tocando, al final todo fluye. El único secreto es currar.

–Recientemente confesó que llegó a perderlo todo dos veces en la vida. Y aquí está…

–Nunca había hablado de este tema y no me gusta hacer demagogia, porque mucha gente ha pasado por la misma situación. Seguir adelante está en el ADN de cada uno. Estos problemas son mucho más comunes de lo que nos gustaría. Lo único que hice fue agudizar mi ingenio. Hay que creer en uno mismo para encontrar soluciones y no dejar que nadie construya por ti nada.

–¿Su voz tiene vida propia?

–No sabría decirte, pero es verdad que después de muchos años se reconoce.

–¿Qué dice de usted?

–Habla de trasnochadas, de emoción y pasión, pero no es la voz de los sueños. Me falta mucho por aprender.

–¿Cuántos quilates tiene su disco de oro?

–Si tuviera muchos ya lo hubiésemos vendido (risas).

–¿A quién ha devuelto la vida?

–No lo sé. Sólo trato de hacer feliz diariamente a quienes me rodean. Pero no siempre lo consigo.

–¿Se puede querer a escondidas?

–Sí. Pobre de aquel que no se enamore cada día, porque estará perdido.

–¿Si usted no fuera famoso…?

–No me paso la vida en fiestas ni en cosas de esas raras. Tengo unas relaciones y unos amigos muy normales. Mis canciones son más reconocidas que yo, lo que me enorgullece.

–¿Le ha dado la espalda al tiempo?

–No, al contrario. Le doy la cara todo el rato. El juego más divertido y complicado que tenemos a diario es ganarle tiempo al tiempo.

–¿Qué le asusta?

–No soy muy asustadizo. Pero quizá la falta de control sobre lo que pasa. Soy bastante previsor.

–¿Y divertido?

–Todo me divierte. Me río más de mí mismo que de cualquier otra cosa. (Tararea) «Mira si estamos contentos, mira si estamos contentos, que el pitito de la olla express no se para ni un momento».

–¿Qué quiere un barcelonés como usted en un país como éste?

–(Risas) Un país como éste en una Barcelona como la mía. Lo de la independencia es una manera de desviar la atención para que no hablemos de lo que se han llevado los ladrones.




Fuente: La razon

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