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«Si hubiese pillado los 80, a lo mejor no seguía vivo»

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Su cabellera rizada, voluminosa y alborotada le caracteriza más que cualquier bandera o etiqueta musical. He aquí un artista que entremezcla el pop, el rock y el pop latino para dotar a sus canciones de un sabor añejo con aire fresco. «Antes de que esté prohibido» fue el título de su primer álbum. Y «Cicatriz» el de su último single, para cuyo lanzamiento ha creado una ruta interactiva por Madrid. La #RutaCicatriz es un recorrido por 10 locales del centro de la capital que forman parte del proceso de creación de una canción que se integra en un disco, «Corriente», que verá la luz este mes. Isma Romero es un vividor que no cree en las expectativas, sino en los sueños. Un joven que piensa que somos lo que vivimos y al que el dinero le da lo mismo.

–¿Tiene muchas cicatrices?

–Sí, y espero que gracias a ellas haya evolucionado lo suficiente.

–Antes han sido heridas y han sangrado. ¿Duelen?

–Son recuerdos. Dejan de doler cuando se aceptan para decidir seguir avanzando.

–¿Y a usted qué le deja cicatrices?

–Todo lo que vivo, cada momento. Las cicatrices las provocan las expectativas que nos creamos frente a la vida y que, en realidad, no valen para nada. Lo que mola es soñar. La expectativa es una meta que se crea, que no existe y que cuando no se logra se convierte en una cicatriz. Pero es que lo que se esperaba tampoco existe. Al final, uno se da cuenta de que la vida no es lo que se elige sino lo que se va viviendo.

–¿A quién se la canta?

–A la gente, a todo el mundo, también a ti (risas). Todos somos humanos y todos tenemos cicatrices.

–¿Qué le llevó a escribirla?

–El sentir el paso de los años y el darme cuenta de lo bonito que es el amor, ahora que lo tengo con mi chica, después de muchos años de noviazgo.

–¿Las cicatrices son regalos?

–Por supuesto. Son regalos que nos enseñan a vivir.

–¿Es usted una persona corriente?

–Soy muy natural. Me considero una persona que ha luchado y lucha por sus sueños y a la que le gusta disfrutar de la vida y fluir con lo que venga. Si eso es ser corriente, pues sí. Porque quizá la persona corriente es la que fluye.

–¿Sabe quién sería si no fuera quien es?

–El mismo. Somos lo que vivimos.

–¿Qué echa de menos de su anterior vida?

–Tengo la misma ilusión que cuando cogí la guitarra por primera vez. Quiero seguir aprendiendo con el espíritu de disfrutar de cada momento, que es lo que me lleva adelante. Cada día somos distintos. Y gracias a eso evolucionamos.

–¿Nadie le llama Ismael?

–Mis padres y mi novia, cuando se enfada.

–A los 10 años empezó a tocar la guitarra y a los 15 realizó sus primeras composiciones. Ahora tiene 26. ¿Qué pasará a los 30?

–La verdad, como dice Buda, no lo sé. Pero no siento la edad que tengo. A veces pienso: joder, me han venido cinco de golpe. En cualquier caso, nunca tenemos la edad que tenemos, sino las experiencias que hemos vivido en esos años.

–¿Le hubiera gustado vivir en otra época?

–Me ha tocado ésta y está de puta madre. Si hubiera nacido 20 años antes y hubiese pillado un poco de los 80, a lo mejor no seguiría vivo.

–¿Le da miedo la fama?

–Como no la conozco, no lo sé.

–¿Y el dinero?

–El dinero me la suda. Hemos inventado esta sociedad para vivir con una moneda y un billete con los que pagar nuestras cosas. Si no existieran, no habría tanto ego. Para mí, el éxito es tener una casa en la montaña con mis perros, mi chica y mi estudio para luego poder salir de gira.




Fuente: La razon